LAS ENTREVISTAS DE NÚREMBERG: WILHELM FRICK

Posted on 31 octubre, 2016

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10 de marzo de 1946

frickWilhelm Frick tiene sesenta y nueve años, el cabello canoso y muy corto. Su actitud no es hostil, pero tampoco amable. Tiene una forma parca y precisa de hablar, jalonada de pausas muy bien colocadas y elevaciones y caídas de tono, que parece automática y, al mismo tiempo, muy estudiada. Le he entrevistado esta tarde en su celda. Triest ejerce la labor de traducción. El acusado habla poco inglés, pero su alemán es fácil de seguir. Por lo general, siempre que le pregunto por el nacionalsocialismo, su papel dentro del movimiento, etcétera, habla como si estuviera haciendo un discurso informal. No aparenta su edad: anda muy erguido, tiene pocas arrugas y es fuerte. Está en buena forma, es de altura media, peso moderado y se diría que está más cerca de la delgadez que de lo contrario, aunque nadie le llamaría flaco.

(…)

En 1933, cuando el presidente Hindenburg nombró canciller a Hitler, Frick se convirtió en ministro del Interior, cargo que conservó hasta el hundimiento de 1945.

(…)

–  Mi tarea consistía en transformar un Estado parlamentario en un Estado autoritario. Una de las bases de la acusación de este proceso es que el Boletín del Estado del Reich publicó 234 documentos con mi firma. Es decir, los fiscales me acusan de cambiar las leyes. Pero lo cierto es que el sistema parlamentario ya se había venido abajo entre 1930 y 1932: los bancos fallaron.

frick-hitler-y-goringEl Gobierno Brüning dictó leyes de emergencia. Las normativas de la República de Weimar no ayudaban en absoluto, así que tuvimos que pasar al Estado autoritario.

La ley básica consistía en que no sólo el Reichtag, sino también el Gobierno, podían promulgar leyes. Eso suponía acabar con el sistema parlamentario. Con el tiempo, ninguna ley se dejó en manos del Parlamento y todas ellas pasaron al control de la autoridad.

(…)

El ministro del Interior tenía “poderes absolutos sobre los procesos administrativos”; entre sus cometidos estaba el de ofrecer “consejo para la defensa del Reich”. El 20 de agosto de 1943, Frick, conservando sus otros cargos, se convirtió en protector de Bohemia y Moravia. Tenía despacho en Berlín y en Praga.

– Aunque en Praga sólo pasaba una semana al mes. El de protector era un puesto meramente representativo. El verdadero hombre fuerte del régimen en Bohemia y Moravia era Karl Hermann Frank, que estaba bajo las órdenes directas de Himmler y tenía un rango equivalente al mío.

Karl Frank era Reichminister de Bohemia y Moravia, Frick era Reichprotektor de la misma región.

– ¿Qué opina usted de Karl Hermann Frank a la vista de algunas atrocidades de las que se le acusa?

– Tenía su lado bueno. Por ejemplo, después del asesinato de Reinhard Heydrich, Hitler, como represalia, ordenó matar a cincuenta mil checos. Frank apeló a la condición de padres de familia de esos hombres y sugirió medidas de menor alcance.

– Pero, ¿no se le acusa de la matanza de Lidice?

– Sí, pero Hitler quería más sangre.

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Frick afirma que Himmler estuvo en su contra desde 1933, pero no me proporciona más detalle que el de que el jefe de la SS tenía una “enorme ansia de poder”.

– El Gobierno de Hitler, o por mejor decir, su política interna, funcionó bien en 1933. Acabó con el desempleo. Hitler consiguió muchas cosas mientras escuchó a sus consejeros. A partir del putsch de Röhm de 1934, Göring y Himmler se convirtieron en sus principales asesores.

– ¿Ha mantenido usted alguna vez una relación de amistad con Göring?

– No

Frick prosigue:frick-at-prison

– La falta de moderación de Hitler era un defecto. Era tan terco que sólo escuchaba a Bormann y a Himmler, y los dos eran criminales de la peor calaña. Ni siquiera volvió a recibir a sus ministros. Traté de dimitir porque la situación era imposible, pero Hitler se negó, me dijo que debía seguir en el Gobierno. La última vez que pude ver a Hitler fue en 1937. Durante la guerra, sólo le veía muy rara vez. Vivía muy cerca de él en Berlín, porque la residencia del ministro del Interior estaba ubicada en el Ministerio de Exteriores, que se encontraba al lado de la Cancillería. (…)

(Leon Goldensohn, Las Entrevistas de Núremberg, Taurus, 2008, pags. 82 a 87)