UNA MUJER EN BIRKENAU: DESPIOJAMIENTO

Posted on 13 octubre, 2013

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BLOCK MUJERES AUSCHWITZAcabar con los piojos es la única ocupación de las personas que se recuperan de la enfermedad. El despiojamiento se inicia al amanecer, cuando una luz grisácea que impide ver con claridad inunda el lugar. Pero los piojos se ensañan tanto que es imposible aguantar y hay que empezar cuanto antes. Lo mejor es desnudarse completamente, envolverse de forma hermética en la manta e inspeccionarlo todo. La verdad es que se pasa frío porque por la ranura que hay debajo del techo se cuela un viento gélido, y es imposible no destaparte un poco mientras te despiojas, sobre todo porque el cuerpo está aún débil y tienes que incorporarte un poco y quedarte inclinada y apoyada con el codo sobre el lecho. Pero prefieres estar sentada desnuda, sin nada encima, durante largas horas con tal de deshacerte de esa plaga viva que te chupa la sangre. El hambre y el frío no son nada comparado con los piojos.

Todos los días, el mismo ritual. Por la mañana, coges el camisón, que por la tarde estaba sin piojos, y vuelves a preguntarte de dónde han salido todas esas criaturas gordas que escapan de tus dedos corriendo sobre la tela o que están  adheridas a tu ropa de dos en dos entre las liendres recién puestas y entre los excrementos de piojo. ¡Qué rápido se reproducen! Ayer en el camisón no quedaba ni una liendre, hoy hay un montón de pequeños piojos, apenas visibles, que parecen microscópicas gotas de sangre sobre un fondo blanco. Son pequeños, pero todos se han hinchado de sangre. Éstos son los que pican con más saña. Ahora entiendes por qué el camisón te abrasaba el cuerpo. La limpieza del camisón lleva más tiempo. Por regla general los piojos se adhieren antes a la parte de la ropa que está en contacto directo  con el cuerpo. Hace falta mucha paciencia para matarlos todos. Los ojos cansados se resienten  del esfuerzo, cuando los cierras por un momento sientes que los piojos, las pulgas y las liendres se meten debajo de los párpados. Uno se marea con estas imágenes, siente unas náuseas que resultan más fuertes porque el cuerpo está aún débil y estar sentado cansa mucho. Los dedos grandes y, en especial las uñas, están cubiertos de sangre y de escamas secas, y lo único que se ha limpiado es el camisón. Todavía queda por limpiar lo peor: el jersey. En los orificios de esa prenda encuentran los piojos un escondite perfecto. Sólo cuando la luz del sol se cuela con fuerza a través de la ranura del barracón es posible limpiar más o menos bien el jersey;(…)

(…) Por supuesto no te puedes lavar las manos después del despiojamiento, así que te tienes que conformar con limpiarte las uñas ensangrentadas antes de coger la cuchara que dejaste el día anterior encima de la ranura que hay en el tejado y pelar con ella las cinco patatas que te corresponden. Después de la comida da gusto ponerse la ropa inspeccionada y limpia de piojos. El organismo, extenuado por el tifus y el hambre, necesita dormir. Por desgracia, los piojos no duermen. De las sucias mantas, de los escondites de la cama salen miles de nuevos piojos en busca de los lugares limpios de la ropa. Después de un sueño de dos horas la ropa está tan plagada de piojos como por la mañana y hay que hacer la inspección de nuevo si quieres asegurarte unas cuantas horas de sueño por la noche. La inutilidad de estos esfuerzos te desalienta. El desánimo es aún mayor porque viene acompañado de dolores de espalda, por el cansancio de la vista y por el asco que te produce todo. Sólo el sueño, profundo e intenso, produce algo de consuelo y te permite descansar de este trabajo. Pero incluso en sueños las manos vagan nerviosas por el cuerpo, irritadas de picor.

(Seweryna Szamaglewska, Una mujer en Birkenau, Alba Editores, pag. 67-69)

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