CONVERSACIONES CON UN VERDUGO: RESISTENCIA JUDÍA EN GALITZIA

Posted on 14 julio, 2014

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UCRANIANOSLos fugitivos judíos que habían sobrevivido a la liquidación, parcialmente fallida, de los guetos de las ciudades y pequeñas localidades de Galitzia, le causaban bastantes problemas a Katzmann. Muchos judíos se escondieron en los bosques y se unieron a los partisanos polacos. Tenían armas suficientes. Se las compraban a nuestros aliados, a los soldados italianos y húngaros. Estas bandas de los bosques eran bastante molestas para nosotros. El terreno donde combatían era difícil: colinas, montañas, bosques grandes y pequeños. Además, la intelligentsia polaca, la burguesía y el clero católico conseguían ayudar a muchos judíos. Los campesinos les cedían sus cobertizos, sus sótanos y sus almiares. Hubo incluso campesinos ucranianos que ayudaron a los judíos, aunque, la Halitchina (aquí Stroop pronunció la palabra en ucraniano), en principio, colaboraba con nosotros en la acción de liquidación de los judíos y tampoco trataban bien a los polacos. ¡En ese distrito el desbarajuste no se acababa nunca! Y el peligro era constante.

Una vez viajé a Rawa Ruska para visitar el cuartel general de nuestras unidades, que combatían contra las bandas polaco-judías en esa región. El SS-Sturmbannführer que estaba al mando me contó las dificultades que tenían. Llegué a la conclusión de que nuestras fuerzas eran insuficientes en número para acabar con un adversario tan astuto y decidido. De regreso a Lviv, dispararon a mi coche desde el bosque.

La situación en el distrito de Galitzia me permitió sacar la conclusión de que la primera fase de la neutralización de los judíos había sido relativamente fácil. Simplemente se les metía en sacos como a pollos. Las masas pasivas no sólo iban por su propio pie al matadero, sino que, además, impedían la acción de los elementos activos. Esos judíos activos, organizados incluso, no podían hacerse con esas muchedumbres asustadas e histéricas, no controlaban la situación y a menudo morían arrastrados por las masas. En cambio, la segunda fase había sido mucho más difícil. Los fugitivos son personas muy decididas, temerarias, fuertes e ingeniosas. Ofrecían una resistencia encarnizada. Estaban bien pertrechados y, a menudo, habían estudiado previamente las rutas de ataque y de retirada.

Además, saqué otra lección de Lviv –siguió explicando Stroop-. Los judíos podían aprender a la perfección las técnicas de los ingenieros y zapadores. Tuve ocasión de analizar su sistema de construcción de búnkeres, fortificaciones, almacenes, señalización y otras instalaciones similares en Lviv, en Rohatyn, Zloczów y en uno del os bosque que los partisanos utilizaban como base. No se imagina usted qué refugios tan estupendos hacían; con sus túneles, sus galerías, sus respiraderos, sus despensas, sus arsenales, sus letrinas y sus escondrijos, e incluso con laberintos para confundir al enemigo. ¡Y qué sistemas de calefacción y ventilación tan ingeniosos! En Rohatyn vi un refugio judío que era una sala subterránea para setenta personas de treinta metros de longitud. Estaba construida con maderos, bloques de hormigón y vigas de hierro y enterrada a bastante profundidad. Estaba tapada con una montaña de dos metros de escombro y de tierra cubierta con césped y flores. Las salidas de ventilación habían sido camufladas con unos inocentes arbustos. Los SS de Katzmann tardaron varios días en conquistar ese búnker. Los defensores judíos estaban decididos a resistir. No había forma de franquear aquella fortaleza. La primera entrada que se encontró era una falsa  de puerta de hierro. Cuando los nuestros la desvalijaron vieron un pasillo. Se internaron por él y, entonces, hubo una explosión. Varios SS resultaron gravemente heridos. Un SS cayó en un hoyo camuflado con una red y se quedó clavado en una estaca. Tuvimos que buscar otras entradas. Parte de la guarnición judía murió tiroteada. Nadie quería entregarse vivo. La mayoría consiguió huir por unos pasadizos subterráneos secretos cuyo trazado conocimos unos días más tarde. Resultó que los judíos habían aprovechado unos túneles medievales utilizados en tiempos pasados por la población para huir de los tártaros.

No se debe menospreciar nunca a esa otra parte minoritaria de los judíos: la elite sionista –Stroop recurría a menudo a ese adjetivo- e intelectual. Sus líderes destacan por su carácter, sus conocimientos, su astucia y su fuerza física.

(Kazimierz Moczarski: Conversaciones con un verdugo. En la celda del teniente general de la SS Jürgen Stroop. Alba Editores, 2008, pag.199-201)