EN EL CORAZÓN DEL INFIERNO: EN EL COMANDO

Posted on 2 febrero, 2015

0


Packages of Humain Hair from Auschwitz (Poland)El kapo va llamando a cada grupo de trabajo. Han sido reducidos a la mitad. Sólo un grupo está completamente huérfano, sólo un nombre está completamente extinto, el “comando de limpieza” ha sido borrado. Era el comando de los compañeros débiles cuyo trabajo consistía en lavar los cabellos de las miles de cabezas rapadas de mujeres judías, jóvenes o ancianas.

Ese comando es el único que ha sido enteramente liquidado.

En el trabajo se siente la falta, incluso los grupos que trabajan con normalidad sienten la ausencia, sienten que aquí en este sitio, en tal punto estaba el compañero, el hermano, ¿y hoy? Todo los recordaba, todo era un llamado a su memoria.

Yo me dirijo arriba, subo a ver qué ocurre allí, tras la gran chimenea donde solían sentarse decenas de compañeros ancianos y también jóvenes, cuyo trabajo real y concreto consistía en permanecer ocultos al ojo de los guardianes y recitar un Salmo o un capítulo de la Mishne, pronunciar la plegaria y donde se trabajaba lo estrictamente necesario como para que se notara que algo se había hecho, ya que la labor podía realizarse rápidamente o alargarla, era fácil de enmascarar. Y los hombres religiosos y también los debilitados o enfermos aprovechaban esa circunstancia en su beneficio.

Al llegar arriba descubro que todo está como quedó ayer después de su partida.

Reina un silencio de muerte. En el suelo están dispuestos los diversos puestos de trabajo –según el orden en que solían sentarse-, recipientes de hierro, maletas y otros objetos que usaban como asiento, porque sentarse encima de taburetes era muy incómodo, ya que había que inclinar demasiado la cabeza. (…)

Ante mis ojos desfila la imagen de aquellas mañanas en las que se montaba guardia y se vigilaba que no apareciera nadie, mientras los judíos religiosos eran infieles con sus opresores y fieles con su Di[o]s y con cuánto estremecimiento dirigían sus plegarias a los cielos. Más de una vez –en medio del terror- se vieron obligados a arrancarse las filacterias durante sus rezos y ponerse a trabajar como si nada hubiera ocurrido. Más de una vez ellos “cayeron” y, son mal gesto, vociferó el salvaje y cínico Oberscharführer  -el número 1 de los crematorios- acusándolos de haber creado ahí un “comando Biblia”, pero en su fuero interno estaba contento de que los judíos en el corazón del infierno, unto a las mismas chimeneas por las que salían convertidas en cenizas los cientos de miles de vidas judías, hubieran algunos que, apoyando sus espaldas en los ladrillos, ladrillos requemados por el fuego  de las incineradas víctimas judías, de sus padres y madres incinerados, de sus esposas e hijos incinerados, rezaran en ese sitio, recitaran los Salmos o estudiaran.

(GRADOWSKI, Zalmen: En el corazón del infierno. Documento escrito por un Sonderkommando de Auschwitz-1944. Anthropos, 2008. Pags. 102 a 103)