HITLER, LOS ALEMANES Y LA SOLUCIÓN FINAL: LA DEMAGOGÍA DE HITLER

Posted on 16 febrero, 2014

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adolph_hitler_eva_braunEl único componente “social” de la “idea” consistía en acabar con la sociedad de clases dividida entre una burguesía nacionalista, aunque presuntamente debilitada y “decadente”, y un proletariado socialista “contaminado por el marxismo”, para fusionar nacionalismo y socialismo y superar los antagonismos de clase entre los que “trabajan  con la cabeza” y los que “trabajan  con las manos”, estableciendo una “comunión de lucha”. Se dejaba ver que ello generaría el nuevo espíritu, que a su vez garantizaría el éxito de la “lucha por la existencia” del pueblo.

Una y otra vez, Hitler declaró que no estaba interesado en la política y los asuntos del día a día. De hecho, lo que formulaba eran objetivos lejanos. Con esta coyuntura, tales objetivos tenían seguramente un significado más visionario, o metafórico incluso, para su público, alejado de cualquier base real. (…)

Naturalmente, Hitler no sabía qué decir sobre lo que sucedería exactamente cuando se alcanzara el utópico objetivo final. (…)

Lo que Hitler tenía que ofrecer en contraste con otros líderes völkisch era una visión ideológica absolutamente inalterada y sólidamente ajustada. Era una visión que derivaba de su poder y su persuasión precisamente por su simplicidad, su consistencia interna y su envergadura: un carácter global que aparentemente integraba elementos contrarios y contradictorios. Hitler combinaba la convicción de un creyente fanático con un talento demagógico sin precedentes en el terreno del nacionalsocialismo. (…)

Recurrió, por supuesto, de una forma maestra y bastante consciente, a los instintos más básicos de su público. En su discurso ofrecido en el Club Nacional de Hamburgo declaró que las masas no querían ideas intelectuales; que lo que deseaban era una fe, porque “las amplias masas de gente son ciegas y estúpidas y no saben lo que se hacen (…). Las masas tienen una visión primitiva. Lo que prevalece es el sentimiento de odio” (…)

(Ian Kershaw: Hitler, los alemanes y la solución final, La Esfera de los libros, 2009, pags. 102 a 104)

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