DESTINADA AL CREMATORIO: EL HAMBRE EXTREMO

Posted on 25 junio, 2015

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survivor bergen-belsenEl hambre ha llegado a un grado superlativo, pero nadie habla de ello, porque todas nos encontramos en la misma situación y parece un poco indecente quejarse a otra prisionera que tiene tanta hambre como tú misma. Cada una busca procedimientos para engañar el hambre y darse la sensación de comer más, comiendo lo mismo. Algunas parten la rebanada de pan diaria en minúsculos pedacitos que comen lentamente, a intervalos regulares. Otras guardan un poco de la sopa del mediodía para comerla por la noche. Yo me procuro una lata de conservas vacía con un poco de sal que me da una soviética que trabaja en la cocina. Parto mi pedacito de pan en dos, me escondo una mitad muy cuidadosamente debajo el jergón y me llevo a la fábrica la otra mitad, junto con el minúsculo trocito de margarina que recibimos diariamente. Al lado de mi máquina hay un grifo con agua hirviendo, utilizada por los rectificadores alemanes para hacerse el café durante el descanso. Voy al grifo, lleno la lata, pongo la sal, la margarina y la media rebanada de pan rota en pedacitos, lo mezclo todo con una cuchara y tengo la ilusión de saborear una buena sopa bien calentita. Después, durante las horas siguientes, empiezo a soñar y pienso en la media rebanada de pan que, apenas llego, engullo con rapidez.

Un día, al volver de la fábrica, tengo una desagradabilísima sorpresa: mi pan ha desaparecido. Alguien me lo ha robado. Decir que le maldigo los huesos, a la ladronzuela, es poco: siento hasta impulsos homicidas. La estrangularía.

(Mercedes Núñez Targa: Destinada al crematorio. De Argelès a Ravensbrück: las vivencias de una resistente republicana española, Renacimiento-Biblioteca de la memoria, 2011, pags. 119 a 120)

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