UNA MUJER EN BIRKENAU: DELACIÓN.

Posted on 24 octubre, 2013

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CADAVERES EN UNA ZANJAA veces durante el recuento de la mañana una acusadora anónima le entrega el número de una prisionera que supuestamente quiere darse a la fuga. La jefa de barracón informa a la Blockführerstube. Después le comunican al SS que escolta a las prisioneras el número en cuestión. Cuando la cuadrilla llega al lugar de trabajo, el joven SS se pasea a lo largo de la zanja y observa a las mujeres. Por fin, encuentra el número que buscaba y le dice a la mujer que va a matarla porque le han informado de que quiere huir. Es posible evitar la pena de muerte si dices quién te ha convencido o con quién más pretendes escaparte. La prisionera, después de pensárselo, dice que la ha inducido otra prisionera y va en su búsqueda con el SS. Después de recorrer la fila de mujeres que se inclinan para llenar las palas, señala por fin a la culpable. Quizá estas dos mujeres ni siquiera se hayan visto antes. El SS la anima a que mate a la mujer que planeó la fuga si quiere demostrar que es inocente y que fue la otra la que la incitó. Que la mate a palazos. Y la criatura ignorante levanta la pala para golpear a la mujer a la que ella acusa. El SS y la Kapo están a su lado. Sobre las cabezas de las mujeres que trabajan se oye sin cesar:

Los! Weitermachen! Bewegung! ¡Rápido! ¡Seguid trabajando! ¡Moveos!

El filo de la pala hace sangrar el cuerpo que se va debilitando. Cuando la mujer cae al suelo, el SS ordena a la otra que deje la pala y se dirija a las vías del ferrocarril. Se oye un disparo. Ahora, las prisioneras ocupadas por el trabajo en las zanjas observan que cerca de la vía una persona se distancia peligrosamente del resto. Va despacio, sin prisa. Las mujeres tiemblan de miedo. ¿Acaso quiere escaparse de forma tan tonta? De nuevo se oye un disparo, pero la mujer sigue adelante. Los SS no tienen buena puntería. A cada rato, un disparo rompe el silencio, que el bosque devuelve en forma de eco, pero la mujer sigue adelante. Tu mirada desea verla ya tumbada en el suelo, y ella seguramente tampoco puede esperar más su muerte, porque de repente, después del octavo disparo, da la vuelta y empieza a andar deprisa en dirección al SS que dispara. El noveno disparo da en el blanco y la mujer cae muerta en el suelo. (…)

Pero, como ni siquiera el número de los muertos en Budy es capaz de disuadir a las prisionera de que sigan huyendo, las autoridades del campo introducen un método nuevo, que en seguida suerte efecto. Un día, al volver del trabajo, la columna encuentra en la entrada del Lager a una mujer vieja de pelo canoso que lleva colgado en el pecho un cartel de cartón en el que se puede leer más o menos lo siguiente: “El hijo de esta mujer se escapó del campo de concentración de Oswiecim. Por eso, su madre y el resto de su familia fueron arrestados y deberán ocupar el lugar del fugitivo”. Entre las miles de columnas de a cinco no hay nadie que no tenga un ser querido, alguien muy especial al que preferiría ver antes muerto que en Oswiecim. Nadie quiere se libre a costa del cautiverio de las personas a las que quiere. Quien conoce Oswiecim desea ser el último prisionero que ingrese en este lugar, desea que nadie más sea entregado a este exterminio ejecutado con los métodos más insólitos.

(Seweryna Szmaglewska, Una mujer en Birkenau, Alba Editores, pag. 156-157)

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