HITLER, LOS ALEMANES Y LA SOLUCIÓN FINAL: LA OPINIÓN POPULAR Y EL EXTERMINIO DE LOS JUDÍOS EN BAVIERA

Posted on 12 marzo, 2014

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MUNICH SINAGOGAEl exterminio de los judíos de Baviera después de la Noche de los Cristales Rotos refleja con mucha precisión el de los judíos de otras partes del Reich. A principios de la guerra, después de la emigración masiva y acelerada que tuvo lugar como consecuencia del pogrom, unos diez mil judíos, menos de un tercio de la población judía en 1933, seguían en Baviera, excluyendo el Palatinado.

El aislamiento social de estos judíos fue completo durante los primeros años de guerra. (…) los marginados perseguidos se desplazaron en busca de la seguridad algo mayor que proporcionaban las comunidades judías de las ciudades grandes como Múnich, Nuremberg, Augsburgo y Wurzburgo. Como continuación de la ley de 30 de abril de 1939, que prohibía a judíos y no judíos compartir el mismo bloque de pisos, el aislamiento social aumentó con la creación de “casas judías” y la formación de guetos en las grandes ciudades. (…)

La descripción de los judíos como los parias de la “Comunidad Nacional” encontró su expresión simbólica en septiembre de 1941 con la introducción de la obligatoriedad de lucir la estrella de David amarilla. Sólo quedaba ya su eliminación física de la vista de los alemanes. Y no tardó mucho en llegar. Las primeras deportaciones de 1820 judíos a Riga desde los puntos de concentración de Múnich, Núremberg y Wurzburgo tuvieron lugar a finales de noviembre de 1941. a esto le siguió, en la primavera de 1942, la deportación de cerca de 3000 judíos hacia la zona de Lublin, en Polonia, y durante el resto de 1942 y la primera mitad de 1943, 3500 judíos fueron transportados a Auschwitz y (la mayoría) a Theresienstadt. En total, 8376 judíos fueron deportados de Baviera, casi todos ellos en septiembre de 1943. (…)

Por extraño que pueda parecer, la Cuestión Judía no despertó el mínimo interés en la inmensa mayoría de los alemanes durante los años de la guerra en los que los asesinatos en masa de los judíos estaban teniendo lugar en los territorios ocupados. Las evidencias, aunque mucho menos abundantes en los años de la guerra que en el periodoprevio a la misma, no permiten llegar a otra conclusión.

Por encima de todo, la guerra parece haber animado una “retirada a la esfera privada” con respecto a al opinión política en general y al tema judío en particular. (…) bajo las crecientes presiones de la guerra, las preocupaciones sobre los familiares que estaban en el frente, el miedo a los bombardeos y la tensión cada vez mayor de la existencia diaria, era poco probable que la preocupación o el interés por un grupo social minoritario ocupara puestos muy prioritarios. Más aún, los judíos, una minoría en general poco estimada, estaban, como acabamos de ver, prácticamente aislados del resto de la sociedad alemana. Para la mayoría, “el judío” había pasado a ser una imagen completamente despersonalizada. (…)

(…) no cabe duda de que las condiciones para la minúscula minoría de ellos se deterioraron de manera drástica después de la invasión de Rusia en junio de 1941. aparte de la introducción de la estrella amarilla en septiembre, toda una nueva serie de restricciones en otoño les privaron de teléfonos, periódicos y cartillas de racionamiento para conseguir carne, leche, pescado, pan blanco y muchos más productos de consumo. (…)

(…) Casi con toda seguridad, los que condenaron el decreto de la estrella amarilla fueron una minoría, igual que aquellos que elogiaron abiertamente el etiquetado público de los judíos. Para la mayoría de la población, el decreto pasó sin dar lugar a comentarios, y muy probablemente, casi desapercibido.

Al parecer, las deportaciones, iniciadas en el otoño de 1941, tampoco despertaron mucha atención entre la población no judía. Los informes no mencionan reacciones y limitan sus comentarios a un frío y objetivo relato de las “evacuaciones”.  (…)

(…) Es probable que la mayoría pensase poco y preguntase menos sobre lo que estaba sucediéndoles a los judíos en el este. Éstos estaban lejos de la vista de todo el mundo, y literalmente fuera de la cabeza de la mayoría. Pero existen evidencias incontrovertibles de que el conocimiento de las atrocidades y los fusilamientos en masa de los judíos en el este estaba bastante extendido, mayoritariamente en forma de rumor transmitido a casa por los soldados que regresaban de permiso. (…) Los detalles concretos se desconocían, pero el conocimiento de que con los judíos estaban sucediendo cosas horribles era suficiente para una población ya preocupada sobre posibles represalias del enemigo en el caso de que Alemania perdiese la guerra, como el presidente del gobierno de Suabia señaló en noviembre de 1942 ante “un rumor más sobre el destino de los judíos conducidos al este”. Un mes después, un informe de la SD de la Franconia central decía:

