UNA MUJER EN BIRKENAU: HIGIENE EN UN BARRACÓN DE 1942

Posted on 5 octubre, 2013

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Campo de mujeres de Birkenau en mayo de 1944Una imagen de un barracón en 1942: en la profundidad de unas madrigueras oscuras, a la luz tenue de unas velas encendidas aquí y allá, se ven unas figuras desnudas, escuálidas, encorvadas y lívidas de frío, agachadas sobre montañas de harapos sucios. Tienen la cabeza afeitada y hundida entre los hombros, sus manos delgadas se afanan en atrapar piojos y matarlos con cuidado en el borde del coy. Su ropa interior está sucia. Carecen de agua para lavarla y se tienen que limitar a limpiarla de insectos.

Las mujeres luchan contra la suciedad. Se inventan sistemas variopintos, estudian cómo mejorarlos y los aplican de forma generalizada. Pero su lucha es inútil. Como ya se ha dicho, en un lecho duermen varias mujeres. Incluso si todas ellas, después de innumerables esfuerzos, consiguieran limpiar las mantas y la ropa, y dar a su camastro un aspecto relativamente limpio, todo su trabajo se iría al traste en cuanto llegase al barracón una Zugang, una recién llegada. Si tiene piojos o sarna, que está extendida en todo el campo, entonces todas las mujeres, que comparten las mismas mantas, sufrirán la misma calamidad. Y hay que empezar de nuevo desde el principio.

(…)

Quienes aún conservan fuerza suficiente y no tienen las piernas hinchadas pueden ir corriendo a buscar un poco de agua antes del toque de diana. En esta época resulta muy difícil conseguir agua en todo el campo femenino de Birkenau. Para evitar que algún SS te rompa la crisma con su porra es mejor no entrar en la cocina ni en el barracón de desinfección, que está siempre atestado de recién llegados. Sólo queda el grifo que está detrás de los retretes, un solo grifo para varios miles de personas. El suministro de agua se abre a primera hora de la mañana, antes de que los silbatos toquen diana (aunque el grifo dispusiera de agua el resto del día, tampoco serviría de mucho, ya que las prisioneras se encuentran en el trabajo, fuera del Lager). Si te levantas lo bastante temprano, si tienes la suerte de que ese día han dado el agua, si consigues abrirte paso a través de una muchedumbre de cientos o miles de mujeres, si logras esquivar el palo de las Kapos, que incluso aquí reparten golpes a diestro y siniestro por puro amor al orden, entonces con un poco de suerte conseguirás llenar una escudilla con un cuarto de litro de agua. Sólo queda que la muchedumbre que se apelotona frente al grifo no te derrame el agua. Pero si vences todos los obstáculos, podrás hacer con ella lo que quieras: bebértela o lavar tu ropa o tu cuerpo, lo que quieras. (Seweryna Szmaglewska, Una mujer en Birkenau, Alba editores pag. 21-23)

Preguntas:

1. ¿Por qué la lucha por la higiene parece una batalla perdida para las reclusas?

2. ¿Qué importancia tenía el agua? ¿Qué dificultades debían superarse para obtenerla?

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