UNA MUJER EN BIRKENAU: EL TRABAJO HACE LIBRE

Posted on 8 octubre, 2013

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CAMPO DE LAS MUJERESEl trabajo del segundo grupo consiste en el montaje de vías de ferrocarril en la zona del campo que se ha preparado para los SS. A los  barracones se les da ahora un último retoque; todos se encuentran solados y se han dividido en pequeñas habitaciones y, ante todo, disponen de grandes ventanales. Han dotado esta zona de alcantarillado. Durante un tiempo breve te han hecho creer que estos barracones, en los que se podrían crear condiciones de vida llevaderas, nos los iban a entregar a nosotras. Por desgracia, se han habilitado para los SS como viviendas, oficinas, hospital militar y campo de descanso para los que vuelven del frente.

El capataz que dirige los trabajos quiere utilizar los vagones para transportar objetos pesados en el solar en obras. El transporte de las vías de ferrocarril es un trabajo duro. Las vías, ensambladas con traviesas, están en algún lugar al borde del bosque, cubiertas de musgo y hierbas, y medio hundidas en la ciénaga.

– Ich brauche zwanzig Stück, zwanzig junge kräftige Weiber. Necesito veinte ejemplares, veinte mujeres jóvenes y fuertes.

Primero se desatornillan tramos de vía de dos o tres raíles (dependiendo de la longitud que se pueda mover en cada caso). Luego, las prisioneras se colocan en los extremos de cada tramo, cogen los raíles… y hoch (arriba). Mientras mantienen los brazos estirados como dos cuerdas en tensión, sientes que la columna vertebral se te dobla y el dolor aumenta por segundos. El trabajo resulta más  duro para las mujeres altas, pero nadie se toma la molestia de escoger para este trabajo mujeres de una misma estatura. Cuando una prisionera cae, traen a otra para reemplazarla, y así miles, decenas de miles  harán este trabajo hasta que se queden exhaustas.

(Seweryna Szmaglewska, Una mujer en Birkenau, Alba editores, pag. 33-34)

(…)

De todas partes, hasta donde alcanza la vista, se ve cómo marchan las cuadrillas de trabajadores, cómo avanzan sus siluetas grises por los caminos vecinales, los senderos verdes entre las praderas, a través de los diques entre las ciénagas. Son los prisioneros de Oswiecim [Auschwitz]. En el silencio del crepúsculo que va envolviendo la tierra llevan en brazos a sus compañeros asesinados. En el trabajo mueren más hombres  que mujeres, ya que son tratados de forma aún más despiadada. Un triste cortejo camina casi siempre al final de las brigadas. Las tragi, las parihuelas que se han utilizado para llevar la grava o las piedras, se convierten a menudo en una camilla improvisada para transportar al campo los cuerpos de los muertos.  A veces, una carretilla empujada por un fiel compañero chirría y se hunde en la grava húmeda, de su borde cuelga la cabeza inerte de un muerto mientras que al otro lado se balancean las piernas al ritmo de las sacudidas. A falta de camillas y carretillas dos prisioneros llevan a un compañero muerto: uno se cuelga las piernas en su cuello y el otro, los brazos, y así llevan el cuerpo doblado e impotente. A la entrada del campo la orquesta toca con brío marchas alemanas; su melodía se te queda grabada en el corazón para siempre, quizá con el único fin de despertar en la memoria una y otra vez la imagen de las procesiones de la muerte.

Cuando llega la hora de volver del trabajo, el campo femenino tiene un aspecto completamente diferente. Parece como si durante el día se transformara por efecto de alguna operación incomprensible y sus resultados fueran ahora apreciables. El en suelo, entre los barracones, yacen cuerpos de mujeres en diferentes posturas, la mayoría judías. Sus cuerpos jóvenes tienen un color lívido. Sus rostros están deformados, tienen el rictus de la muerte. Entre los labios ennegrecidos y medio abiertos se pueden ver sus dientes apretados. Para llegar a tu barracón tienes que esquivar los cuerpos, rodearlos o saltar por encima de ellos, ya que obstaculizan el camino por todas partes. Los muslos, que han quedado entreabiertos por los espasmos de la muerte, muestran el bronceado de los meses de verano, un color adquirido lejos de los campos de concentración.

(Seweryna Szmaglewska, Una mujer en Birkenau, Alba editores, pag. 42-43)

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