CONVERSACIONES CON UN VERDUGO: DESPEDIDA EN LA PRISIÓN DE MOKOTOW

Posted on 16 octubre, 2014

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STROOP CONDUCIDO A JUICIOCuando Lucius D. Clay, comandante en jefe de la zona norteamericana de ocupación, ratificó la pena de muerte para Stroop y su ejecución en el plazo correspondiente, el condenado llevaba ya cinco meses en la prisión de Mokotow en Varsovia y dependía de la jurisdicción del Estado polaco.

Los norteamericanos entregaron a Stroop a los oficiales de la Misión Militar Polaca el 30 o 31 de mayo de 1947 en el aeropuerto de Templehof en Berlín. No puedo fijar la fecha con exactitud ya que Stroop –por extraño que parezca- no se acordaba. Según se desprende de los archivos, el jefe de la prisión de Mokotow, A. Grabicki, informó a sus superiores en una carta del 7 de junio de 1947 que “Stroop se encontraba en la prisión desde el 30 de mayo de 1947”. (…)

¿Cómo se puede explicar que Stroop no se acordase de una fecha tan importante como su entrega a las autoridades polacas por los norteamericanos? Creo que se debe a la gran conmoción interior que Stroop sintió entonces.

– Cuando vi en el aeropuerto de Berlín a los oficiales polacos –nos contó en una ocasión- estaba medio inconsciente, desesperado, abatido. ¡Los norteamericanos son unos embusteros! Me aseguraron muchas veces que jamás me entregarían a sus aliados del Este y que la pena de muerte por los pilotos norteamericanos me la conmutarían por la cadena perpetua, etcétera. Viajé de Frankfurt del Meno a Berlín en avión. (…)

Se confirmaron mis peores temores. Entre los prisioneros de guerra en campos norteamericanos, ingleses y franceses se decía que los aliados del Este era unos diablos, que con los norteamericanos era posible entenderse pero que las prisiones rusas y polacas era un infierno y una gran tortura. (…)

Entendimos lo que quería decir Stroop. En las prisiones norteamericanas, los criminales de guerra gozaban de cierta libertad y, si uno tenía contactos en el mundo exterior (y él los tenía), era posible engañar a un carcelero y quitarse la vida.

Por lo que conocí a Stroop, creo que la idea del suicidio debió de pasar por su cabeza cuando vio, en el aeropuerto de Templehof, a los representantes del país que le juzgaría por la muerte de 71.000 judíos en el gueto de Varsovia, de los polacos de la región de Poznan y en el distrito de Varsovia, además de pos sus actividades en el distrito de Lviv y en Ucrania. Creo que tuvo ideas suicidas sólo pasajeramente. Él mismo llegó a reconocer en una ocasión que no tenía suficiente fuerza de ánimo para tomar semejante decisión.

(…)

Basándome en los testimonios de Stroop y en lo que yo mismo vi en el transcurso de los doscientos cincuenta y cinco días de mi estancia con él y con Schielke, puedo afirmar que Jürgen Stroop recibió un buen trato en la prisión polaca. Incluso excepcionalmente bueno. Quien lea con atención ciertos pasajes del libro, llegará a la misma conclusión. La actitud de Stroop ante los representantes de las autoridades de investigación polacas fue correcta. (…) Sus opiniones sobre los funcionarios de prisiones eran negativas a pesar de que no pudo dar ni un solo ejemplo de un maltrato recibido. (…)

(…)

El 11 de noviembre de 1949 había reinado la calma en la celda desde la mañana. Después de las tareas rutinarias de limpieza hablamos de la Antártida (¡Stroop no sabía que existía ese continente!) y de arte alemán. (…)

De pronto la puerta se abrió silenciosamente: ni siquiera se oyó el chasquido del cerrojo ni el chirrido de la puerta. Entraron tres carceleros en la celda. Dejaron la puerta entreabierta. Se oyó una orden: “¡Recojan sus cosas! ¡Los tres!¡Dejen los jergones en su sitio!” Schielke y Stroop se pusieron blancos como un papel. Me parece que yo también. Noté que a Stroop le temblaban las manos. En cinco minutos estuvimos listos, con nuestros petates y hatillos preparados.

Stroop me tendió la mano diciéndome:

– Hoy es el día de su fiesta nacional y el 31º aniversario de la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial. Adiós, Herr Moczarski, hasta la vista, nos veremos en la casa de san Pedro.

Schielke estaba muy emocionado. Me dio un apretón de manos y me dijo:

Danke! Herr Moczarski.

Se fueron de la celda. A mí me llevaron media hora más tarde a una celda del nuevo pabellón A, que era un pabellón abierto, en la planta baja, en el departamento XII de la prisión de Mokotow.

Ya no volví a ver a Stroop y a Schielke nunca más.

(Kazimierz Moczarski: Conversaciones con un verdugo. En la celda del teniente general de la SS Jürgen Stroop. Alba Editores, 2008, pag.445-456)

Preguntas:

1. ¿Por qué Stroop teme ser entregado a las autoridades polacas?

2. Explica las distintas causas penales que Stroop tenía pendientes con las autoridades americanas y con las polacas.

3. ¿Cuáles son las expectativas de Stroop que le impiden cometer suicidio?

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