LAS ENTREVISTAS DE NÚREMBERG: WILHELM KEITEL

Posted on 24 septiembre, 2017

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27 de marzo de 1946

Ha comenzado hablando de su carrera militar. En 1901 ya era cadete aspirante a oficial. (…) El 1 de octubre de 1935, se convirtió, con el rango de mayor general, en jefe del departamento de la Wehrmacht del Ministerio de la Guerra. El 4 de febrero de 1938 fue designado jefe del Estado Mayor del Alto Mando de la Wehrmacht. El 1 de octubre de 1939 recibió el grado de general de infantería y, tras la derrota de Francia, el de mariscal de campo.

En abril de 1939, Hitler le concedió el emblema dorado del Partido con fecha 16 y 17 de marzo. El Führer dijo que era una recompensa por la invasión de Checoslovaquia. (…) Aunque en 1944 los soldados ya podían ingresar en el Partido, afirma que él no lo hizo, al menos que él sepa. Sin embargo, envió un donativo y sus datos para afiliarse.

Acompañó constantemente al Führer y asistió a muchas reuniones del Partido. Niega que estuviera presente en conferencias secretas de los dirigentes del Partido. De hecho, fue el propio Hitler quien le dijo que no asistiera.

No ha recibido ninguna condecoración, excepto la Cruz de Hierro, que obtuvo en 1939 o 1940.

Su actitud podría definirse en estos término

– Soy un soldado y durante cuarenta y cuatro años me he esforzado con el mismo afán por el Kaiser y por Ebert, Hindenburg y Hitler.

Como Göring, dese asumir “toda la responsabilidad”. Pretende admitir esa responsabilidad, si se hizo algo “mal”, antes que dejar que la asuman los comandantes con mando operativo en el frente.

– Creo que los soldados alemanes son buenos y honrados, y si hicieron algo mal fue debido a los imperativos militares.

Admite que hay directivas y órdenes firmadas por él que contravienen la legalidad internacional, particularmente las que se emitieron antes del ataque a Rusia. En su opinión, estaban justificadas desde un punto de vista ideológico. Hasta febrero de 1938, el comandante en jefe de la Wehrmacht era Werner von Blomberg; cuando dimitió, Hitler asumió su puesto. A partir de entonces, era Hitler quien daba las órdenes directamente al Ejército de Tierra, la Kriegsmarine y la Luftwaffe. Nadie dictaba órdenes con independencia de Hitler. Por supuesto, la actitud de Keitel es “yo las firmaba”, pero él las dictaba.

– Hitler deseaba que todo el poder y el mando residiera en sus manos, lo cual era algo que no podía hacer con Blomberg.

(…)

(…) En cuanto a las medidas antijudías, yo me esforcé por mantener al Ejército al margen del antisemitismo. Hitler decretó que los veteranos judíos de la I Guerra Mundial estaban a salvo, pero incluso esto acabó hecho trizas. ¿Qué podía hacer?

(…)

17 de mayo de 1946

– ¿Le parecía Hitler un demonio?

– Sí, era un hombre demoniaco. Poseía una fuerza de voluntad fuera de lo común y cuando algo se le metía en la cabeza, tenía que conseguirlo. Hitler tenía encanto, le gustaban los niños, gustaba a las mujeres, pero en política no se detenía ante nada. En otros aspectos, era un hombre amable y emotivo.

De igual modo que podía ser brutal en la consecución de sus ideas políticas, podía demostrar una gran sensibilidad ante los sentimientos de los demás, ante la vida humana considerada de modo individual. Al menos, ésa era mi impresión.

Sin embargo jamás oí ningún rumor sobre las atrocidades durante la guerra. Ni una palabra sobre la persecución y el asesinato de los judíos. Hitler era un gran psicólogo en ese sentido. Sabía que no podía pedir algo así a un caballero, a un oficial, que ni siquiera podía mencionarlo.

Con independencia de lo que dijera, Hitler siempre tenía una fina percepción del auditorio al que se dirigía. Hablaba, por ejemplo, de modo muy distinto a un grupo de oficiales que a un grupo de dirigentes del Partido, y lo que decía a unos y a otros, no lo repetía en Reichtag. Sus discursos siempre se adaptaban al sentir de las personas a quienes se dirigía en esa ocasión en particular.

(Leon Goldensohn, Las Entrevistas de Núremberg, Taurus, 2008, pags. 213 a 224)

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