EN EL CORAZÓN DEL INFIERNO: LOS PREPARATIVOS DEL PODER

Posted on 8 febrero, 2015

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PETER VOSSTres días antes, el lunes 6 de marzo de 1944 habían llegado los tres. El comandante del lager [campo de concentración], el asesino y bandido de sangre fría Oberscharführer [subteniente] Schwatshuber, el Oberaportführer Oberscharführer… y nuestro Oberscharführer Vost, jefe de los cuatro crematorios. Todos ellos rodearon de alambradas el terreno entero del crematorio y tramaron un plan “estratégico”; también reforzaron la guardia, los puestos de vigilancia e hicieron los preparativos militares para el día de la gran fiesta.

Eso generó una gran alarma entre nosotros porque en los dieciséis meses de nuestro trágico y horrendo trabajo “sonder” [especial] era la primera vez que el mando tomaba esas medidas de seguridad.

Ante nuestros ojos habían pasado ya cientos de miles de seres vivos y fuertes, de  sangre joven, en transportes de rusos, polacos y también gitanos que sabían que se los estaba conduciendo a la muerte sin que ninguno intentara oponer resistencia o combatir; todos ellos habían ido como ovejas al matadero. Las excepciones que –en esos 16 meses- pueden apuntarse son sólo dos casos: el de un vigoroso y valiente joven de un transporte de Byalistok que se lanzó contra los guardias con un cuchillo para atacar a varios de ellos y fue abatido a tiros cuando intentaba escapar. El segundo caso, ante el que me inclino en señal de respeto profundo, fue el del “transporte de Varsovia”. Era un grupo de judíos de Varsovia, que tenían ciudadanía americana y entre los cuales también había algunos nacidos en América; procedían de un lager de internamiento de Alemania y debían haber sido trasladados a Suiza, donde iban a permanecer bajo la protección de la Cruz Roja, pero al “civilizado” y magnifico mando, en lugar de de enviar a los ciudadanos americanos a Suiza, los había traído aquí para arrojarlos al fuego del crematorio. Y fue entonces que ocurrió el acto de valentía de la joven heroína, una bailarina de Varsovia que le quitó el revolver al Oberscharführer de la “sección política” de Austria, Kwakernak, y le disparó al “Raportführer”, el famoso bandido Unterscharführer [brigada] Schillinger. Su acto también sirvió para darle alas de valor a otras valientes mujeres que golpearon y arrojaron botellas y otros objetos a las rabiosas fieras salvajes, los uniformados miembros de las SS.

Esos fueron los únicos transportes en los que algunas personas habían intentado resistirse porque sabían que ya no tenían nada que perder. Pero los demás cientos de miles fueron, a sabiendas, como corderos al matadero. Y por esa razón los actuales preparativos despertaron la alarma entre nosotros. Supusimos que hasta “ellos” habían llegado rumore de que los judíos checos, familias enteras que ya llevaban siete meses en el lager y conocían exactamente lo que en él ocurría, no se dejarían llevar tan fácilmente. Y por eso se estaban dotando de todos los medios técnicos para enfrentarse a las personas que tuvieran la “audacia” de no querer ir a la muerte y decidieran combatir u opusieran resistencia a los “inocentes” criminales.

El lunes, a las 12 del mediodía, nos mandaron a la barraca a descansar para que pudiésemos trabajar con renovadas fuerzas. Prácticamente todos los de esa barraca –ciento cuarenta hombres, después de haber “separado” a doscientos de entre ellos- deberían ir ese día al transporte, porque ambos crematorios, tanto el 1 como el 2, iban a funcionar a pleno rendimiento.

El plan fue organizado con todos los detalles militares. Nosotros, las desgraciadas víctima de nuestro pueblo, fuimos desplegados en la línea de combate, frente a nuestros hermanas y hermanos. Debíamos estar en la primera línea, contra la cual las víctimas, eventualmente, pudieran arrojarse, y a nuestras espaldas estarían los “héroes y combatientes de la gran potencia” con ametralladoras, granadas y fusiles para disparar desde allí.

Pasó un día, el siguiente y el tercero. Llegó el miércoles, jornada fijada como fecha límite para la llegada del transporte. El transporte se retrasó debido a dos motivos precisos. Según parece, además de preparativos estratégicos, eran también necesarias seguridades de índole moral. El otro motivo fue que el “mando” buscaba especialmente ordenar grandes matanzas en fechas de celebraciones judías y fue eso lo que determinó  sacrificar a las víctimas el miércoles por la noche, cuando los judíos celebraban Purim. En esos tres días, el “mando”, los asesinos y criminales de sangre fría, los sanguinarios y cínicos profesionales utilizaron todos los subterfugios posibles e imaginables que eventualmente fueran útiles a sus propósitos  de ocultar la realidad de al bárbara mascarada y sumir en la confusión a las mentes, para que no “percibieran” e imaginaran las crueles y oscuras intenciones que se escondían tras los sonrientes semblantes de los presuntamente “civilizados” representantes del poder.

