L’UNIVERS CONCENTRATIONNAIRE: EL ODIO EN LA MENTALIDAD SS

Posted on 1 mayo, 2014

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Johann Baptist Eichelsdoerfer, oficial de las SS y comandante del campo de Kaufering IV, de pie entre los cadáveres de prisioneros de su campo (abril de 1945). Fuente: USHMMLa haine insensée qui préside et commande toutes ces entreprises est faite du spectre de toutes les rancœurs, de toutes les ambitions mesquines déçues, de toutes les envies, de tous les désespoirs engendrés par l’extraordinaire décomposition des classes moyennes allemandes dans cet entre-deux-guerres. Prétendre y découvrir les atavismes d’une race, c’est précisément faire écho à la mentalité SS. Chaque catastrophe économique, chaque effondrement financier, et des pans entiers de la société allemande s’écroulent. Des dizaines de milliers d’êtres sont arrachés aux formes d’existence traditionnelles qui sont physiquement les leurs et condamnés à une mort sociale qui est avilissement et torture pour eux. Le cadavre des croyances, la hantise des conforts défunts, les horizons intellectuels les plus stables basculés, il ne reste qu’une extraordinaire nudité faite de rage impuissante, de hargne criminelle affamée de vengeances et de revanches.

Le national-socialisme a élevé au niveau des mythes toutes les bassesses libérées par les tremblements de terre de la société allemande. Sa propagande a génialement asphyxié les cerveaux et mobilisé les haines exaspérées. La nécessité de mystifier les masses pour servir les maîtres a conduite la propagande à créer d’étonnantes personnages incarnant tous les désespoirs, se nourrissant de tous les crimes : le communiste, le Juif, le démocrate. C’est une fabuleuse mise en scène d’images d’Épinal qui monte le décor de la mentalité SS. Dans l’effrayante nullité intellectuelle que la mystification impose, les appétits se sont jetés comme des orages sans regards sur ces mannequins dressés dans les ruines et qui avaient au moins l’avantage d’être à la portée de la main. La propagande a jeté dans le monde la passion du lynch. Le lynch réalisé, industrialisé, a créé cet empire étonnant, l’assouvissement d’une foule humiliée et désespérée : les camps de concentration.

(Rousset, David : L’univers concentrationnaire, Hachette, 2008, pag. 119-121)

[El odio insensato que preside y manda todas estas empresas está hecho con el espectro de todos los rencores, de todas las mezquinas ambiciones frustradas, de todas las envidias, de todas las desesperanzas engendradas por la extraordinaria descomposición de las clases medias alemanas en esta entre dos guerras. Pretender descubrir allí los atavismos de una raza es precisamente hacerse eco de la mentalidad SS. Con cada catástrofe económica, con cada hundimiento financiero, un pilar de la sociedad alemana se derrumba. Decenas de millares de seres son arrancados de las formas de existencia tradicionales que son físicamente las suyas y son condenados a una muerte social que los envilece y tortura. El cadáver de las creencias, la obsesión de las comodidades difuntas, puestos patas arriba los horizontes intelectuales más estables, no queda más que una extraordinaria desnudez hecha de rabia impotente, de saña criminal hambrienta de venganzas y de revanchas.

El nacionalsocialismo ha elevado al nivel de los mitos todas las bajezas liberadas por los terremotos de la sociedad alemana. Su propaganda ha genialmente asfixiado los cerebros y movilizado los odios exasperados. La necesidad de mistificar a las masas para servir a los dueños ha conducido a la propaganda a crear sorprendentes personajes que encarnan toda la desesperación, nutriéndose de todos los crímenes: el comunista, el judío, el demócrata. Es una fabulosa puesta en escena de imágenes de Epinal la que levanta el decorado de la mentalidad SS. En la tremenda nulidad intelectual que impone la mistificación, los apetitos se lanzan sin mirar como tormentas sobre esos peleles alzados sobre las ruinas y que tenían al menos la ventaja de estar al alcance de la mano. La propaganda ha arrojado sobre el mundo la pasión del vampiro. El vampiro realizado, industrializado, ha creado este imperio sorprendente, la satisfacción de una masa humillada y desesperada: los campos de concentración.]

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