EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO: LA ÚLTIMA VOLUNTAD APRENDIDA DE MEMORIA

Posted on 5 diciembre, 2015

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Prisioneros de Auschwitz-Birkenau agradeciendo a sus liberadores, Enero de 1945. Fuente: USHMMY ahora se disponía por segunda vez el transporte al campo de reposo. Y también ahora se desconocía si era una estratagema para aprovecharse de los enfermos hasta su último aliento, aun cuando sólo fuera durante catorce días o si su destino serían las cámaras  de gas o un campo de reposo verdadero. El médico jefe, que me había tomado cierto apego, me dijo furtivamente una noche a las diez menos cuarto:

“He hecho saber en el cuarto de mando que todavía se puede borrar su nombre de la lista; tiene de tiempo hasta las  diez”

Le dije que eso no iba conmigo; que yo había aprendido a dejar que el destino siguiera su curso:

“Prefiero quedarme con mis amigos”, le contesté.

Sus ojos tenían una expresión de piedad, como si comprendiera… Estrechó mi mano en silencio, a modo de adiós, no para la vida, sino desde la vida. Despacio, volví a mi barracón y allí encontré a un buen amigo esperándome:

“¿De verdad quieres irte con ellos?”, me dijo con tristeza.

“Sí, voy a ir”

Se le saltaron las lágrimas y yo traté de consolarle. Todavía me quedaba lago por hacer, expresarle mi última voluntad.

“Otto, escucha, en caso de de que yo no regrese a casa junto a mi mujer y en caso de que la vuelvas a ver, dile que yo hablaba de ella a diario, continuamente. Recuérdalo. En segundo lugar, que la he amado más que a nadie. En tercer lugar, que el breve tiempo es estuve casado con ella tiene más valor que nada, que pesa en mí m´sa incluso que todo lo que he pasado aquí.

Otto, ¿dónde estás ahora? ¿Vives? ¿Qué ha sido de ti desde aquel momento en que estuvimos juntos por última vez? ¿Encontraste a tu mujer? ¿Recuerdas como te hice aprender de memoria mi última voluntad –palabra por palabra- a pesar de tus lágrimas de niño?

A la mañana siguiente partí con el transporte. Esta vez no era ningún truco. No nos llevaron a la cámara de gas, sino a un campo de reposo de verdad. Los que me compadecieron se quedaron en un campo donde el hambre se iba a ensañar en ellos con mayor fiereza que en este nuevo campo. Habían intentado salvarse pero lo que hicieron fue sellar su propio destino. Meses después, tras la liberación, encontré a un amigo de aquel campo, quien me contó que él, como policía, había tenido que buscar un trozo de carne humana que faltaba de un montón de cadáveres y que la rescató de un puchero donde la encontró cociéndose. El canibalismo había hecho su aparición; yo me fui justamente a tiempo.

(VIKTOR FRANKL: El hombre en busca de sentido, Herder, Barcelona, 1991, pags. 59-60)

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