UNA MUJER EN BIRKENAU: LA MAYOR DESGRACIA. TRIÁNGULOS. ORGANIZACIÓN

Posted on 16 octubre, 2013

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Prisioneras junto a los barracones de Auschwitz-BirkenauLa gran desgracia de Oswiecim es la diversidad de sus prisioneros. Esta diversidad se da, en primer lugar entre los arrestados por motivos políticos: encuentras desde un adolescente que fue detenido por silbar en la calle el himno polaco, hasta mujeres que han protagonizado incidentes mucho más graves a mano armada, otras que se manifestaban contra la guerra y adversarias del régimen nazi acusadas de simpatizar con el comunismo. Pero también llegan a Oswiecim prisioneras de otra calaña. Son delincuentes comunes con muchos años de experiencia, veteranos malhechores, a los que han condenado más de treinta veces por robos o por falsificación de moneda, elegantes ladrones de guante blanco, bandidos, degenerados, prostitutas, propietarios de prostíbulos, todos ellos llegan con los prisioneros políticos, viven con ellos, son tratados igual que ellos; juntos van a trabajar y juntos se acuestan por las noches.

En el momento en que se entra en el campo, se destruyen todos los signos exteriores que sirven para diferenciar a la gente. A todos los prisioneros les afeitan la cabeza, los uniformes son iguales para todo el mundo, y la capa de mugre hace que todos los rostros sean igual de sucios e inescrutables. (…)

Son iguales por fuera. Su única diferencia es el winkiel, un triángulo sobre el pecho, al lado del número, que es rojo para los prisioneros políticos, verde para los ladrones, falsificadores y delincuentes en general y negro para las prostitutas.

Los delincuentes se reconocen entre sí rápidamente a través de señales que para el resto del mundo son imperceptibles. Y, cuando los demás prisioneros quieren darse cuenta, se tienen que enfrentar a un grupo organizado de personas que se han comprometido en silencio a ser solidarias entre ellas. Pueden ser unas palabras en su jerga, unos nombres, unos vocablos que valen por una presentación. (…) El Departamento Político de Oswiecim, que decide sobre el color del triángulo de los prisioneros, les ha adjudicado a muchos delincuentes comunes un winkiel rojo. Eso dificulta aún más diferenciarlos entre la muchedumbre. Pero entre ellos se conocen bien y forman un clan organizado. Han conseguido salir a flote rápidamente, han sabido coger las riendas y han decidido convertirse en los ejecutores más diligentes de las órdenes de la SS, incluso de aquellas que atentan contra los intereses de los prisioneros. Han sabido convertirse en los arrieros de la manada.

Su colaboración con los SS ha tenido consecuencias fatales para el campo. Ellos han creado una moral y una forma de pensar propias y el que no se somete a ellas tiene muchas posibilidades de morir. Ellos han pervertido la famosa “organización” de Oswiecim. En la jerga del prisionero político “organizar” significa conseguir algo sin hacer daño a nadie. Por ejemplo, llevarse una camisa de un almacén repleto de ropa interior enmohecida y mordida por las ratas y que el Kapo del almacén no distribuye entre los prisioneros por pura tacañería es organizar. Llevarse una camisa que otro prisionero ha lavado y extendido en el césped para que se seque no es organizar, sino robar. Cuando una persona empleada en el almacén de pan entrega a los prisioneros varias barras de pan excelente que se enmohece en el almacén eso es organización. Cuando una jefa de barracón entrega a los prisioneros pan como premio por realizar ciertos servicios, a costa de las raciones de sus compañeras, es un robo. En el campo hay muchos barracones utilizados como almacenes que están repletos de todo tipo de bienes. De vez en cuando envían los bienes a Alemania. Saber distribuir una parte importante en el campo sin que se note que han sido sustraídos, mejorando así la vida cotidiana de los compañeros, a eso se llama organizar. Por desgracia, muchos confunden los términos y ahora también se llama organizar a quitarle los zapatos de debajo de la cabeza a un prisionero mientras duerme por la noche o robarle algo del paquete o sacar margarina de la caldera de sopa. Su mente delictiva no permite  a los reincidentes, a los estafadores, a los asesinos comprender la diferencia entre cometer un robo y organizar. (PAG. 82-84)

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