UNA MUJER EN BIRKENAU: ALEMANIA, UN GRAN LAGER

Posted on 19 diciembre, 2013

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AUSCHWITZ REVUELTA SONDERKOMMANDOA principios de octubre los judíos del Sonderkommando, que trabajaban en el crematorio, se rebelan. La rebelión está prevista para la noche, pero estalla antes, por la tarde. A pesar de la precipitación, consiguen calcinar el crematorio y una parte logra escaparse del campo. Los disparos y los silbatos te sacan de los barracones en ele momento en el que el tan odiado edificio del crematorio está envuelto en llamas, mientras que un grupo de judíos huye en dirección al sudoeste, hacia las praderas, y de paso corta la alambrada del campo de mujeres por el lado oeste. Por la noche hay un ataque aéreo muy intenso. Se apagan las luces que iluminan las alambradas y entonces sientes rabia porque la fuga, que se ha producido demasiado temprano, pudo haber salido mejor.

Las sirenas vuelven a ulular a diario en Oswiecim, avisando al fugitivo de que la persecución ya ha empezado. (…)

Sin embargo, un día las sirenas se callan. Precisamente en la víspera de este parón en las fugas. Se producen algunas huídas muy temerarias. Éstas desatan un miedo atroz en los prisioneros, que se quedan paralizados de miedo a la espera de severas represalias. Más o menos por aquel entonces un grupo de prisioneros de Oswiecim sale por la noche del campo con un arma en la mano, mientras que otro grupo de Birkenau sale del Lager en un camión, vestidos con uniformes alemanes y a plena luz del día. Por el camino se detienen en Budy y uno de los fugitivos, haciéndose pasar por un SS del Departamento Político, llama por su número a un prisionero, lo montan en el camión y se marchan.

(…)

El Lager se ha quedado mudo, parece muerto. Por la tarde, la Oficina de Registro la visita por motivos oficiales un prisionero del campo de hombres. Sin mirar a nadie se sacude los terroncillos de barro que se han pegado a su pantalón. Cuando se le piden noticias responde en voz baja:

– Bueno, nosotros nos vamos.

– ¿Quiénes?

– Los polacos. Están en el sector A, la cuarentena de hombres. Lo veréis mejor desde las ventanas de vuestro hospital. ¿Sabéis a quiénes afecta la orden de traslado? A todos los prisioneros polacos de Oswiecim, independientemente de sus funciones y del tipo de trabajo  que realicen aquí. Se lo han quitado todo, les han dado unos uniformes a rayas y unos zuecos. Cualquier día los deportarán a Alemania. A todos nosotros nos espera una vida errante.

– ¿A los de Birkenau también?

– Los polacos de Birkenau tampoco han salido hoy a trabajar. Ya no queda ninguna cuadrilla de hombres. Después del recuento pasarán al antiguo campo de los gitanos. Allí aguardarán el transporte.

Hay muchas preguntas y peticiones, pero las interrumpe el SS que escolta al prisionero.

Na, komm, los! ¡Venga, vámonos!

Se van. No hay ninguna forma de ponerse en contacto con las personas que esperan el día en que se marcharán a un lugar desconocido, que se adentrarán en el laberinto de los campos de concentración de Deutschland, de la que los alemanes escriben con orgullo que ya se ha convertido en un único gran Lager.

Es ahora cuando la palabra “transporte” suena de cerca sobre tu cabeza como una condena irrevocable, cuando los prisioneros polacos se han convertido en un material de transporte al que se somete a unos preparativos, cuando se hace evidente que tal situación equivale para muchos a una catástrofe vital.

Hay muchos prisioneros  que están en el Lager con toda su familia y se esfuerzan en los momentos más duros por sobrevivir, ayudándose unos a otros. Cuando no se pueden comunicar directamente se envían notas, se conforman con ver a la persona querida de lejos a través de los alambres o a veces de paso durante la marcha.

Estas familias quedarán ahora separadas y no se sabe si algún día se encontrarán de nuevo.

     (Seweryna Szmaglewska, Una mujer en Birkenau, Alba editores, pag. 367-370)

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