CONVERSACIONES CON UN VERDUGO: INICIO DE LA GROSSAKTION

Posted on 22 julio, 2014

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Stroop y voluntarios ucranianosAl día siguiente fui a la oficina de Von Sammern en la avenida de Ujazdowskie, entre las calles de Piekna y Chopin. Era domingo. Estaban ultimando los preparativos para l operación contra el gueto prevista para el 19 de abril a las seis de la mañana. Cuando entré en el despacho, Von Sammern parecía desconcertado. Intuía que mi presencia en Varsovia podría interpretarse como un mal presagio para su carrera. No participé en la reunión, porque no quería hacer comentarios y correcciones a un plan de operaciones ineficaz. ¡Ese zorro austriaco, elegante y sibarita, podía continuar con sus estupideces! ¡Cuanto más se equivocara, antes saldría disparado de su sillón de Varsovia!

Von Sammern estaba nervioso, hablaba incoherentemente. Uss colaboradores temblaban. No sabía controlarlos. Me llamó la atención el desbarajuste y la forma que tenían de menospreciar al enemigo. Von Sammern carecía de informaciones fidedignas sobre la fuerza de las organizaciones judías. Además, tras una primera ofensiva, había pensado aplazar la operación para poder seguir haciendo chanchullos un mes más con los industriales alemanes, algunos enchufados de la Wehrmacht y con los judíos ricos.

Di a Von Sammern total libertad para que hiciera sus preparativos y, mientras tanto, me puso en contacto con los responsables de todas las fuerzas de asalto de la Policía y de la SS destacadas en Varsovia y, también, con nuestra gente en la Wehrmacht. Intenté prever el desarrollo de los acontecimientos. Hahn pensaba que la acción duraría mucho más que los tres días previstos, a pesar de lo que había visto en Lviv, jamás pensé que los cálculos de Hahn fueran a ser tan exactos y que la liquidación del gueto se prolongaría hasta los meses de verano. Hahn había analizado todos los aspectos que complicaban la situación. Los que quedaban en el gueto eran los judíos más astutos y, además, se habían dotado de una organización militar y política. Era evidente que iban a ofrecer resistencia; sin embargo, Hahn temía más a los polacos. ¿Qué ocurriría si ayudaban a los judíos? Es verdad que no disponían de mucho armamento, pero siempre podían iniciar una ofensiva. ¿Deberíamos arrasar, en ese caso, toda la ciudad? Reflexioné sobre esta posibilidad y sobre lo que me dijo Hahn de destruir Varsovia y dar motivos a los polacos para luchar: en ese momento habría sido una tontería. Una tontería política y estratégica.

(…)

-Von Sammern inició la operación exactamente a las seis de la mañana del lunes 19 de abril. Sin embargo, se precipitó al ordenar que entraran en acción las unidades de combate. A las cinco de la mañana, quizá incluso a las 4:30, llegaron a las inmediaciones del gueto camiones con los SS, un tanque y varios coches blindados. El estruendo y el ruido que armaron pusieron sobre aviso a los judíos de la inminencia de una gran operación. Quienes estaban en los puestos de observación avisaron al mando general de la organización judía. Además, los amigos de los judíos –el Ejército Nacional, la Delegación del Gobierno polaco en el interior y otros grupos polacos de menor importancia- habrían avisado, seguramente, a los combatientes del gueto de los movimientos de nuestros destacamentos que se dirigían a las entradas del barrio residencial judío recorriendo las calles “arias” de la ciudad. Ya era de día, porque en abril amanece pronto. (…)

(…) En cada minuto estaba au courant de la acción de Von Sammern, que había introducido en el gueto tropas poco numerosas a las seis de la mañana. Sólo ochocientos cincuenta personas y dieciséis oficiales incluyendo la Policía de orden, el Servicio de Seguridad, la Wehrmacht y los askaris [voluntarios de los territorios del este: lituanos, ucranianos, etc.] Los primeros cinco minutos de la operación transcurrieron en calma. Los judíos dejaron que los nuestros se acercaran. Cuando los SS entraron en las calles del gueto y Von Sammern ya pensaba que se iba a dar un paseo primaveral por el gueto, sus fuerzas se encontraron bajo intenso fuego enemigo; era una acción planificada y certera. Después de esta bienvenida, a los nuestros les entró pánico. Sin embargo, ¡los oficiales de Von Sammern seguían, como descosidos, ordenando avanzar a las columnas de soldados! ¡Imagínese que ellos atacaban con grandes destacamentos y encima en formación bastante cerrada! Aquello se convirtió en un infierno. Estalló una mina e hirió a algunos hombres. Los judíos y los “arios” resistían con entusiasmo y orden. A decir verdad, ellos eran los atacantes. Digo judíos y polacos porque comprobamos que había franc-tireurs polacos.

