EN EL CORAZÓN DEL INFIERNO: FALTA DE RESISTENCIA DEL PUEBLO JUDÍO

Posted on 4 enero, 2015

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GRODNO DEPORTACIÓN DE JUDÍOSYo veo, amigo mío, que deseas preguntarme algo. Comprendo lo que te resulta inconcebible: por qué, por qué llegamos hasta aquí. ¿Acaso no podíamos hallar un sitio mejor, donde pudiésemos mantener seguras nuestras vidas? Sobre ese particular te daré una respuesta exhaustiva. Tres factores influyeron para facilitarle al demonio en […] el proceso de exterminación de nuestro pueblo. Uno es de índole colectiva y dos (individuales). El factor colectivo fue que vivíamos entre el pueblo polaco, que en su mayoría, tal como pudimos ver y sentir, estaba integrado por grandes bestias antisemitas, que contemplaron con alegría cómo el demonio –apenas penetró en el país- volcó toda su crueldad sobre nosotros. (…)

Preguntas por qué los judíos no ofrecieron resistencia. Sabes por qué [¿?], porque no tenían confianza en sus vecinos que los hubieran delatado al menor intento. No había un solo elemento que de verdad quisiera ayudarlos y que en determinadas situaciones comprometidas tomara la responsabilidad de la lucha, de la rebelión. El miedo a ser vendidos directamente al enemigo hizo flaquear el valor y anuló la audacia que hubieran sido necesarios para combatir.

Ves amigo mío […] por qué no huimos hacia los tupidos y frondosos bosques para reunirnos, para ser más o para organizar por nuestra propia cuenta grupos de parti[sanos], que lucharan por un mañana más hermoso y mejor.

En esto influyeron los dos factores individuales que, como una suerte de droga, afectaron a las grandes masas judías que se dejaron conducir sin oposición a la grandiosa y cruel matanza. El primero de ellos, que trastornó incluso a la juventud, fueron los vínculos familiares. El sentimiento de responsabilidad por las mujeres y los niños nos mantuvo unidos y atados a ellos y se extendió entre nosotros como si fuéramos una masa imposible des ser disuelta.

El segundo factor fue el instinto vital, que entremezcló todos los pensamientos oscuros y, como una tormenta, arrancó las malas ideas, porque todo aquello que se habla y se piensa en secreto no se considera más que un exagerado pesimismo ancestral y cada individuo se dejó apresar fácilmente por esta idea.

Por que cómo podía ser posible que ellos, los que ostentaban el mando, aun imaginándolos como los más viles y peligrosos de los bandidos, además de una vida de cadenas, hambre y frío pudiesen incluso planear para nosotros algo peor.

Quién quería creer que se llevaban a millones de personas, sin ningún fundamento ni razón, y que además se los estaba llevando para ser exterminados de diversas maneras.

(…)

Quién quería creer que un pueblo altamente civilizado se convertiría en uno demoniaco, cuyo único ideal sería el asesinato y su única ambición el exterminio. Y esa no valorada condición acerca de la pérdida y la quiebra, la decadencia y la vileza de ese pueblo […] influyó en gran medida para adormecer el sentimiento de resistencia, incluso en aquellos que estaba firmemente arraigado.

(GRADOWSKI, Zalmen: En el corazón del infierno. Documento escrito por un Sonderkommando de Auschwitz-1944. Anthropos, 2008. Pags. 13 a 15)