UNA MUJER EN BIRKENAU: BUDY Y EL COMANDO DE CASTIGO

Posted on 5 noviembre, 2013

0



BIRKENAU CANADACuando quieren castigar a una prisionera por cometer una infracción dentro del campo la envían a Budy, a ocho kilómetros de Birkenau, y la recluyen en el SK (Strafkommando) hasta que termine su condena.

Budy es una aldea requisada por las autoridades para uso del Lager. Está rodeada por una alambrada y más aislada del mundo que Birkenau. En este lugar es imposible organizar una vida en común con un mínimo de condiciones. En el verano de 1942, una prisionera polaca se fugó del campo en plena cosecha. A sus compañeras les afeitaron la cabeza como represalia (era la primera vez que tomaban esta medida disciplinaria) y las enviaron a Budy. Aquí se trabaja con el agua por la cintura, y en estas condiciones hay que segar y recoger la hierba.

El campo, imbuido como está en su frenética existencia de muchedumbre azuzada sin cesar, no se percata de su ausencia. Cuando te envían a Budy se te echa menos en falta que cuando te matan, porque de la muerte nadie regresa y del SK se puede volver, aunque haya pocas posibilidades. Los transportes que poco a poco llegan al campo se encargan rápidamente de ocupar el lugar de las prisioneras castigadas y de silenciar el recuerdo que sus compañeras tenían de ellas. A veces, un grupo del que ya ni te acordabas vuelve, pero el campo que encuentra a su regreso no es el mismo que el que dejó en su día. De nuevo te mezclas con la muchedumbre y sigues viviendo tu existencia gris intentando pasar inadvertida.

A las que vuelven de Budy no les gusta hablar de su estancia allí. Cuando alguien pronuncia su nombre delante de alguien que ha estado en ese lugar, su rostro se vuelve sombrío, la mirada se el hace huidiza y la tranquilidad que había en su rostro se contrae en tensión y le impide articular palabra. Te callas. Su visión del mundo está llena de un pesimismo irrevocable, casi cínico, porque está impregnada de la tristeza de quien se considera perdido, porque sus ojos doloridos son incapaces de encontrar sentido a las cosas. Parece como si la estancia en el SK, en Budy, borrara del alma de las prisioneras algo tan delicado como la fe en el mañana. (…)

En la primavera de 1943, el Strafkommando se traslada de Budy a Birkenau. Entre los barracones aparece una cuadrilla de mujeres encorvadas que se arrastran con esfuerzo. En la parte posterior de sus vestidos grises, entre los omóplatos, llevan un círculo rojo punzó.

No son muchas. Mientras el SK estaba en Budy, parecía que las autoridades del campo no se acordaban de su existencia y sólo cuando se cometían faltas graves enviaban allí a las infractoras. Pero ahora que el SK está en Birkenau, en el bloque 25 (el antiguo bloque de la muerte), un lugar que dispone aún de muchas plazas libres, las manchas rojas se han hecho visibles y el grupo no para de aumentar. Es obvio que los SS han recibido la orden específica de llenar lo antes posible ese barracón. Incluso una falta pequeña, que hasta ahora pasaba inadvertida en el caos absoluto del campo, se comunica ahora a la Oberaufseherin Mendel y es motivo de una acusación. (…)

Todas las mujeres cometen faltas así a diario. Todas desde hace tiempo merecen ser condenadas a cadena perpetua, a trabajos forzados por tiempo indefinido en el SK, o incluso a la pena de muerte. Las prisioneras lo saben. En el SK están las desafortunadas a las que han pillado in fraganti.

En el SK también están las prisioneras polacas a las que la resistencia intentó rescatar durante su traslado a Oswiecim.

También ha acabado en el SK la rubia prisionera polaca que se fugó del campo en el verano de 1942. es la misma chica cuya huida motivó que les cortaran el pelo a sus compañeras y las condenaran a trabajos disciplinarios en Budy. La chica ha disfrutado de libertad durante diez meses; ahora, prisionera de nuevo y marcada con un círculo rojo, vive en el bloque 25 y trabaja en el SK.

No puedes evitar el destino que te ha deparado la vida. En el campo tienes que morir cumpliendo rigurosamente las órdenes o exponerte a las penas que te imponen por haberlas infringido. Cada vez que intentas salvar la vida, tienes muchas posibilidades de acabar en el SK.

(Seweryna Szmaglewska, Una mujer en Birkenau, Alba editores, pag. 203-206)

Anuncios
Etiquetado: , ,