Y comenzó la superchería.

PRISIONEROS JUDÍOSLa primera versión que “ellos” hicieron circular fue que cinco mil judíos checos serían enviados a otro “campo de trabajo” y debían presentar su estado civil. Todos y cada uno según su oficio y función, sin distinción entre hombres y mujeres hasta la edad de 40 años. Y el resto, las personas mayores, sin diferencia de sexos, así como también las mujeres y los niños pequeños, se quedarían –como hasta ese momento- juntos allí, las familias no serían separadas. Estas fueron las primeras píldoras de opio que obnubilaron a la aterrada masa, evitando que prestaran atención a la trágica realidad.

La segunda maniobra fue el anuncio de que cada persona debía llevarse todas su maletas y que el “mando”, por su parte, repartiría a todos dobles raciones de comida antes de que emprendiesen el viaje.

Y aun se les ocurrió otro sádico y diabólico truco. Hicieron correr la versión de que hasta el 30 de marzo, no habría ninguna correspondencia con Checoslovaquia, por determinadas razones, y que aquellos que quisieran recibir encomiendas, como hasta ese momento, escribieran a sus amigos cartas con un par de semanas de antelación a la fecha indicada y las entregara al mando; éste las iría enviando con regularidad y los paquetes y encomiendas seguirían siendo recibidos ordenadamente como siempre. Ninguno de ellos se dio cuenta, ninguno pudo imaginar que un “mando” pudiera ser tan ruin, y caer tan bajo como para utilizar semejantes trampas vulgares, que desplegara ese tipo de insidias criminales en su guerra, ¿contra quiénes? Contra una masa desvalida, inerme, cuya única fuerza era la voluntad, pero que tenía las manos vacías y desarmadas.

Toda esa superchería bien organizada fuer el mejor medio para adormecer y paralizar los pensamientos realistas y la conciencia de la gente. Todos, sin diferencia de edad ni condición, se dejaron apresar por la ilusión de que seguramente los estaban llevando a trabajar, y entonces –cuando los bandidos estuvieran convencidos de que el “cloroformo” había hecho su debido efecto- decidieron dar los pasos hacia la operación de exterminio.

Empezaron desmembrando, destrozando a las familias, las mujeres a un lado y los hombres al otro, viejos aquí y jóvenes allí, y así –cada grupo por separado- fueron encerradas en las celdas las ingenuas víctimas en las heladas barracas de madera del lager, vio aún… Recién entonces cerraron las puertas, clausurándolas con tablones clavados encima. La primera etapa del proceso había funcionado.

Los habían obnubilado y aturdido hasta que ya no fueron capaces de razonar con lógica, porque incluso entonces, cuando ya pudieron tomar conciencia de la realidad y comprender que los habían atrapado para matarlos, estaban tan desvalidos que ya no tenían la energía suficiente como para pensar en oponerse y resistirse; cada uno –incluso los aturdidos por el opio, los obnubilados por la ilusión- tenían la mente apresada, el espíritu cautivo de una nueva preocupación. Los jóvenes llenos de vida, las muchachas de corazón ardiente pensaban obsesivamente en sus padres. Quién sabe qué estaría pasando allí con ellos.  Y hombres jóvenes llenos de valor y fortaleza también estaban inmovilizados por el duelo y permanecían quietos pensando  en sus jóvenes mujeres e hijos que ese mismo día habían sido arrancados de su lado. Cualquier atormentado brote de combate y resistencia era rápidamente acallado por el dolor individual. Cada uno estaba preso de su desgracia familiar y eso paralizaba las cavilaciones y pensamientos sobre la situación general en la que él mismo se hallaba inmerso. Y esa masa de hombres que, en libertad, era joven, enérgica y combativa, permaneció inerte, resignada, frustrada y destrozada.

Cinco mil víctimas habían puesto su pie en el primer peldaño de la tumba sin haber intentado resistirse.

La superchería, largamente ejercitada y refinada por la práctica demoníaca, también en este caso había tenido éxito.

(GRADOWSKI, Zalmen: En el corazón del infierno. Documento escrito por un Sonderkommando de Auschwitz-1944. Anthropos, 2008. Pags. 126 a 130)

PREGUNTAS:

1. ¿Por qué la eliminación de este transporte checo desata tantos temores entre las autoridades alemanas?

2. Explica de qué métodos se valen las SS para neutralizar la amenaza de una posible revuelta del transporte checo.

3. ¿Por qué crees que el autor narra con cierta “decepción” la falta de una auténtica revuelta por parte de los prisioneros?