UNA MUJER EN BIRKENAU: EL INFORTUNIO EN FORMA DE ENFERMEDAD

Posted on 14 noviembre, 2013

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TYPHUSLa fuerza con la que se extiende el nuevo brote de tifus exantemático pone los pelos de punta. De un día a otro mueren transportes enteros de judías que llegan ahora en masa procedentes de Bélgica, Francia, Holanda y Alemania. La muerte se ceba también con las prisioneras griegas. La muerte de toda esa gente se produce en situaciones de lo más variopintas. Algunas prisioneras van al hospital y mueren allí, pero otras enfermas se esconden en el bloque y contagian antes de morir a sus compañeras. Las enfermas sufren mucho durante los recuentos y mueren muchas veces mientras duermen. Por las noches los bloques se llenan de gemidos y gritos febriles, debajo de los coyes hay siempre unos cuencos de loza blanca que las autoridades han repartidos por los barracones para que los más enfermos los utilicen de orinal por las noches. De nuevo hay más piojos, y donde abundan es en los cuerpos de las personas con fiebre. Parece que el Lager acaba siempre imponiéndose, que siempre vence a nuestros intentos de defendernos de él. Si hasta ahora has logrado evitar el tifus, ahora sí que no te puedes librar de él. Si has logrado superar el tifus, entonces sufres otras enfermedades, causadas quizá por una infección general del organismo. La piel de las prisioneras se cubre de llagas, aparecen en multitud y en todo el cuerpo. Estalla un brote de malaria. Además, las empleadas del hospital avisan de la aparición de una nueva enfermedad que nadie sabe definir. Los diagnósticos son contradictorios. No se sabe si es meningitis o viruela, y algunas doctoras afirman que es una variedad de peste. La enfermedad dura poco, sus síntomas son la lividez del cuerpo, los labios oscuros, a menudo el vientre hinchado y grandes manchas en el cuerpo. La muerte sobreviene veinticuatro horas después de la aparición de estos síntomas.

El hospital nunca ha estado tan lleno como ahora. Se compone de una decena de barracones, y en cada cama hay tres o cuatro enfermas.

El infortunio tiene muchas caras y no para de acecharnos por todos los lados.

(Seweryna Szmaglewska, Una mujer en Birkenau, Alba editores, pag. 266)

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