En nuestras primeras conversaciones en la celda, Stroop utilizaba las expresiones “bandidos polacos” y “bandidos judíos”. Debido a mis enérgicas protestas empezó a utilizar el término francés franc-tireur o “AK-mann” [hombre del Ejército Nacional], “AL-mann” [hombre del Ejército Popular, de ideología comunista]y “ZOB-mann” [hombre de la Organización Militar Judía]. Stroop pronunciaba las siglas de la Organización Militar Judía a la alemana.

– Ese idiota de Von Sammern-Frankenegg metió ente las callejuelas y por zonas densamente edificadas un tanque que había sido asignado a la Waffen SS y que había sido capturado en el frente francés y dos vehículos blindados de la SS. Los sublevados judíos –fue la primera vez que Stroop utilizó ese término- dispararon y arrojaron cócteles molotov contra el tanque y los blindados.

– ¿Qué cócteles son ésos? –pregunté.

– Es una botella llena de petróleo y otros líquidos inflamables, que se prende, según creo, con una cinta fosforada que se pone en el cuello del recipiente. Cuando la botella se rompe, se esparcen las llamas.

– Pero ¡si no fue Molotov quien inventó esos cócteles!

– Por supuesto que no. Pero con frecuencia se utilizaban nombres de dirigentes de la Unión Soviética para estas cosas. Según los informes de la Abwehr [Servicio de Inteligencia alemán], los especialistas del AK habían pasado la receta a los judíos. Más tarde, los polacos utilizaron masivamente esos cócteles explosivos en el levantamiento de Varsovia. (…)

En apenas media hora, las tropas de Von Sammern estaban desmoralizadas y fueron derrotadas. El tanque ardió en dos ocasiones y fue neutralizado. Lo mismo ocurrió con uno de los vehículos blindados. Hirieron hasta a doce soldados de Von Sammern; seis granaderos blindados de la SS y la SS-Reiter, así como seis sargentos del batallón de extranjeros de Trawniki.

Empezaron a sonar los teléfonos en mi cuartel general. Llegó el doctor Hahn. Hablé con Krüger tres veces y con Himmler, una. Estaban furiosos. El Reichführer, siempre tan cuidadoso y tan sutil, utilizó en aquella ocasión una cuantas palabras groseras. Dieron orden de que Von Sammern fuera, inmediatamente, relevado del mando y suspendido en sus funciones de SS-und Polizeiführer de Varsovia. Ordenaron también la retirada de todas las tropas y que se reiniciara la ofensiva en el gueto dos horas más tarde y ya bajo mi mando. No tuve que dar orden de retirada ya que los soldados de Von Sammern se habían retirado por iniciativa propia, es decir, habían huido. A pesar de la tensión del momento, el doctor Hahn estaba tranquilo y hablabal sobre las consecuencias políticas del fracaso en el gueto. En cambio, Krüger echaba pestes y gritaba por teléfono que eso era una “deshonra”, una “derrota” política y militar, una “mancha sobre el honor y el buen nombre de la SS” y que había que encerrar en la cárcel a ese “doctor en filosofía, ese intelectual tirolés”(…)

El SS-Reichführer [Himmler] no hablaba con la misma contundencia. Estaba furioso, es cierto, pero prohibió que se arrestara a Von Sammern. Dio a entender que tal medida podía acarrear, debido a la presión de los círculos “austriacos” en nuestro partido, complicaciones innecesarias. “No sé si se castigará a Von Sammern por su incapacidad –dijo el Reichführer-. Creo que le trasladaremos a algún lugar del sur de Europa. (…) ¡Hay que cerrar el asunto con delicadeza, sin hacer ruido!”

(Kazimierz Moczarski: Conversaciones con un verdugo. En la celda del teniente general de la SS Jürgen Stroop. Alba Editores, 2008, pag.207-215)