HITLER, LOS ALEMANES Y LA SOLUCIÓN FINAL: EL POGROMO DE GUNZENHAUSEN

Posted on 4 marzo, 2014

0


GUNZENHAUSENEl conflicto político de Gunzenhausen –una pequeña ciudad de provincias de 5.600 habitantes en 1933, de los cuales 184 eran judíos- fue particularmente amargo antes de la toma del poder, pues el partido nazi local –según los comentarios de funcionarios en las investigaciones que se llevaron a cabo después del pogromo- había ido acumulando el odio contra los judíos de la ciudad que, apoyados por “una cierta falta de carácter de un amplio sector de la población del municipio de Gunzenhausen”, había respaldado a los socialistas y comunistas y había incitado sentimientos contra el NSDAP incluso después de la subida al poder. Los meses siguientes estuvieron salpicados por una serie de estallidos de violencia, puestos en marcha y ejecutados por una dirección local de las SA especialmente infame, de modo que en marzo de 1934, según la propia interpretación de las SA, “el estado de ánimo de la población de Gunzenhausen había alcanzado tal punto álgido que el menor incidente bastaba para incitar una manifestación contra los judíos”. El incidente del Domingo de Ramos de 1934, que convirtió la pequeña ciudad en un infierno de odio asesino contra sus habitantes judíos, se produjo después de que un joven líder local, Kurt Bär, junto con otros hombres de las SA, entraran en una taberna dirigida por una pareja judía, los maltrataran y los “arrestaran”, y pegaran gratuitamente y lesionaran a su hijo. Bär se dirigió a continuación a la muchedumbre que había empezado a congregarse en el exterior con un discurso cargado de odio en el que calificó a los judíos de “nuestros enemigos mortales” que “crucificaron a Nuestro Señor en la Cruz” y eran “culpables de las muertes de dos millones de personas durante la Guerra Mundial y de los cuatrocientos muertos y diez mil heridos graves durante el Movimiento”. Habló también de chicas inocentes que habían sido violadas por judíos. El discurso fue escuchado por unas doscientas personas. Fue lo que incendió la llama que llevaría al pogromo casi medieval que siguió a todo aquello. En grupos de entre cincuenta y varios centenares de personas, los habitantes de Gunzenhausen vagaron durante dos horas por las calles de la ciudad, yendo de un hogar judío a otro y gritando “los judíos deben irse”. Con gran brutalidad, unos 35 hombres y mujeres judíos fueron transportados a la cárcel local, donde algunos fueron gravemente maltratados por Kurt Bär. Un judío fue encontrado ahorcado en un cobertizo, otro se apuñaló en el corazón antes de caer en manos de la chusma alborotada. Se dijo que entre 1.000 y 1.500 personas tomaron parte del pogromo. Si, sin duda alguna, los cabecillas fueron hombres de las SA, queda claro que en este caso un número considerable de personas no pertenecientes al partido tomaron también parte de la salvaje orgía de violencia. Fue, de todas maneras, un caso único incluso en la Franconia Central: “En ningún otro distrito administrativo de los cincuenta y tres que pertenecen a mi región gubernamental se ha producido una secuencia de infracciones como la que tuvo lugar en Gunzenhausen”, escribió el presidente del gobierno Hofmann al ministro bávaro del Interior después del pogromo. Atribuyó con claridad la peculiarmente tensa situación de Gunzenhausen, donde se habían producido al menos ocho incidentes más o menos violentos entre la toma del poder y el pogromo, a la agitación del comisionado especial, SA-Obersturmbannführer Karl Bär (tío del Kurt), “quién no tiene ningún sentido de la disciplina y el orden”

(Ian Kershaw: Hitler, los alemanes y la solución final, La Esfera de los libros, 2009, pags. 266-268)

Etiquetado: ,