UNA MUJER EN BIRKENAU: SELECCIÓN. NO ES FÁCIL MORIR POR EL GAS

Posted on 4 diciembre, 2013

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BIRKENAU SELECCIÓNComo de costumbre, la selección se hace en la rampa. Después de que los prisioneros hayan dejado sus provisiones y sus equipajes al lado de los vagones, envían a la mayoría al crematorio y sólo un porcentaje mínimo entra en el Lager.

Muchos de los “afortunados” se vuelven locos o están al borde de la locura, cuando se dan cuenta de que sus allegados los han quemado o los están quemando en ese mismo momento. Ése fue el caso de una joven judía de Lodz que se echó sobre la alambrada durante el día, cuando no hay electricidad, y después trepó por la empalizada queriendo salir al exterior, es decir, al camino entre los campos. Les costó bajarla de allí. Una vez abajo la mujer, que estaba sangrando, se quedó con la mirada inmóvil clavada en la columna de humo. Sólo una cosa absorbía sus pensamientos, no la podía entender, pero tampoco podía dejar de pensar en ella. La joven repetía todo el tiempo lo mismo:

– Los alemanes son personas. Nosotros judíos también somos personas, ¿verdad? Nosotros judíos somos personas y los alemanes también son personas.

Una joven húngara de Budapest, que tiene educación y está informada de la situación política, reconoce que sabía todo lo que ocurre en Birkenau y Oswiecim gracias a los comunicados emitidos por la radio inglesa, pero que pensaba que se trataba de exageraciones de la propaganda antinazi.

(…)

Los judíos que durante la selección son enviados a la derecha van directamente a la muerte. Mientras la mano de un SS borracho dicta la sentencia, se abren las ventilaciones y las puertas de las cámaras de gas de par en par para que entre aire fresco. Están preparando el lugar para los siguientes. Dentro de muy poco esos nuevos seleccionados entrarán en las cámaras de gas. No tendrán que esperar mucho para que se cumpla su destino; como mucho unas cuantas horas, mientras se llevan de las cámaras a sus predecesores.

Cuando se va por el camino de la derecha de la rampa, se llega pronto a los crematorios I y II, que está uno enfrente del otro a ambos lados del camino.

El azar decidirá cuál de los dos te toca, una cuestión que, en principio, carece de importancia. Pero los seleccionados tiemblan de miedo al pensar que los pueden separar, quieren entrar juntos en el mismo edificio y por eso las madres no se separan de sus hijas y los padres de sus hijos.

Porque ellos no saben, como sabemos nosotros, para qué sirven esos edificios con chimeneas. Ellos no saben adónde van. ¡Una muchedumbre enorme, incontable, ha sido engañada!

Los electricistas que a menudo cruzan el umbral de los crematorios por razones de trabajo cuentan que sus vestíbulos son unas salas limpias, donde al igual que en la cabina de un barco no hay objetos que se puedan mover. Todo está bien fijado. Junto a las paredes  hay unos bancos de metal, similares a los de la sala de espera de una consulta médica. A la entrada de un largo corredor hay una flecha roja de grandes dimensiones con una inscripción debajo en, al parecer seis idiomas, que reza: “AL BAÑO Y A LA DESINFECCIÓN DE ROPA”. La gente se desviste en ese pasillo y coloca sus cosas con cuidado con la esperanza de recogerlas en un corto espacio de tiempo. A continuación, después de coger las toallas que les entregan los prisioneros judíos empleados en el Sonderkommando, recorren tranquilos el largo pasillo que conduce al “baño y desinfección de ropa”. Entran en una sala enorme en la que sólo hay uno agujeros, ahora cerrados, que parecen destinados a la ventilación del lugar. Las lámparas eléctricas están empotradas en el techo. Cuando se cierra la puerta detrás de la última persona del grupo, caen de los agujeros de arriba unos terroncillos azules. Es el gas, el Zyclon.

No, no es tan fácil morir a causa del gas, no es una muerte rápida. Se sabe que debido al gran número de judíos que los alemanes panean gasificar, o quizá también por otros motivos, ahorran con el gas. Con una dosis suficiente de Blaugas (gas azul o Zyclon) la muerte es instantánea; pero la que se suministra aquí causa una lenta agonía.

Los electricistas, que a veces entran en la cámara de gas poco después de que se abran sus puertas, encuentran los cuerpos en postura que indican lucha y desesperados esfuerzos por salir de allí; ven personas que se han subido sobre los cuerpos amontonados de otros prisioneros y han terminado allí sus días, con los ojos fuera de sus órbitas, con los vientres inflamados, con el espanto dibujado en el rostro y en la postura del cuerpo.

El grito de la muerte, emitido con toda la fuerza del organismo, un grito de advertencia para los hermanos que van detrás, no sale al exterior del edificio. Se reduce a un gesto fantasmal de labios abiertos, qu se han quedado congelados, inmóviles.

Las cámaras de gas trabajan mucho más deprisa que los hornos de los crematorios. A pesar de que están encendidos día y noche, de que llegan continuamente camiones cargados de briqueta y leña, a pesar de las fosas provisionales que se excavan en el bosque, donde se queman muchos cuerpos a la vez, los hornos no consiguen ir al mismo ritmo que la gasificación. Así que cerca del crematorio se apilan montones de cuerpos hinchados, cuerpos que se hinchan aún más con el paso del tiempo y que se van incinerando, a medida que es posible hacerlo.

Este año el verano es excepcionalmente caluroso. Pero los SS, que están borrachos día y noche, y los del Sonderkommando, que también lo están, no son sensibles al calor ni se preocupan por le peligro de las enfermedades. El hedor de los cuerpos putrefactos flota en el aire a cada soplo de viento.

Aquello que se iba a llevar a cabo con un absoluto secreto se convierte en un delirio público y desenfrenado que se apodera de todos los SS antes o después.

El silencio reina en los alrededores de los crematorios, el silencio reina en el campo. En medio de ese silencio, una muchedumbre de judíos avanza despacio a lo largo de la rampa. El gas Zyclon que los mata es invisible, sólo se manifiesta en forma de unas columnas de humo que salen de las chimeneas de los crematorios y se elevan despacio, densas y enmarañadas, hacia el cielo.

(Seweryna Szmaglewska, Una mujer en Birkenau, Alba editores, pag. 321-325)

PREGUNTAS:

1. ¿Qué era el Sonderkommando?

2. ¿Con qué procedimiento se realizaba el exterminio?

3. Explica cuál es la actitud de los diferentes grupos de personas ante lo que ocurre en el las cámaras de gas, así como las causas de esa actitud: los judíos que van a ser exterminados, los guardianes SS, el Sonderkommando, los otros prisioneros (a través de la narradora).

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