HITLER, LOS ALEMANES Y LA SOLUCIÓN FINAL: EL CAMINO HACIA AUSCHWITZ

Posted on 8 marzo, 2014

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HITLER CARDENALLa opinión popular sobre la Cuestión Judía formó un amplio espectro que iba desde los paranoicos hostigadores de judíos en un extremo, sin duda una pequeña minoría; pasando por una amplia franja de la población con prejuicios y antisemitismo latentes, que, influida en diversos niveles por la virulencia de la propaganda nazi, aceptó las restricciones legales impuestas sobre los judíos equivalentes a exclusión económica y ostracismo social, aunque rechazando la flagrante y descarada falta de humanidad de los hostigadores de judíos; y finalmente, hasta otra minoría, imbuida por un sentido moral profundamente cristiano o liberal-humanitario, cuyo sistema de valores proporcionó la barrera más efectiva contra la doctrina nazi de odio racista.

La maquinaria de propaganda nazi no tuvo éxito en su intento de infundir al pueblo alemán un odio dinámico y pasional hacia los judíos. Excepto en ocasiones aisladas, cuando se encontraron frente a frente con la Cuestión Judía, la ocasión más evidente después del pogromo de 1938, los alemanes apenas pensaban en los judíos. El constante aluvión de propaganda no consiguió convertirlos en ele objeto de odio de los alemanes, simplemente porque era un asunto que les parecía básicamente abstracto, académico y sin nada que ver con sus problemas diarios. El resultado fue, en su mayor parte, una falta de interés generalizado por la Cuestión Judía. Pero entre la apatía y el desinterés generalizado, el odio “dinámico” de unos pocos, entre los que se contaban algunos líderes del Tercer Reich y entre ellos el mismo Führer, consiguió prosperar. Los que odiaban a los judíos de forma “dinámica” eran un pequeño porcentaje de la población; pero los amigos activos de los judíos constituían un grupo más pequeño si cabe. (…) Las divisiones de opinión, incluyendo el antisemitismo latente generalizado, quedaban reflejadas hasta en las iglesias. Pro la negativa de las jerarquías eclesiásticas, por los motivos que fuese, a oponerse a la falta de humanidad hacia lo judíos durante la década de 1930, mientras por otro lado estaban combatiendo también, a menudo con dureza y con éxito, las medidas contrarias a la Iglesia impuestas por los nazis, impidió cualquier posibilidad de que el antisemitismo se convirtiera en un problema.

En lo que los nazis tuvieron más éxito fue en la despersonalización del judío. (…) La despersonalización aumentó la ya existente indiferencia generalizada de la opinión popular alemana y constituyó una fase intermedia vital entre la violencia arcaica del pogromo y la aniquilación “en cadena” de los campos de la muerte.

Sería ir demasiado lejos negar al antisemitismo la “función objetiva” de alejar a la población de los graves problemas socioeconómicos y, especialmente, de trasladar la energía seudorevolucionaria hacia objetivos aparentemente realizables, que a su vez podían mantener viva la visión utópica de un “Nuevo Orden” europeo dominado por Alemania. En este sentido, quizá, podría hablarse de que el antisemitismo actuó como elemento integrador. Aunque esto fue principalmente dentro de las filas del movimiento nazi, y por encima de todo, dentro de las SS. (…)

(…) Pero la función ideológica del antisemitismo con respecto a la mayoría de la población consistió, como mucho, en reforzar el sentimiento de identidad alemana y de conciencia nacional, asociando a los judíos con el bolchevismo y la plutocracia y caricaturizando el carácter no alemán de la comunidad judía. (…)

(…) La opinión popular, mayoritariamente indiferente e imbuida de un antisemitismo latente fomentado aún más por la propaganda, proporcionó el clima necesario para que la agresividad creciente de los nazis hacia los judíos pudiera ir avanzando sin que nada la desafiara. Pero no provocó la radicalización. El odio fue lo que construyó el camino hacia Auschwitz, y la indiferencia lo que lo pavimentó.

(Ian Kershaw: Hitler, los alemanes y la solución final, La Esfera de los libros, 2009, pags. 316-319)