Una de las más importantes causas de malestar en los círculos vinculados a la Iglesia y en la población rural en este momento son las noticias de Rusia en las que se habla del fusilamiento y el exterminio (Ausrottung) de los judíos. Esta comunicación suele dejar gran ansiedad y preocupación entre estos sectores de la población. Según la opinión muy extendida entre la población rural, no es del todo seguro ahora que vayamos a ganar la guerra y si los judíos regresan de nuevo a Alemania, ejercerán contra nosotros una venganza igualmente terrible.

Un sacerdote católico de la misma localidad se refirió también directamente al exterminio de los judíos en un sermón de febrero de 1943. Se informa que dijo que Jesús era descendiente de judíos y que, por lo tanto, no era “correcto que la comunidad judía fuese perseguida o exterminada (ausgerottet), pues la fe católica estaba basada en lo mismo”.

(…)

Los  comentarios registrados sobre el asesinato de judíos se refieren casi invariablemente a los fusilamientos en masa llevados a cabo por el Einsatzgruppen, que en muchos casos fueron presenciados por miembros de la Wehrmacht. Las gasificaciones, tanto en unidades móviles como en los campos de exterminio, fueron llevadas mucho más en secreto y tuvieron poco eco dentro de Alemania, tal y como ratifica la prácticamente completa ausencia de documentos que hagan mención de ellas. Incluso así, el silencio no era total. Los rumores circulaban, tal y como demuestran los dos casos del “Tribunal Especial” de Múnich, fechados en 1943 y 1944, haciendo referencia a la gasificación de judíos en furgones de gas móviles. En el primer caso, una mujer de mediana edad de Múnich admitió haber dicho en otoño de 1943: “¿Se creen entonces que nadie escucha los noticiarios extranjeros? Han obligado a subir a un furgón a mujeres y niños judíos, los han llevado lejos de la ciudad y los han exterminado (vernichtet) con gas”. Por estos comentarios, realizados a la madre de su vecina, y por otros descalificatorios sobre Hitler, la mujer fue sentenciada a tres años de cárcel. En el otro caso, un trabajador de una empresa de mudanzas de Augsburgo fue inculpado por haber declarado en septiembre de 1944 que el Führer era un asesino en masa que obligaba a los judíos a subir a un furgón y los exterminaba con gas.

(…)

Durante los últimos dos años de guerra, y pese al aluvión incesante de propaganda sobre el tema, el “grueso” de los alemanes “de a pie” se preocupó menos que nunca por la Cuestión Judía. Hacia mediados de 1944, sólo quedaban en Baviera 1084 judíos, y en el total de Alemania menos de 15.000. Aunque los eslóganes sobre los judíos como enemigos del mundo continuaban bombardeando a los jóvenes alemanes, los propagandistas del partido estimaron que cientos de miles de ellos apenas estaban ya en posición de saber “qué es el judío”. Mientras que la generación de más edad lo conocía por propia experiencia, el judío era para los jóvenes una simple “pieza de museo”, algo que mirar con curiosidad (…) testimonio al mismo tiempo del avance del antisemitismo abstracto, y de la dificultad para mantener con vida el odio hacia una abstracción. Ser antisemita en la Alemania de Hitler era tan normal que pasaba prácticamente desapercibido. Y la marca distintiva de la actitud antisemita superó la vida del Tercer Reich, detectándose en distintos niveles de intensidad en tres quintas partes de los alemanes en zona norteamericana preguntados al respecto en 1946 por las encuestas de opinión de las fuerzas de ocupación.

(…)

Y aún así, sería un craso error de exceso de simplificación atribuir única y exclusivamente a la paranoia ideológica criminal de Hitler, Heydrich y las pocas otras personalidades destacadas del Tercer Reich la implementación de las políticas que llevaron hasta los campos de la muerte. La Solución Final no habría sido posible sin los pasos progresivos que fueron excluyendo paulatinamente a los judíos de la sociedad alemana y que tuvieron lugar delante de todo el mundo (…) En el fondo, por lo tanto, el odio dinámico délas masas no era necesario. Su latente antisemitismo y su apatía bastaron para permitir que el cada vez más “dinámico” odio criminal del régimen nazi disfrutara de al autonomía necesaria para poner en marcha el Holocausto.

(Ian Kershaw: Hitler, los alemanes y la solución final, La Esfera de los libros, 2009, pags. 321-339)