UNA MUJER EN BIRKENAU: KRAUSE Y EL GRITO DE LOS MUERTOS

Posted on 22 diciembre, 2013

0


BIRKENAU PRISIONEROSEn invierno un comandante nuevo que se apellida Krause se hace cargo del campo. Su cara, como la de un retrato alemán antiguo, tiene rasgos típicamente germanos. Antes de tomar  posesión, visita los diferentes sectores y estudia el progreso de la liquidación del Lager. Se detiene delante de un grupo de prisioneras y le pregunta a Perschel, que lo acompaña, cómo se explica que algunas prisioneras tengan números muy bajos. ¿Quiere decir esto que estas prisioneras llevan en Oswiecim un año, dos o incluso más?

Jawohl, Herr Kommandant. Así es, mi comandante.

Krause está indignado. Clava su mirada en los ojos enfermizos de Perschel y declara que un prisionero de campo de concentración no debería vivir más de seis semanas. Si no está muerto en ese tiempo, eso significa que ha aprendido a hacer chanchullos y por eso hay que exterminarlo.

Verstanden? ¿Comprendido?

Sicher, Herr Kommandant! ¡Por supuesto, señor comandante!

Sicher, Herr Kommandant… Tiene que admitir usted que los prisioneros no han tenido que esperar mucho para preguntarle si no ha cambiado de opinión. ¿Le gustaría que se aplicase ahora el mismo principio a los prisioneros de guerra alemanes?

En aquel momento estuvimos frente a frente, él, el señor de nuestras vidas, y nosotros, unos seres efímeros. Él, uno de aquellos que arrebataron a la naturaleza la capacidad sagrada de impartir la muerte, uno de aquellos que auf Befehl, obedeciendo órdenes, convirtieron a un grupo de personas en una montaña inútil de objetos muertos, que las convirtieron en seres repugnantes de delgadas tibias, que espantan con sus turbios ojos abiertos y su grito mudo de terror. Y nosotros, los hermanos de los muertos, unos galeotes atados por una cadena. Y todos pensamos que tenía que estar ciego para no darse cuenta de que el grito de los muertos suele ser más peligroso que los llamamientos en voz alta de los vivos.

(Seweryna Szmaglewska, Una mujer en Birkenau, Alba editores, pag. 392-393)

 

Etiquetado: ,