EN EL CORAZÓN DEL INFIERNO: EL INFIERNO SE ABRE

Posted on 25 febrero, 2015

0


Maria_MandelLas puertas se abren bruscamente. El infierno se abre ampliamente para recibir a las víctimas. En el pequeño cuarto que conduce a la tumba están formados como para una parada militar los representantes del alto mando. Toda la sección política ha acudido hoy a la fiesta. Oficiales de alto rango cuyos rostros no habíamos visto en los dieciséis meses que llevamos aquí. Entre ellos también hay una mujer, es una SS, la directora del lager de mujeres. También ella vino a ver la fiesta “nacional”, como mueren las criaturas de nuestro pueblo.

Yo estoy a un lado y observo a ambos grupos. A los bandidos, a los grandes asesinos y a mis hermanas, las desdichadas víctimas.

La marcha, la marcha de la muerte ha comenzado. Van orgullosas, con pasos firmes, con fuerza y valor, como si estuvieran yendo hacia la vida. No se quiebran ni siquiera entonces, cuando ven y a el último sitio, el último rincón donde inmediatamente se representará el último acto de su vida. (…)

De repente el desfile de mujeres desnudas se detiene. En las filas hay una criatura de nueve años, hermosa y rubia, con trenzas bien peinadas que cuelgan como bandas de oro sobre su espalda infantil. Tras ella marcha su madre con firmeza, se detiene y, encarándose con los oficiales, les habla con coraje y audacia: “¡Asesinos, bandidos, desvergonzados criminales! Sí, ahora nos estáis asesinando a mujeres y niños inocentes. Nos echáis al culpa de la guerra a nosotros, los desvalidos y desamparados. Yo y mi hija somos responsables de haberos llevado a la guerra”.

“¡Pero tened cuidado bandidos! ¡Queréis ocultar con nuestra sangre vuestras derrotas en el frente. Pero esta guerra ya la habéis perdido, está sentenciado. Bien conocéis las grandes derrotas diarias que estáis sufriendo en el frente del este! ¡Recordad bandidos! Ahora podéis hacer todo lo que queréis, impunemente, pero llegará el día de la venganza. ¡La gran Rusia victoriosa se vengará en nuestro nombre! (…)

Y después les escupe en la cara y entra corriendo con la niña en el búnker.

Se han quedado mudos, petrificados. No tenían coraje para mirarse el uno al otro. Habían oído una gran verdad, que hería, cortaba y desgarraba sus almas de fiera. (…)

Pero les da miedo pensar en ello durante mucho tiempo, puede que la verdad penetre muy profundamente en su interior. (…)

Siguen desfilando más y más jóvenes mujeres desnudas. Y una vez más se detiene la marcha. Una muchacha rubia y excitante vuelve a dirigirse  a los bandidos: “¡Vosotros sombríos criminales! Me estáis mirando con vuestros sedientos ojos de fiera. Queréis saciaros mirando mi excitante cuerpo desnudo. Sí, este es vuestro tiempo. En la vida civil no podríais soñar siquiera con disfrutar  de este espectáculo. Vosotros, hampones y criminales, habéis hallado aquí el rincón adecuado para saciar la sed que hay en vuestros sádicos ojos. Pero no tendréis este placer durante mucho tiempo. Vuestro juego está llegando a su final, no podréis asesinar a todos los judíos. Y pagaréis por todo”.

Y súbitamente, salta hacia ellos y abofetea tres veces al Oberscharführer Voss, al jefe, al comandante de los crematorios. Los palos caen encima de su cabeza y de su espalda. Entró al búnker con la cabeza rota y de ella manaba sangre caliente. Su cálida sangre acariciaba tiernamente su cuerpo y su rostro estaba iluminado por una sonrisa. Se sentía feliz, era dichosa porque en su mano sentía el placer del bofetón en la cara del grasiento, del célebre gran bandido y criminal. Había alcanzado su último objetivo y marchó serena hacia la muerte.

(GRADOWSKI, Zalmen: En el corazón del infierno. Documento escrito por un Sonderkommando de Auschwitz-1944. Anthropos, 2008. Pags. 144 a 148)