UNA MUJER EN BIRKENAU: EVITAR EL TRABAJO. LAS KAPOS ALEMANAS

Posted on 20 octubre, 2013

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BIRKENAU, MUJERES DECLARADAS APTAS PARA EL TRABAJO TRAS UNA SELECCIÓN  PERMANECEN DE PIE EN LA PLATAFORMAPara un Kapo lo más importante es que las prisioneras salgan del Lager de forma ordenada. Las prisioneras marchan en filas de a cinco. Entre ellas hay abuelas de 70 años y adolescentes de 15, y también muchas enfermas que van a trabajar de forma voluntaria por temor al hospital y otras a las que, sin embargo, han tenido que arrastrar desde la misma puerta de éste. Resulta casi imposible esconderse en estas condiciones. Sin embargo, a veces alguien espera el momento oportuno, salta por encima de la zanja y corre entre los barracones hacia el retrete, salpicándose de barro. Estos intentos de escabullirse suelen fracasar, porque los gritos de la Kapo responsable alertan a otras alemanas, que no dudan en echarle una mano a su compañera. Poco después, la prisionera que intentaba eludir el trabajo yace en el barro y tiene que soportar una lluvia de puñetazos y patadas en la cabeza y en todo su cuerpo. Después tiene que levantarse y volver a su sitio en la fila de a cinco. A veces la huida tiene éxito, aunque quienes más lo necesitan nunca intentan escapar del trabajo, porque están demasiado débiles para correr con agilidad. De todos modos, pasa bastante tiempo hasta que la Kapo consigue reunir el número previsto de prisioneras. Mientras tanto, el resto de las cuadrillas aguarda delante de la salida. A esta hora, justo antes de que salga el sol, el frío es más penetrante. Resulta aún más inclemente cuando hace viento  y cae una nieve húmeda. Si no tienes guantes entonces lo mejor es arrancar unos trozos de manta y envolverte con ellos las manos; pero hay que hacerlo a escondidas, ya que se considera un acto de sabotaje. Cuando se abre la puerta todas sueltan un respiro de alivio. Las filas de a cinco pasan por la verja. Cuando cruzas la puerta por la mañana no vuelves al campo antes de la tarde, aunque caigas extenuada.

(Seweryna Szmaglewska, Una mujer en Birkenau, Alba Editores, Pag. 136-137)

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