EN EL CORAZÓN DEL INFIERNO: EL ÁNIMO EN EL LAGER

Posted on 6 febrero, 2015

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Stropkov, Slovakia. Jewish family being deportedEntre los judíos del lager reina la aflicción y la tristeza. Todos deambulan deprimidos y quebrantados. Todo se vive en miedo de una tensa espera.

Hace ya varios días nos “advirtieron” que “ellos” vendrían a vernos y los hornos llevan tres días ardiendo incesantemente, preparándose para recibir a sus huéspedes. (…) Ya llevan siete meses viviendo en el más maldito y desdichado rincón del mundo entero y lo saben todo, lo comprenden todo. Ven la enorme, negra y llameante humareda repleta de víctimas que surge cada día de las profundidades del infierno y se proyecta hacia los altos cielos. Ellos saben, ya no hay que explicárselo, que éste es el sitio, el lugar que ha sido especialmente construido y destinado para que nuestro pueblo sea llevado a la tumba gaseándolo, fusilándolo, degollándolo o a través de la tortura y los sufrimientos, que succionan el tuétano y la sangre, en trabajos forzados acompañados de palizas, hasta que caigan desvanecidos ahí, en la profundidad del fango, donde su enflaquecido cuerpo quedará echado inmóvil para siempre. Pero ellos, los judíos checos, crían y tenían la esperanza de que quizás el destino de nuestro pueblo no los alcanzaría, porque su gobierno, el de los eslovacos, había hecho algo en su favor. Era un hecho que habían sido del primer caso de un transporte de judíos, familias enteras, que no hubiera ido directamente al fuego, sino que habían llegado juntos al lager. Eso había sido para ellos un consuelo, una señal de que el “poder” los había excluido del decreto “judío” general y que a ellos no los esperaba el mismo fin que a los judíos del resto del mundo: ser ofrecidos en sacrifico a su dios. (…)

La noticia de que serían “trasladados” del lager les llegó de forma inesperada y súbita. Su corazón se llenó de espanto, los asaltó un mal presentimiento, la intuición les decía de antemano que algo malo se estaba gestando para ellos, pero no querían creerlo. Sin embargo, el último día de sus vidas se enteraron que no se los iba a conducir a trabajar a otro campo, sino que ya estaba resuelta su muerte y que era hacia ella adonde los enviarían.

El campo entero está en tensión pese a que no es la primera vez que se llevan de a miles al mismo tiempo, a esas mismas personas del lager que ya saben con seguridad que se las está llevando directamente a la muerte. Pero el de hoy es un caso excepcional, porque las víctimas son familias enteras que crían que venían aquí para vivir y tenían la esperanza de ser liberadas –porque ya llevaban aquí siete meses- y que volverían junto a sus hermanos que aún seguían en Eslovaquia. Todos se compadecen ahora de las miles de vidas palpitantes que están encerradas en las frías y oscuras barracas, con las puertas clausuradas con tablones, como encerradas en una jaula.

Una vez que separaron y deshicieron las familias, fueron encerrados. Una mujer solitaria llora en una de las barracas; su esposo está en otra sumido en la tristeza y sus hijos, ya mayores, están en una tercera tumba en la que lloran y añoran a sus padres.

(GRADOWSKI, Zalmen: En el corazón del infierno. Documento escrito por un Sonderkommando de Auschwitz-1944. Anthropos, 2008. Pags. 114 a 116)