EN EL CORAZÓN DEL INFIERNO: PREPARACIÓN PARA EL VIAJE

Posted on 6 enero, 2015

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DEPORTACIÓN JUDÍOS GRODNOOyes llantos y chillidos.  Circulan rumores procedentes de las profundidades de las barracas que contienen en su interior a los mortalmente aterrorizados judíos que van a viajar. Entra en una de ellas, escuchas… hay un enorme y estruendosos desorden. Cada uno prepara su atado par el viaje únicamente con lo imprescindible. Se visten con todo lo que pueden y lo que sobra, que fue transportado con tanto sacrificio, se reparte sin ningún dolor entre amigos, conocidos e incluso entre extraños. Pese a que hasta ayer mismo o hasta hace pocas hora, ciertas cosas aún tenían valor y uno se sentía ligado a  ellas, ahora, antes del viaje, han perdido importancia y no significan nada. Como si se tuviera el presentimiento de que en el desastroso futuro nada sería necesario ni tendría ninguna utilidad.

Ves, amigo mío, cómo van andando dos judío: uno de ellos sostiene una vela en la mano para alumbrarse en la oscuridad y el otro lleva un saco abierto. Son los representantes de la gente de aquellos pueblecitos que saldrán en este viaje. Están cumpliendo la postrera orden del mando: retirarles a los viajeros los últimos objetos de valor, con amenaza de muerte, en caso de que se apropien de algo.

Las mujeres se quitan sus más valiosas alhajas, a las que […] sus vidas están ligadas. Con una lágrima en los ojos y dolor en el corazón se separan de de aquellas cosas que tanto valoraban porque eran regalos de sus padres y que fueron pasando de generación en generación hasta llegar a ellas y por fin convertirse en reliquias enlazadas en un hilo histórico. Y ahora se las arrancan y las arrojan, con un quejido, directamente en el saco. Los judíos quieren ver en eso también un consuelo. El mando les quiere quitar los medios que en el futuro puedan aliviarles la vida. Cuando la recogida finaliza, los judíos llevan con satisfacción el producto como prenda de rescate de las almas; lo llevan ahí, más allá de la cuerda tendida, donde está el edificio en el que descansa el rubio y alto criminal que se dice nuestro protector. Bien que ha entendido lo que tenía que hacer. Quiso participar de la rapiña. “A ustedes importantes señores que están allá lejos les envío cuerpos y almas y para mí se quedan las pertenencias y bienes”

(…)

(…) Amigos y conocidos llegan ahora para despedirse. Se abrazan llorando. Se besan con toda el alma. Es tan terrorífico, cada beso tiene un significado especial. Da la sensación de que las personas que oprimen  sus labios tan intensamente saben algo de lo que nos está por ocurrir. Su calidez es una expresión de sentimientos intensamente compartidos. Sus lágrimas, el símbolo del sufrimiento que los embarga a todos. Ves que aquí hay familias completamente destrozadas, desamparadas, que no saben qué hacer. Son las que tienen enfermos en los hospitales y se ven obligados a separarse ahora de ellos.

(…)

(…) Quién puede ser tan egoísta como para dejar mujer e hijos, padre y madre, hermanos y hermanas y buscar para sí una salida. Incluso entonces, si supieran que con ello estarían asegurando su salvación, quién puede abandonar a su querida familia, con la que ha pasado los peores momentos y dejarlos ahora solos en un camino tan incierto, desconocido y aterrador. No, es preciso que vayan todos juntos.

(GRADOWSKI, Zalmen: En el corazón del infierno. Documento escrito por un Sonderkommando de Auschwitz-1944. Anthropos, 2008. Pags. 15 a 17)

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