HITLER, LOS ALEMANES Y LA SOLUCIÓN FINAL: DIFERENCIAS ENTRE HITLER Y STALIN

Posted on 2 febrero, 2014

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Mi punto de partida para esta reflexiones es el supuesto de que, a pesar de las similitudes superficiales en cuanto a formas de dominación, los dos regímenes fueron en esencia más distintos que similares. (…), me gustaría subrayar las características únicas de laHITLER Y STALIN dictadura nazi (…)

A veces, sin embargo, destacar los contrastes puede resultar más valioso que comparar similitudes. En lo que sigue me gustaría utilizar lo que, pese a mi imperfecto conocimiento de la historiografía reciente sobre el estalinismo, entiendo como características destacadas de la dictadura de Stalin, para establecer con ello importantes contrastes con el régimen de Hitler. Espero ofrecer así una base para reflexionar sobre lo que sigue siendo un problema central en la interpretación del Tercer Reich: ¿qué es lo que explica la inercia creciente de la radicalización, la dinámica de destrucción del Tercer Reich? Gran parte de la respuesta a esta pregunta tiene que ver, y me gustaría sugerir que desde el principio, con el debilitamiento y el colapso de lo que podrían denominarse estructuras “racionales” de gobierno, un sistema de gobierno y administración “ordenado”. ¿Pero qué fue lo que provocó este colapso y, no menos importante, qué papel jugó Hitler en este proceso? Éstas son las preguntas que permanecen en el centro de mi investigación.

En primer lugar, sin embargo, permítaseme esbozar lo que me parecen puntos importantes de contraste entre los regímenes de Stalin y Hitler:

  1. Stlin surgió desde “dentro” de un sistema de gobierno, como un exponente destacado del mismo. Era, como expone Ronald  Suny, un hombre del comité, un oligarca, un hombre de la maquinaria, (…) que se convirtió en déspota gracias al control del poder que residía en el corazón del partido, en su secretariado. (…) De todos modos, es difícil imaginar un líder de partido y jefe de gobierno con menos tendencia burocrática que Hitler, un hombre menos de comité y de la maquinaria que él. Antes de 1933 no estaba involucrado y vivía distanciado de la burocracia del movimiento nazi. Después de 1933, como jefe de gobierno, apenas posó personalmente la pluma en el papel a no ser que fuera para firmar la legislación que Lammers le puso delante de las narices. (…)  La forma de operar de Hitler no propiciaba un gobierno ordenado. (…) incluso Lammers, el único vínculo entre Hitler y los ministros de Estado (que cesaron definitivamente de reunirse en torno a una mesa como gabinete en un momento tan temprano como 1938), tenían a veces dificultades para acceder a Hitler y lograr que tomara decisiones. (…) El cada vez mayor distanciamiento de Hitler respecto a al burocracia del Estado y los principales órganos de gobierno marca más que una diferencia de estilo con el modus operandi de Stalin. Refleja, bajo mi punto de vista, una diferencia en la esencia de los regímenes, reflejada en la posición del líder de cada uno de ellos, un punto al que regresaremos.
  2.  Stalin era un dictador altamente intervencionista, acostumbrado a enviar un flujo de cartas y directivas determinando o interfiriendo con la política. Presidía todos los comités importantes. Su objetivo era, al parecer, la monopolización de toda la toma de decisiones y su concentración en el Politburó, la centralización del poder del Estado y una unidad en la toma de decisiones que habría eliminado el dualismo partido-Estado. Hitler, en cambio, fue, en términos generales, un dictador no intervencionista en lo que a la administración del gobierno se refiere. Sus esporádicas directivas, cuando surgían, solían ser ambiguas y transmitidas de manera verbal, normalmente por boca de Lammers, el jefe de la cancillería del Reich, o, en los años de guerra (por lo que a cuestiones civiles se refería), cada vez más por Bormann. (…) hizo todo lo posible para sostener y fomentar el dualismo irreconciliable entre partido y Estado que existía a todos los niveles. (…) los vínculos de lealtad personal fueron desde el principio los determinantes cruciales del poder, invalidando por completo el puesto funcional ocupado y el estatus.
  3. Personalidades aparte, la posición de liderazgo de Hitler es estructuralmente más segura que la de Stalin. Si he seguido debidamente los debates, las purgas de Stalin tendrían alguna base racional, aunque la paranoia del dictador las llevara hacia el reino de fantasía. (…) Hitler pensaba que Stalin estaba loco por llevar a cabo las purgas. El único débil reflejo de las mismas en el Tercer Reich fue la liquidación de las SI (Secciones de Asalto) en la “Noche de los Cuchillos Largos”, en 1934, y la implacable venganza por el atentado contra la vida de Hitler en 1944. (…) Hitler, hay que aceptarlo, fue, durante la mayoría de los años que estuvo en el poder, exceptuando a los partidarios reprimidos e impotentes de los antiguos movimientos de la clase trabajadora, ciertas secciones del catolicismo y algunos individuos de las élites tradicionales, un líder extremadamente popular, tanto entre los grupos gobernantes como entre las masas. (…) Pero mientras que el culto a Stalin estaba superpuesto a la ideología marxista leninista y el partido comunista, y ambos lograron sobrevivirlo, el “mito de Hitler” era estructuralmente indispensable para el movimiento nazi y su Weltanschauung, siendo, de hecho, su base, y sin poder apenas distinguirse de él. (…)
  4. (…) Y a pesar del camino hacia una dictadura personalizada, en la Unión Soviética no se produjo una “radicalización acumulativa” inexorable. Más bienal contrario, hacia mitad de la década de 1930 hubo una “gran marcha atrás” en el radicalismo, y se produjo una reversión hacia ciertas formas de conservadurismo social antes de que la guerra impusiera sus propios compromisos con rectitud ideológica. (…) Y el sistema fue capaz de resistir casi tres décadas de Stalin y sobrevivir a él. Era, en otras palabras, un sistema capaz de reproducirse, incluso a costa de Stalin. Resultaría complicado afirmar lo mismo con respecto al nazismo. El objetivo de una redención nacional a través de la purificación racial y  el imperio racial era una quimera, una visión utópica. La barbarie y la destrucción inherentes al vano intento de alcanzar ese objetivo fueron infinitos en cuanto a su alcance, igual que el expansionismo y la extensión de la agresión a otros pueblos fueron ilimitados. Mientras que el estalinismo podía “apaciguarse”, como efectivamente hizo después de la  muerte de Stalin, hasta convertirse en un régimen estático e incluso conservador y represivo, un “apaciguamiento” que lo convirtiera en un autoritarismo sobrio, del tipo franquista, resulta escasamente concebible en el caso del nazismo. Aquí la dinámica era incesante, la inercia de la  radicalización acelerada, incapaz de tener freno…a menos que el “sistema” en sí fuera fundamentalmente alterado.

(Ian Kershaw: Hitler, los alemanes y la solución final, La Esfera de los libros, 2009, pags. 63 a 74)

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