LAS ENTREVISTAS DE NÚREMBERG: HANS FRANK

Posted on 9 octubre, 2016

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12 de febrero de 1946

hansfrankEsta tarde he vuelto a entrevistar a Hans Frank. Estaba en su celda, había bajado de la sala del Tribunal una hora antes. Acababa de terminar su cena. Serían aproximadamente a las seis y media. Aparentemente, parecía contento de verme a mí y al señor Triest, el intérprete, a quien llama “señor intérprete”. (…) la conversación ha transcurrido sobre todo en alemán. Le he explicado que en mi calidad de psiquiatra de la prisión, mi tarea consiste en ocuparme del bienestar psicológico de los procesados, pero que, naturalmente, estoy muy interesado en conocerlos mejor como individuos.

No ha puesto ninguna objeción, me ha asegurado que lo comprende. (…)

Tiene dos cicatrices en el cuello, una a cada lado, a la altura del cartílago tiroideo. Dice, sin embargo, que estas cicatrices son consecuencia de una herida que él mismo se infligió al ser capturado (3 de mayo de 1945), en Tegernsee. Intentó suicidarse de nuevo, dice, el 5 de mayo de 1945, hiriéndose en el brazo izquierdo, en el espacio antecubital y en la muñeca. Todavía tiene sensación de hormigueo en los dedos pulgar, índice y corazón.

– Intenté suicidarme porque lo sacrifiqué todo por Hitler y este hombre, por el que yo lo he sacrificado todo, nos abandonó. Si se hubiera suicidado cuatro años antes, no me habría importado.

– ¿Cuándo empezó a darse cuenta de que Hitler no era bueno?

Antes de responder, Frank deja escapar un suspiro. En cualquier caso, su respuesta es equívoca.

– Perdí mi cargo oficial en 1942 porque me manifesté contra los campos de concentración y contra una política de imposición por la fuerza. Mi abogado tiene copias de los discursos que pronuncié por aquel entonces.

– ¿Y qué hizo contra esas dos cosas a partir de 1942?

– Hitler me privó de todos mis cargos, pero me mantuvo como gobernador de Polonia. Permanecí en Cracovia hasta el final. Quise dimitir doce veces, pero no conseguí que Hitler aceptase. Quería volver al Ejército, pero Hitler no lo habría permitido.

(…)

5 de marzo de 1946

(…)

– ¿Cómo se hizo usted antisemita? hans-frank-en-la-celda

– Yo no me uní al Partido por antisemitismo, sino por Alemania.

– ¿Fueron asesinados muchos judíos en Polonia?

– No. En Auschwitz, sí; pero Auschwitz está en la Alta Silesia. Me gustaría que leyera usted las pruebas documentales que demuestran que este campo no dependía de mí en absoluto. De lo que soy responsable, soy responsable, pero yo nunca metí a un judío en un campo de concentración ni lo hice quemar, puedo probarlo. Se quedaría muy sorprendido si viera lo que tiene mi abogado en su poder. El exterminio de los judíos fue una idea personal de Hitler. Lo decía en su testamento. Decía que los había exterminado porque habían empezado la guerra.

(…)

A continuación hablamos de los cargos contra diversas organizaciones, que es lo que se está tratando en el Tribunal durante estos últimos días.

– Contra la SS y la Gestapo tienen caso; contra el Alto Mando de la Wehrmacht y otras instituciones de este tipo, no. Si es como medida política, la cuestión es distinta, pero desde un punto de vista legal, no hay nada que hacer. Poco importa que yo esté en prisión o que estos juicios se hayan puesto en marcha, ambas cosas tienen mi aprobación…, pero ha sido durante este proceso cuando más he sabido sobre el nacionalsocialismo y sus crímenes.

En Alemania no sabíamos nada de la persecución de los judíos. En otras naciones hay una prensa libre, en Alemania, no teníamos ni una prensa ni una radio libres.

Este juicio tiene una importancia enorme, porque demuestra que el pueblo alemán era inocente.

(…)  Mi vida ha acabado. He perdido el interés por todo. Ya ni siquiera me preocupa Alemania. Es como un sueño. ¡Qué inútil es todo desde un punto de vista político! No importa que digan que soy un criminal. Tengo un gran sentido de culpa, siento que corrí detrás de Hitler con demasiada premura y sin ningún motivo. Si pudiera sacrificar mi vida por hacer algo bueno, lo haría con gusto.

Creí a ese hombre. Si hubiera sabido lo que he sabido en el juicio, en 1942 habría protestado de un modo muy distinto.

– ¿Manifestó alguna protesta en 1942?

– Mis famosos discursos contra los campos de concentración y contra la SS, los que pronuncié en Viena, Heidelberg, Múnich y Berlín.

Le ruego que lea esos discursos antes de que yo muera. Están en mi diario. Crearon una gran agitación y provocaron una crisis. Me apartaron de todos mis cargos en el Partido y volví a mi condición de militante de base. No aceptaron mi petición de traslado… me dejaron allí porque era el lugar más horrible de Europa. Los SS se portaron como unos locos. Mi cuartel general estaba en Cracovia, en el antiguo palacio del Rey. Puede decirse que, durante cinco años, fui Rey, aunque sin ningún poder.

Era, como la condición de Führer de Hitler, una fachada.

(Leon Goldensohn, Las Entrevistas de Núremberg, Taurus, 2008, pags. 57 a 64)