EN EL CORAZÓN DEL INFIERNO: LA NIEVE

Posted on 23 enero, 2015

0


TRAIN JEWISHEl tren se mueve y continúa el pesado, eterno viaje. Nos acercamos a otra estación. Está llena de curiosos que miran el tren y eso nos llena inmediatamente de tristeza. Vemos que entre unos árboles hay dos mujeres que nos miran mientras  limpian con sus pañuelos las lágrimas que hay en sus ojos. Aparte de ellas no vemos a nadie y no conseguimos entender  por qué lloran. Por qué nuestra llegada las ha conmovido  tan tremendamente como para hacerlas llorar. (…) Nuevamente vuelven a crecer los dos dolorosos enemigos que no nos dejan descansar y reclaman su derecho: el hambre y la sed, han empezado a invadir a la agotada masa. Una vez más intentamos buscar la manera de hacer algún trato con nuestros crueles guardianes para que nos permitan por lo menos recibir un poco de agua. Ahí mismo, frente a nosotros, hay una mujeres , probablemente judías por su aspecto, que quieren arrojarnos bolas de nieve. Y qué felices seríamos si pudiésemos  ahora abrir la ventanilla, aunque fuera sólo por un minuto, y recibir esa blanca y húmeda masa. (…) La tensión crece minuto a minuto. La gente se pone furiosa. Aquí […]  por debilidad se desmaya. Y la desesperada masa que ha dejado de especular, ignorando la realidad, comienza a golpear e intenta arrancar las puertas. Golpea tan fuerte las ventanillas que inmediatamente aparecen varios guardias a la vez, que se han asustado, no fuera a ocurrir algo que les acarreara algún inconveniente. Preguntan con insolencia qué es lo que quiere esa mujer gritona y llorosa. Aquellos que aún no han perdido la voz les aclaran que su hijito se ha desmayado de sed y que ella llora por un poco de agua. Se ríen contentos de que no hay ocurrido nada más que eso y quieren apartarse para seguir su camino.  La madre comienza a golpear con más ímpetu, pronto se rompen las ventanillas. La gente quiere apartarla y tranquilizarla para que no atraiga la desgracia sobre el conjunto. Pero no quiere oírlos: está perdiendo a su única hija, por lo que su propia vida carece ya de valor. (…) Vuelven los bandidos y, viendo que la osada conducta de la mujer puede contagiar al amasa desesperada y que el desafío puede serles fatal; asienten con un gesto de sus cabezas, diciendo diplomáticamente que permiten abrir la ventanilla. La alegría cunde cuando una corriente de aire fresco se mete en el vagón con audaz alegría y disipa la atmósfera rancia y maloliente. La gente parece despertar a una nueva vida.  Todos se ponen nerviosos y la tensión alcanza su punto culminante. Ya, ahora mismo, en un minuto más, en un segundo, a cada cual le llegará  una bola blanca de nieve y la tendrá en sus manos, se la llevará directamente a la boca y con eso dará de beber a su sediento, desmayado corazón. Una parte de la nieve fue recibida y otra cayó al suelo, que no la necesitaba ni la quería para nada. Los afortunados que pudieron coger con sus manos el tesoro se lanzan sobre él como enloquecidos. Inmediatamente lo reparten entre los más cercanos miembros de su familia. Cada uno lo engulle sin prestar atención a la frialdad de la bola helada. Se disputa, se pelea por un trocito, se cogen los pedacitos que están en el suelo, los que cayeron por no poder sostenerlos con fuerza. Pero muy pocos son los que tuvieron la suerte de saciar  su sed y el resto de la gran masa continuó desesperada por ese sufrimiento y por el hambre.

El tren se mueve. Todos saludan a las pocas osadas mujeres y les desean las mayores bienaventuranzas por el grandioso gesto que han tenido.

(GRADOWSKI, Zalmen: En el corazón del infierno. Documento escrito por un Sonderkommando de Auschwitz-1944. Anthropos, 2008. Pags. 33 a 35)

Etiquetado: , ,