HITLER, LOS ALEMANES Y LA SOLUCIÓN FINAL: ¿QUIÉN FUE RESPONSABLE DEL INICIO DEL GENOCIDIO?

Posted on 27 febrero, 2014

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GREISER Y KOPPE¿De dónde salió la iniciativa para empezar la matanza? ¿De Berlín o del Warthegau? En un juicio celebrado después de la guerra, quedó aceptado que las órdenes para el “reasentamiento” (es decir, para los asesinatos) de los judíos del gueto de Lodz hacia el campo de exterminio de Chelmno llegaron directamente de la Oficina Principal de la Seguridad del Reich en Berlín, y desde allí fueron enviadas a la oficina de la Gestapo en Lodz. Aun siendo esto cierto, podría estar también en consonancia con una petición originada en el Warthegau y luego sancionada por Berlín. (…) Si las órdenes se transmitieron diretametne desde Berlín a Lodz, debieron ser subsidiarias de una decisión inicial de empezar el genocidio en el Warthegau con el exterminio de los judíos no aptos para trabajar. Y el equilibrio de probabilidades apunta hacia considerar que los impulsos iniciales se originaron en el Warthegau, no directamente en Berlín. La aparición de la “solución” genocida en el Warthegau se corresponde exactamente con las semanas en las que las autoridades tenían que afrontar la recepción de 20.000 judíos, aceptados con las protestas de las autoridades locales de Litzmannstadt. Con el colapso de la esperanza de deportar a los judíos de su propia provincia, la obligación de recibir a los procedentes de Alemania y el fracaso en la búsqueda de una ruta de salida a los mismos, la política antijudía del Warthegau entró más profundamente en un callejón sin salida.

Las matanzas eran una alternativa. Y como se recordará, en un momento tan temprano como julio de 1941 ya constituía una posibilidad que la élite gobernante del Warthegau se había planteado seriamente. Con el traslado de la unidad especial de Lange, en el otoño de 1941 se contaba ya con los medios que en julio aparecían mencionados en el informe de Höppner como “ideas fantasiosas”. (…) Fuera cual fuese el papel jugado por las autoridades de la policía de seguridad en Lodz y Posen, el papel protagonista lo tuvo con casi toda seguridad el jefe de los servicios de seguridad, mayor de las SS y jefe de policía, Wilhelm Koppe.

La versión de Koppe sobre su implicación en el surgimiento de una “solución” genocida fue la que dio a lo largo de su juicio, que tuvo lugar en Bonn en 1960. En él se describió como el atormentado receptor de las órdenes de Berlín. Excusas aparte, el relato tiene que se tratado con cautela. (…)

En cualquier caso, un año antes de que se iniciaran las matanzas de judíos, Koppe estaba al mando de la unidad de Lange. Posteriormente, cuando fue rebautizado el Sonderkommando Kulmhof (el nombre que los alemanes dieron a Chelmno) y puesto bajo el mando de un nuevo líder, Hans Bothmann, Koppe conservó el control general de las cuestiones de personal y económicas de la unidad, delegando los temas prácticos del día a día de la unidad en el despacho de Damzog. En el verano de 1941, Koppe estaba dentro del círculo de receptores (…) de los “Informes de Hechos” (Ereignismeldungen) que detallaban explícitamente las matanzas de judíos en la Unión Soviética. Conocía, por lo tanto, los estragos que había causado el Einsatzgruppen en Rusia y, naturalmente, conocía de primera mano las gasificaciones de pacientes mentales en los territorios polacos anexionados (pues había “prestado” el Sonderkommando Lange para ese propósito). Conocía, tal y como demuestra su testimonio, los experimentos de Brack con técnicas de asesinato en masa mediante gas venenoso. No cabe duda de que estuvo implicado en las deliberaciones que dieron lugar al informe de Höppner de julio de 1941. En todos los sentidos, pues, estaba en sintonía con el pensamiento progresivamente radical sobre la posible “solución a la Cuestión Judía” que reinaba en los altos escalafones de las SS y en los cuarteles generales de la Seguridad del Reich en Berlín.

Es evidente que el mando regional de al policía de seguridad jugó un papel importante en la acelerada aplicación de una política de genocidio en el Warthegau. ¿Pero dónde encaja Arthur Greiser, jefe supremo del Warthegau, gobernador del Reich y gauleiter, en la decisión de pasar al genocidio más absoluto? A pesar de la afirmación de Koppe de que Greiser estaba desempeñando indolentemente una “orden del Führer” impuesta sobre el Warthegau desde Berlín, las evidencias sugieren, de hecho, que la petición para empezar a matar a los judíos vino directamente de Greiser. (…) Queda claro que Greiser contactó directamente con Himmler en diversas ocasiones para tratar sobre Chelmno y el Sonderkommando que allí operaba. GREISERY cuando, después de un final temporal de las matanzas, el trabajo del Sonderkommando se reinició a principios de 1944, fue a partir de un acuerdo alcanzado entre Himmler y Greiser, en el cual, parece claro, la iniciativa la llevó este último. El papel de Greiser puede adivinarse también a partir de las referencias a la matanza de judíos de mediados de 1942. Un informe de la Gestapo de Lodz de junio de 1942 apuntaba que “todos los judíos no aptos para trabajar” tenían que ser “evacuados” –un eufemismo por liquidados- “según las instrucciones del gauleiter”. (…) Greiser, en su carta de 1 de mayo de 1942, pedía la aprobación de Himmler para otra iniciativa: la utilización del Sonderkommando, directamente después de la “acción judía”, para liquidar a 35.000 polacos del Gau que sufrían una tuberculosis incurable. (…) La respuesta de Brandt a Koppe apuntaba que había sometido a la opinión de Heydrich la sugerencia de Greiser, pero que “la última palabra en esta materia debe tenerla el Führer”. (…) El jefe de seguridad del Warthegau, Koppe, preparó el terreno para la aprobación de la “acción de la tuberculosis” y probablemente hizo lo mismo con respecto a la “iniciativa” para los judíos. No puede demostrarse, pero parece claramente posible, que la sugerencia inicial viniera de él. (…) Parece inconcebible que la matanza de los judíos pudiera haberse decidido sin un equivalente a una autorización general de Hitler. Pero también parece claro que, como en el caso de la tuberculosis, todo lo que se le habría requerido a Hitler sería su autorización para la implementación de iniciativas originadas por otros. (…)

En cuanto a la aplicación del genocidio en el Warthegau, puede llegarse a la conclusión de que la responsabilidad sobre las cuestiones de personal y económicas relacionadas con el Sonderkommando en Chelmno recayeron sobre el SS mayor y jefe de la policía Koppe, habiéndole sido delegadas por el inspector de la policía de seguridad y la SD, Damzog, mientras que la responsabilidad general estuvo en manos del gobernador del Reich y gauleiter Greiser que operó con permiso del Reichsführer SS Himmler y del jefe de la seguridad del Reich Heydrich, con la autorización general para actuar como considerara conveniente de Hitler en persona.

(Ian Kershaw: Hitler, los alemanes y la solución final, La Esfera de los libros, 2009, pags. 136 a 147)