CONVERSACIONES CON UN VERDUGO: GROSSAKTION. DÍA 2

Posted on 26 agosto, 2014

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JUDÍOS GUETOA las siete de la mañana los destacamentos de asalto avanzados penetraron de nuevo en el gueto. Los había dividido en pelotones de treinta y seis hombres, mandados por un oficial o un suboficial. Había ordenado al comandante de la Policía Sternagel (que dirigía la acción sobre el terreno) entrar con cuidado en el terreno conquistado el día anterior, limpiar el Restghetto y, luego, peinar palmo a palmo el territorio que se encontraba tras los muros. Pensé que se podría hacer el grueso de la operación el segundo día, y dedicar los siguientes días a tareas de limpieza y finalización del trabajo. Estaba equivocado.

– General, ¿a qué llama usted Restghetto? –preguntó Schielke.

– El Restghetto era la parte del barrio judío de Varsovia que había sido abandonada voluntariamente por sus habitantes en julio de 1942 –explicó Stroop.

Aquello me indignó.

– ¡Déjese de cuentos, Herr General! ¿Adónde habían ido los habitantes de esa parte del gueto? ¡Y voluntariamente, según usted! El día 22 de julio de 1942 pusieron en marcha la primera “acción de deportación” de los judíos a los campos de exterminio. En aquella ocasión deportaron a las cámaras de gas de Treblinka a cerca de trescientas veinte mil personas. ¿Y cuántos mataron allí mismo, en el propio gueto?…

Stroop quería interrumpirme, pero Gustav Schielke, excitado y curioso, se sumó en seguida a la conversación:

-¡No le interrumpa, Herr General! ¡Por favor, siga hablando, Herr Moczarski! Es muy interesante.

– Todos los días, lo recuerdo de los informes y conversaciones que mantuve con mis compañeros de la Oficina de Información y Propaganda del Mando General del AK: con “Waclaw”, con “Pisarczyk” y con “Brun” y, sobre todo, con mi superior, “Tomasz” –continué yo-, todos los días enviaban ustedes contingentes de cinco mil o seis mil judíos a las “fábricas de gas” y a los crematorios de Treblinka. Metín a las víctimas en vagones de ganado en Varsovia, hasta cien personas en cada vagón. Así fue como enviaron a la muerte al famoso activista social, pedagogo y protector de los niños, el doctor Janusz Korczak. Junto a sus niños…

Me callé. Schielke contemplaba el cielo azul por la ventana. Nadie abrió la boca. Me levanté para barrer el suelo con un trapo, pero Stroop me lo arrancó de la mano. Y se puso él a barrer sin decir una palabra. Poco a poco regresamos a la calma.

(Kazimierz Moczarski: Conversaciones con un verdugo. En la celda del teniente general de la SS Jürgen Stroop. Alba Editores, 2008, pag.224-225)