CONVERSACIONES CON UN VERDUGO: LA CUESTIÓN JUDÍA

Posted on 7 julio, 2014

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STROOP GHETTONo fue sino bastante tarde, al cabo de seis meses de compartir la celda –a principios de octubre de 1949-, cuando empezamos a hablar de la liquidación del gueto de Varsovia y de la cuestión judía de forma más extensa y detallada. Seguíamos los tres en la celda (Stroop, Schielke y yo). Ya nos conocíamos bastante bien. Opinábamos libremente y sin tapujos de muchos temas, a veces en voz muy baja. A pesar de ser tan diferentes, los tres respetábamos la ley carcelaria del silencio.

Stroop sabía que los polacos habían tenido acceso al extenso informe que había elaborado sobre la liquidación del gueto de Varsovia y era consciente de la gravedad de los hechos que pesaban contra él. Sin embargo, no estaba dispuesto a hablar con detalle de su participación en la solución de la cuestión judía y, a veces, se mostraba temeroso cuando se trataba el tema en profundidad. Al mismo tiempo, no sabía resistir la tentación de hablar de este asunto. Creo que sentía la necesidad de escupir  parte de sus “meditaciones carcelarias” (ésa es la expresión que utilizábamos), su desazón, sus dudas, sus pensamientos depresivos, sus amarguras y el peso de sus cuestiones “confidenciales” o de sus secretos (verdaderos o fingidos). Le ayudamos a “escupir”. Supongo que Schielke lo hacía por saciar su curiosidad y para combatir el aburrimiento carcelario. Yo, tal y como he descrito en el capítulo primero, lo hacía, sobre todo, para “averiguar la verdad más completa posible sobre Stroop y su vida”; por lo tanto, le tiraba de la lengua por interés personal.

Nuestras conversaciones “judías” se desviaron por diferentes vericuetos. Muy a menudo Stroop hablaba por iniciativa propia. A veces éramos nosotros los que le provocábamos para que nos hiciera confidencias. En algunos casos la discusión tenía un tono moderado, filosófico; en otros, había tensión, bronca y gruñidos, cuando le hacíamos preguntas inesperadas, o nos comportábamos como policías o jueces de instrucción. Pero eso ocurría en contadas ocasiones.

En estos capítulos dedicados a la Grossaktion in Warschau seré incapaz de transmitir la riqueza de los artificios retóricos, las digresiones y las refriegas verbales qu se desplegaron en nuestras discusiones. Si lo hiciera, desviaría la atención del lector del tema principal de este relato, la sucesión de acontecimientos protagonizados por Jürgen Stroop en abril y mayo de 1943 cuando mató a 71.000 judíos polacos y convirtió un barrio de mi ciudad en un desierto plagado de escombros. Por esa razón, he puesto en orden en el relato de Stroop, aunque sin añadirle adornos.

(Kazimierz Moczarski: Conversaciones con un verdugo. En la celda del teniente general de la SS Jürgen Stroop. Alba Editores, 2008, pag. 195-196)