CONVERSACIONES CON UN VERDUGO: SS-FÜHRERSCHULE M-D

Posted on 2 julio, 2014

0


STROOP IN WIESBADENA veces, en las celdas pequeñas surgen grandes tensiones. La convivencia es tan intensa que, cuando un prisionero pasa por un bache (incluso aunque trate de ocultarlo), el resto reacciona de inmediato con peleas, depresión, tristezas o euforias.

Ese día, la irritación general nos hacía meternos unos con otros, y Stroop, que estaba histérico por la falta de papel higiénico, comparó la prisión con un campo de concentración.

– En el Konzentrationslager Dachau –dijo- a cada prisionero se le proporcionaba un cepillo de dientes, jabón, papel higiénico…

Me sacó de quicio:

-¡Qué cuento es ése! Y se atreve a decirlo en 1949, ahora que se sabe casi todo de sus crímenes en los campos de concentración. ¡Cómo puede comparar aquellos campos con estas prisiones de posguerra!

– Me refiero a los años antes de la Segunda Guerra Mundial, Herr Moczarski. Yo mismo vi en las estanterías de los prisioneros de Dachau cepillos de dientes alineados y papel higiénico en los retretes.

– ¿Por qué estaba allí? ¿Estaba de visita…?

– Nunca serví en esas unidades de la SS –me interrumpió-. Me enviaron desde Hamburgo a la SS-Führerschule [Escuela de dirección de la SS] M-D…

– ¿M-D? ¿Qué es eso?

– Munich-Dachau.

– ¿Por qué se llamaba así?

– Porque la SS-Führerschule estaba en Dachau, cerca de Munich. Como Standartenführer recibí un curso, el tercero consecutivo, entre enero y febrero de 1938. Duró seis semanas. En la escuela me enseñaron el funcionamiento y las instalaciones del campo de concentración, ubicado en esa localidad. En una ocasión visitamos al comandante del Lager. Fue entonces cuando vi los cepillos y el papel higiénico.

– O sea, ¿qué el campo les servía de material didáctico, de escuela-taller?

-¡No! El programa de formación no incluía esos temas.

– ¿Los de arriba consideraron que tenía que perfeccionar sus conocimientos nacionalsocialistas y le enviaron a realizar cursos superiores? –insistí yo.

– Creo que sí. Tenía que estudiar un poco y prepararme para tareas de mayor responsabilidad. La Führerschule tenía esa finalidad. El aislamiento, el ambiente monacal…

– Y cuartelero… -aproveché para añadir.

– ¿Se refiere a la disciplina? ¡Tiene razón! Nos ataban muy corto. En tiempos del Kaiser serví en el Ejército prusiano y allí te inculcaban una disciplina de hierro. Sin embargo, en la escuela de la SS se tomaban todavía más en serio la disciplina a la prusiana, la obediencia y el sentido del orden, más aún que en el ejército de Federico y de Guillermo. Sin duda, era la mejor escuela.

– De todos modos, supongo que aquel régimen académico les anulaba en el plano psicológico.

– ¿Y qué hay de malo en ello? Los uniformes de entrenamiento, sin galones, servían para igualarnos. Gracias a eso, entre otras cosas, reinaba la hermandad entre los alumnos.

– Les hacían sudar la gota gorda y, de ahí, nacía su camaradería. Pero, volviendo a la academia, ¿en qué consistían las clases?

– No teníamos un minuto libre. El programa hacía hincapié en la destreza física, la educación política, la capacidad de liderazgo y en los conocimientos sobre la organización y la administración de la SS. Todo al más alto nivel.

– Excepto la destreza física, supongo, porque tampoco eran ustedes unos jovenzuelos. ¿Cuántos años tenía usted?

– Cuarenta y dos y medio. Ich war damals ein “sztary byk”[Era entonces un toro viejo], como dicen los polacos.

– Desde luego, ya no era un muchacho… ¿Qué materias políticas se impartían?

– Estudiábamos y refrescábamos muchos conocimientos. Pero se trataba, sobre todo, de profundizar nuestros conocimientos de Mi lucha, el Mito del siglo XX de Rosenberg, así como obras sobre las razas y el campesinado de Walter Darré. Las conferencias y seminarios incluían, entre otras materias, la biografía de Adolf Hitler, doctrina nacionalsocialista, un curso ampliado de historia del NSDAP y teoría del racismo.

(Kazimierz Moczarski: Conversaciones con un verdugo. En la celda del teniente general de la SS Jürgen Stroop. Alba Editores, 2008, pag. 127-129)