HITLER, LOS ALEMANES Y LA SOLUCIÓN FINAL: LA ACCIÓN UNIFICADORA, ACTIVADORA Y FACILITADORA DEL FÜHRER

Posted on 11 febrero, 2014

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HITLER DISCURSOSería erróneo considerar exclusivamente, o incluso principalmente, las acciones de Hitler como el origen de la radicalización continuada del régimen. Hitler era la pieza clave del “sistema”, el único vínculo en común entre las diversas partes que lo componían. Pero, por lo general, su presencia directa  no fue necesaria para incitar la radicalización. Lo que parece crucial, por lo tanto, es al forma en que la “autoridad carismática” funcionó en la práctica para disolver cualquier entorno de gobierno “racional” que pudiera haber actuado a modo de obstáculo y para estimular la radicalización aportada por otros, sin la clara dirección de Hitler.

Podría decirse que la posición “carismática” de Führer que desempeñó Hitler tuvo una triple función: unificadora, activadora y facilitadora del Tercer Reich.

Como unificadora, la “idea” incorporada a la figura casi divinizada del Führer fue lo bastante imprecisa, pero lo bastante dinámica como para actuar a modo de vínculo no sólo con las facciones beligerantes del movimiento nazi, sino también, hasta que fue demasiado tarde para liberarse de la aciaga evolución, con las élites nacional-conservadoras no nazis de la burocracia del ejército, la economía y el Estado. Ofrecía, además, el principal puntal de apoyo popular para el régimen (dando repetidamente a Hitler una base plebiscitaria para sus acciones) y un denominador común en torno al cual podía centrarse un consenso subyacente en la política nazi.

Como activadora, la “visión” personificada por Hitler sirvió de estimulante para que entraran en acción los diversos organismos del movimiento nazi, donde las energías reprimidas y las expectativas sociales no cumplidas pudieron satisfacerse mediante el activismo llevas a cabo en nombre de Hitler, para conseguir los objetivos del líder y del partido. Pero más allá del movimiento, estimuló también iniciativas dentro de la burocracia del Estado, la industria y las fuerzas armadas, y entre profesionales como maestros, médicos o abogados, colectivos donde el tema de la “redención nacional” podía ofrecer una puerta abierta a la materialización de ambiciones albergadas desde mucho tiempo atrás y que se consideraba que el “sistema” de Weimar había retrasado o impedido. En todos estos sentidos, la “visión” utópica aglutinada por el Führer –indefinida y en gran parte indefinible- proporcionó “pautas para la acción” a las que el “empujón” voluntario de una amplia variedad de organismos del régimen, a menudo en competencia entre sí, otorgó un significado concreto y un contenido específico. El organismo más importante, más vigoroso y más estrechamente relacionado con los imperativos ideológicos de Hitler fue, por supuesto, las SS, donde la “idea” o “visión” ofreció el ámbito necesario para albergar nuevas iniciativas en una dinámica incesante de discriminación, represión y persecución.

Como facilitadora, tal vez su faceta más importante, la autoridad de Hitler ofreció respaldo implícito y dio su aprobación a aquellos cuyas acciones, por muy inhumanas que fueran, por muy radicales que fueran, se ubicaban dentro de la general y vaga área de influencia ideológica que fomentaba los objetivos del Führer. Construir una “comunidad nacional”, preparara el enfrentamiento con el bolchevismo, purificar el Reich de sus enemigos políticos, biológicos o raciales, y expulsar a los judíos de Alemania, ofreció vía libre a iniciativas que, a menos que fueran inoportunas o contraproducentes, tenían más o menos garantizada su aprobación desde arriba. El derrumbamiento de los estándares civiles que se inició en la primavera de 1933, y la radicalización vertiginosa de la discriminación y la persecución que le siguió, no sólo avanzaron sin trabas, sino que además encontraron siempre la legitimación por parte de la más elevada autoridad del territorio.

(Ian Kershaw: Hitler, los alemanes y la solución final, La Esfera de los libros, 2009, pags. 82 a 84)

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