CONVERSACIONES CON UN VERDUGO: PREPARACIÓN DE LA GROSSAKTION DE VARSOVIA

Posted on 18 julio, 2014

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Krüger,_Friedrich-WilhelmEl SS-Reichsfürer me ordenó, de forma breve y marcial, viajar al día siguiente por la mañana a Cracovia par entrevistarme con el jefe superior de la SS y de la Policía del Este, el Obergruppenführer SS y general de la Policía, Friedrich Krüger, antes de seguir mi viaje a Varsovia. Le pedí que me permitiese posponer dos días el viaje, pero Himmler me dijo: “Querido Stroop, todos los asuntos, incluso los más importantes, no son nada al lado de la tarea que le tengo reservada a usted en Varsovia. Ha llegado el momento de la Gran Acción. Vaya usted a ver a Krüger para estar el 17 de abril, sin hacer mucho ruido, en Varsovia. Desde Cracovia llame en secreto a Hahn [jefe de la Policia de Seguridad y del Servicio de Seguridad –SD- en Varsovia]; él se encargará de darle a usted la dirección de su residencia allí”. Además, Himmler me puso al corriente de los detalles confidenciales y personales del alto mando de la SS en Varsovia y me dio poderes muy amplios.

Al día siguiente mantuve una entrevista a solas con Krüger y luego con los especialistas de su estado mayor. Krüger era un tipo inteligente. Era un hombre previsor, cauto y duro, y estaba muy bien informado. Adolf Hitler y Heinrich Himmler confiaban mucho en él. Antes de nuestra llegada al poder, Krüger se encargaba de comprar armas de contrabando apara el NSDAP; era experto en combates callejeros y responsable de adiestrar a la SS en el distrito de Munich.

Estaba claro que Krüger y Hans Frank [gobernador del Gobierno General de Polonia] no se llevaban bien. Había una evidente duplicación de funciones, y también competencia, entre los organismos de al administración de Frank y las estructuras de la SS, la Waffen SS y la Policía. Krüger dependía jerárquicamente de Frank, pero en la práctica actuaba de forma autónoma; en algunas operaciones colaboraba con Frank, pero en otras actuaba contra Frank y, aunque formalmente le demostraba su lealtad, tampoco se esforzaba mucho por guardar las apariencias.

Stroop hablaba despacio, a veces interrumpía el hilo de la narración.

-¿Qué le dijo el Höherer SS-und Polizeiführer Ost, Friedrich Krüger, en Cracovia? –le pregunté.

– Me transmitió las órdenes de Heinrich Himmler. Debía viajar de inmediato a Varsovia para supervisar la deportación de los judíos del gueto. Von Sammern-Frankenegg, que tenía un grado inferior al mío (era SS-Oberführer), estaba allí al mando de la SS y de la Policía. Era un tipo blando, un intelectual del Tirol, doctor en derecho o en filosofía, y le gustaba la buena vida, las mujeres, el alcohol, las juergas…

– Y aumentar sus ingresos… -apostilló Schielke-. Cuando trabajaba en la oficina de Bierkamp en Cracovia, oí hablar de la buena vida que se daba Von Sammern-Frankenegg. Decían que las joyas, las divisas, los abrigos de pieles y la comida salían a raudales del gueto de Varsovia y acababan, sin que nadie más las viera, directamente en su bolsillo y en su boca.

– ¡Eso es mentira! –gritó Stroop-. ¡Los oficiales de la SS no aceptaban sobornos!

– Sin embargo, Von Sammern era un asiduo de un local llamado Adria –tercié yo en la conversación. (Adria había sido, antes de la guerra, una conocida sala de fiestas de Varsovia; durante la ocupación, se convirtió en un local Nur für Deustschen –solo para alemanes-).

Stroop me lanzó una mirada inquisitiva. La aguanté con una sonrisa.

– Supongo, Herr Moczarski, que disponían ustedes de información sobre las juergas de Von Sammern y de los miembros de la Wehrmacht en el Adria. El Polnische Widerstandsbewegung (Movimiento de Resistencia Polaco) tenía un buen servicio de espionaje. En efecto, en nuestra central de Berlín sabían que el Judenrat (Consejo Judío) procuraba apaciguar un poco a la gente de la SS-und Polizeifführer y que el punto de encuentro era el Adria. La astuta mujer del Treuhänder de este local, una mujer alemana, era la persona de contacto. Sin embargo, la debilidad de carácter de Von Sammern era el centro de las críticas que se dirigían contra él. Eso fue lo que me comentó Krüger.

– ¿Llegó usted a Varsovia el 17 de abril?

– Así es. Era sábado. Fui a un local donde nos habíamos citado en secreto. El doctor Ludwig Hahn me envió a Cracovia la dirección de nuestro lugar de encuentro en un telegrama cifrado. Sólo él sabía que yo estaba en Varsovia. (…)

Ludwig Hahn el día de su bodaEn cuanto a Von Sammern, ambos estábamos de acuerdo –continuó Stroop-. El doctor Hahn me leyó una relación ultrasecreta de las irregularidades cometidas por ese tirolés. A mi pregunta de si el SS-Reichführer y Krüger conocían esa lista, Hahn me explicó rápidamente que él “transmitía a la gente de arriba únicamente las informaciones sobre los alemanes que estaban sustentadas por pruebas irrefutables”. En el caso de Von Sammern no todos los cargos estaban documentados. Hahn también aludió vagamente a los contactos y relaciones de Von Sammern con la vieja guardia del NSDAP y la SS. Me dijo cosas que Himmler tan sólo había insinuado. Tenía claro que para retirar de Varsovia a Von Sammern, a “ese niño mimado de Seyss-Inquart [canciller de Austria en 1938 que favoreció la ocupación alemana], había que esperar primero a que cometiera su primer desliz en el ataque al gueto.

(Kazimierz Moczarski: Conversaciones con un verdugo. En la celda del teniente general de la SS Jürgen Stroop. Alba Editores, 2008, pag.203-207)