CONVERSACIONES CON UN VERDUGO: GROSSAKTION. DÍA 1

Posted on 28 julio, 2014

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Stroop's troops WarshawLo primero que hice cuando tomé el mando de las tropas fue poner un poco de orden y sosiego. Ofrecí a todo el mundo una copa de vodka o un vaso de vino. Además, aumenté su fuerza de asalto al reforzar el contingente con los efectivos de la 3ª División de granaderos blindados y de la caballería de la SS que estaban en la reserva o en período de formación en Varsovia. Mandé traer un nuevo tanque y un nuevo blindado de las formaciones militares de la SS para sustituir los vehículos neutralizados. A las nueve de la mañana había duplicado el número de oficiales bajo mi mando y la tropa se había incrementado un cincuenta por ciento. Además, ordené que el combate se desarrollara en pequeños destacamentos, espaciados cautelosamente a lo largo y ancho.

Iniciamos el ataque. De nuevo los primeros minutos fueron tranquilos. De pronto empezó a llegarnos fuego enemigo de fusiles, pistolas ametralladoras y, probablemente, de lanzagranadas desde varios edificios. Ordené interrumpir brevemente la ofensiva para que se acercase la artillería. Disponíamos de un obús del diez y de tres cañones antiaéreos con una enorme fuerza de alcance. Ese día destruí varios edificios, todos ellos puntos neurálgicos de la resistencia judía. El apoyo de las ametralladoras fue muy útil. Gracias a él obligamos a los combatientes judíos a abandonar los tejados y los pisos más altos de los edificios, que estaban bien pertrechados y protegidos. Huyeron a través de los sótanos y alcantarillas a otros nidos de resistencia y búnkeres. Cuando registramos los edificios y patios que habíamos tomado, apenas capturamos a doscientos judíos. El resto se había escabullido. (…)

El primer día de combate en el gueto fue para nosotros extremadamente difícil. –El SS Gruppenführer prosiguió su relato-. Teníamos que actuar con mucha cautela, a la vez que con valentía y decisión. Ese día no pretendía aplastar moralmente al enemigo, sino elevar el espíritu de lucha de los SS tras las derrotas que habíamos tenido a primera hora de la mañana. (…) Aconsejaba a los SS que fueran prudentes y que no arriesgasen demasiado. Por eso las operaciones duraron bastante tiempo. Los zapadores tuvieron que prender fuego a algún que otro edificio, pero aquel día no hubo muchos incendios.

Procuré no adentrarme demasiado en el gueto. Quería, y pienso que lo conseguí, conquistar y limpiar de enemigos una parte del terreno, aunque fuera pequeño. La idea era contar con una base de operaciones segura para iniciar el asalto al día siguiente. Al final del día los judíos apenas nos atacaban. De vez en cuando ahbaí algún tiroteo aislado. (…)

A eso de las ocho de la tarde empecé a retirar mis tropas. El tiroteo había cesado. Los judíos no hacían ruido; parecía como si estuvieran muertos, como si se hubieran marchado de los edificios, como si las fábricas y los sótanos del gueto estuvieran abandonados. Retiré todas las unidades, incluso las que estaban en territorio ganado al enemigo, y las envié a los cuarteles. (…)

Cuando volví a mi alojamiento, el doctor Hahn me estaba esperando allí con una excelente cena. Estaba sentado en un sillón-club, y bebía a pequeños sorbos un aperitif francés. Contemplaba el cielo primaveral y las estrellas. En cuanto traspasé el umbral de su despacho, escuché: “¡Enhorabuena, Herr General! ¡Bravo! Nos ha sacado usted de una situación comprometedora. No se bañe ahora, sólo lávese las manos y siéntese a comer las croquetas, que si no se enfrían. Acaban de traerlas!”.

Dos o tres minutos más tarde estábamos comiendo en silencio. Nos hartamos de croquetas.

(Kazimierz Moczarski: Conversaciones con un verdugo. En la celda del teniente general de la SS Jürgen Stroop. Alba Editores, 2008, pag.216-220)