UNA MUJER EN BIRKENAU: SELECCIONES

Posted on 15 noviembre, 2013

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BIRKENAU TRABAJADORASLlegan las selecciones. A las enfermas con fiebre, que buscan como las bestia un rincón tranquilo para recuperarse de su debilidad mortal, se las hace pasar por la inspección.

El miedo ante la muerte se apodera de todo el campo. Miles de personas que desean vivir sienten temor, ignoran si dentro de un momento el humo del crematorio se espesará en una nube negra después de que se tiren en el fuego sus cuerpos, tal y como ocurrió el día anterior cuando se llevaron del Lager a las seleccionadas.

Esta mañana no sacan a nadie a trabajar. Las prisioneras arias y las judías están a la expectativa. Está prohibido abandonar los barracones. Pero en algún lugar, a lo lejos, en la otra punta del campo se oye un grito estremecedor, un grito fuerte que la presencia de las autoridades no ha conseguido acallar; a eso se le llama en el campo el “último grito”. La palabra Sortierung junto con el apellido de Taube recorren el Lager. Para muchos significa “muerte”. Unos cadáveres se levantan de sus lechos, de sus madrigueras apestosas. Como Lázaro, se levantan de sus camas para prepararse para el encuentro con el peligro e intentar salir de él con vida. Las enfermas se dan color en las mejillas anémicas, cubre los labios de una capa de carmín y después, agotadas por el esfuerzo, caen derrotadas en las camas y jadeando cubiertas de gotas de sudor.

El miedo es poderoso. Las enfermas escuchan ansiosas las noticias sobre la selección. Quieren esconderse. Silenciosas, se escapan a hurtadillas, sin ser vistas, y desaparecen. El resto de las prisioneras abandona el bloque para que lso SS reunidos en el barracón de baños inspeccionen su desnudez. Las jefas de barracón vuelven enfurecidas a por las que faltan: con la colaboración de sus ayudantes las encuentran escondidas  en los rincones, debajo de las mantas de los camastros, incluso metidas dentro de los colchones de paja. Las enfermas avanzan a empujones sobre sus piernas enfermas, cayéndose cada dos por tres, rumbo a su destino inevitable.

Después de este día agotador, el recuento de la tarde no coincide. La búsqueda no da resultado. Las mujeres se desmayan en las filas.

Se busca hasta en el último rincón de todos los bloques, almacenes, retretes, vertederos y zanjas, se mira la alambrada, pero todo en vano, no se encuentra a nadie. La búsqueda es más complicada ahora que hay dos campos de mujeres. En ambos las prisioneras están en formación, en ambos se hace el recuento y se inicia la búsqueda. Ya es muy tarde cuando alguien ve en la estufa del baño, fría a esta hora, uno ojos que se iluminan con un fuerte resplandor. Asombrados, los alemanes constatan que a través de un agujero muy estrecho se metieron en la estufa dos judías francesas muy demacradas y, adoptando una posición tremendamente incómoda, aguantaron allí desde la mañana. Les cuesta mucho más salir de lo que les costó meterse en aquel lugar. Parece que ya no podrán dar la vuelta en el estrechísimo canal de la estufa y salir al exterior. Cuando por fin consiguen salir, su ropa, su cuerpo y su pelo están negros como el azabache.

El Lagerarzat se reía con benevolencia y ordena que se les dé una ducha caliente con jabón.

Durante las selecciones de otoño se apunta en las listas para las cámaras de gas a prisioneras judías jóvenes totalmente sanas, que tienen cuerpos bonitos. No conocen el idioma, así que no entienden por qué las han condenado a muerte. Presas del miedo, irrumpen corriendo en los bloques, se echan a los pies de otras prisioneras y con gestos y gritos sordos suplican ayuda o buscan un escondite. Pero no existe un escondite para ellas; leerán sus números y después las conducirán por el camino largo que lleva al crematorio. Si alguna de ellas tiene dientes de oro se los quitarán antes de morir. Miles de “musulmanes” que yerran entre los bloques y los retretes, miles de enfermos y prisioneros sanos desaparecen de la superficie del Lager como objetos efímeros, que una mano extraña ha atrapado y reducido a polvo.

Los gestos de protesta no detienen el curso de los acontecimientos. Un día nos llega del crematorio la noticia de la muerte de una joven judía, al parecer artista de cine. La mujer le arrancó el revolver al SS Schillinger y le disparó mientras torturaba borracho a las mujeres. Pero, ¿qué significa un disparo solitario en el silencio imperturbable de los crematorios que trabajan día y noche? El destino de los individuos rebeldes y de las muchedumbres pasivas es el mismo.

(Seweryna Szmaglewska, Una mujer en Birkenau, Alba editores, pag. 272-274)

Preguntas:

1. Explica qué era una “selección”

2. ¿Qué mecanismos utilizan las prisioneras enfermas para evitar la selección?

3. ¿Quiénes eran los musulmanes?

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