EN EL CORAZÓN DEL INFIERNO: EL LLAMAMIENTO

Posted on 1 febrero, 2015

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Corpses of murdered victims in AuschwitzUn silbido se abre paso entre el ruido, el tumulto y el desorden que reina en el bloque al que han entrado los compañeros después del recuento.

Más de una vez silbidos como aquel nos habían hecho salir nuevamente al exterior cuando nos convocaban por segunda vez por una u otra razón. Pero esta vez el silbido irrumpió como un huracán desgarrándonos el corazón. Como un rayo súbito una misma idea atravesó nuestra mente. ¿Quién sabe si ese silbido no está dirigido contra nosotros? ¿Qué es lo quieren hacernos? ¿Separarnos, dividirnos, desmantelarnos? Y trasladarnos. Quizá realmente sea cierta la versión que se propagó ayer, de que el viernes tendría que salir el transporte de los compañeros que no serán inscritos para el trabajo del “crematorio”. Una inquietud suplementaria que reafirmaba esta idea también era la declaración que había hecho ese mismo día, durante el trabajo, el Oberscharführer, que el transporte no estaba actualizado. Si él ha dicho que no, seguramente es que sí.

Y estamos alineados en filas esperando terriblemente tensos. ¿Quién sabe lo que nos va a ocurrir? Quizá vayan a liquidarnos a todos ya mismo e, incluso aunque sólo sea a una parte de nosotros, también eso supone que estamos ante el principio del fin. Si no necesitan ya a mi hermano tampoco yo soy necesario ya aquí. Intercambiamos comentarios los unos con los otros, queremos saber cómo valora cada uno la situación. Pero súbitamente resuena un: “¡Achtung!” [¡Atención!] que grita en voz bien alta el jefe del bloque. Ha llegado el comandante del lager acompañado por todo su séquito. Sus rostros nos son bien conocidos aunque nunca los habíamos visto en los llamamientos. Sólo habían venido aquí cuando llegamos –hace quince meses- designados para hacer este siniestro trabajo. ¿Y ahora? Un pensamiento atraviesa nuestra mente ¿y ahora porque  nos van a liquidar? Todos intercambian miradas nerviosas y asustadas. Incluso los “brazaletes amarillos” [kapos judíos] palidecen, clara señal de que algo grave se está preparando.

Todos estamos unidos ahora por una misma idea, una única preocupación ocupa todos los cerebros. Todos somos presa de una misma angustia, nos sentimos unidos por el mismo pánico y nos recorre el mismo temblor. Todos estamos tensos a la espera de lo que ocurrirá en los próximos minutos. Es en estos momentos cuando sentimos, cuando nos damos cuenta de que los quince meses de vida en común haciendo el monstruoso, horrendo y trágico trabajo ha hecho de nosotros un cementado y estructurado organismo único y cerrado, somos un compacto grupo de compañeros entre los que se ha creado una inseparable e indivisible hermandad familiar. (…)

No pasó mucho tiempo antes que la situación se aclarara. El Rapport-shreiber [secretario] comenzó a llamar por sus números a los compañeros no inscritos para el trabajo. Es notable cómo la atmósfera iba transformándose poco a poco, cómo la tensión iba convirtiéndose en calma. El miedo general se fue trocando en miedo individual. Poco a poco fueron liberándose del estremecimiento colectivo aquellos que estaban seguros –al cien por cien- de que su número no estaría entre los llamados. Y fue entonces cuando se abrió una inmensa brecha en nuestra familia. Poco a poco, inadvertidamente, insensiblemente se fue abriendo un abismo entre nosotros. Poco a poco, fue deshaciéndose el ovillo que nos mantenía a todos enlazados. El hilo fraternal, el vínculo familiar, paulatinamente se fue cortando. Salió a relucir la debilidad, la desnudez del ser al que llamamos persona. (…)

Se formaron dos grupos: los inscritos y los no inscritos. Las negras nubes que planeaban sobre el horizonte de todos nosotros paulatinamente se fueron trasladando de un grupo a otro y daba la impresión de que una parte de nuestro cielo se había aclarado. Mientras “los otros”, los del grupo de llamados, minuto a minuto, se veían envueltos en una negra nube de muerte horrenda. El susto desapareció, el temblor cesó entre aquellos que ya tenían la seguridad de que su número se quedaría. Mientras que los compañeros designados para marcharse con el transporte eran presa de un espantoso humor plagado de dolor. Y la lacerante pregunta era: “¿Hacia dónde los llevan? ¿Para qué?”, ella ocupaba todo el espacio en que se encontraban.

(GRADOWSKI, Zalmen: En el corazón del infierno. Documento escrito por un Sonderkommando de Auschwitz-1944. Anthropos, 2008. Pags. 74 a 78)

PREGUNTAS:

1. ¿A qué “monstruoso, horrendo y trágico trabajo” hace referencia Gradowski en el texto?

2. ¿Por qué crees que los alemanes están “liquidando” el Sonderkommando?

3. ¿Por qué se quiebra la unidad dentro del “Sonderkommando”? ¿Crees que se trata de una estrategia premeditada de los alemanes? ¿Con qué objetivo?

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