LAS ENTREVISTAS DE NÚREMBERG: FRITZ SAUCKEL

Posted on 3 enero, 2019

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Sus clichés y lugares comunes son los mismos que en la posguerra hemos escuchado una y otra vez a los nazis de la prisión de Núremberg cuando racionalizan. La principal corriente  de pensamiento  que hoy ha mostrado  consta de los siguientes  elementos: 1 el nacionalsocialismo hizo una gran labor en Alemania hasta los últimos años de la guerra, cuando demasiados enemigos de Alemania se asociaron en su contra; 2 los excesos, las atrocidades, el exterminio llevados a cabo dentro y fuera de los campos de concentración eran totalmente desconocidas para un hombre digno como él, y podían ser atribuidas a Himmler, que parece que no era una buena persona; 3 las causas de la guerra hay que buscarlas en el Tratado de Versalles y en la crisis económica que asoló Alemania desde el final de la última guerra, (…). Hubo un boicot virtual contra Alemania; 4 el antisemitismo no correspondía al departamento de Sauckel y los especialistas en ese tema eran Rosenberg y Streicher, que durante casi toda su vida se habían dedicado a dicha cuestión; pero él, Sauckel, creía que la razón por la que surgió es que en Alemania había demasiados judíos en puestos prominentes, en las oficinas estatales, entre lso profesionales, en el mundo del espectáculo, de la radio y demás, Sauckel declaró que, en realidad no se persiguió a los judíos hasta finales de la guerra, quizá en 1942, y que, entonces, la persecución formaba parte de “una guerra psicológica” general, que ni él ni otros alemanes conocían y cuyo encargado era, otra vez, Himmler. La conciencia de Sauckel estaba limpia, y si tuviera que volver a empezar hubiera hecho lo mismo, porque todo lo que él había hecho era digno.

Era cierto que tuvo ajo su responsabilidad a cinco millones de trabajadores extranjeros, pero de éstos, dos millones eran voluntarios. Y Francia, que tenía su propio Gobierno (Vichy), envió a trabajadores franceses a Alemania, aunque “algunos” de ellos no eran voluntarios. De lso tres millones de trabajadores no voluntarios, “a todos se les trataba bien, tenían los mismo seguros que los trabajadores alemanes, y comían y vestían bien”. Todo eso será “demostrado con pruebas documentales en el juicio” cuando llegue el momento de su defensa. Por otro lado, ¿qué hubiera hecho usted, afirma, refiriéndose a mí, si su país estuviese en guerra y el bienestar de éste dependiera de la importación de trabajadores extranjeros? (…)

Ha subrayado lo mismo que ya le he oído a Ribbentrop, a Frank y a otros, que se alistó como voluntario en el Ejército (en el caso de Sauckel dijo: en la Marina) cuando estalló la guerra en 1939. Pero su solicitud fue rechazada. Se le encargó que se ocupara de la economía y del bienestar de Turingia y de las fronteras de dicha provincia. Entonces, inesperadamente, en 1942, recibió lo que otra vez ha dado en llamar “el nombramiento más difícil de mi carrera”, cuando le convocaron a Berlín par que se ocupara del “despliegue” de los trabajadores. Tuvo que “buscar puestos de trabajo para colocar a millones de trabajadores par que los dirigentes alemanes en guerra pudieran disponer en los distintos campos de la economía”. El Führer le dijo que tenía “que hacer su deber como soldado”. Ha insistido en que “tanto mediante órdenes escritas como verbales protegió los derechos y los intereses no sólo de los trabajadores alemanes sino también de los extranjeros”. Ha hablado de la “solidaridad del obrero europeo” y de ese tipo de cosas.

Le he preguntado si conocía los informes sobre los malos tratos que se dieron a la mano de obra esclava, sobre las familias que fueron separadas cruelmente en los países ocupados deportando a los que eran más válidos a Alemania para trabajar, sobre las personas que habían sido apresadas en teatros y en lugares públicos y habían sido enviadas sin conocimiento previo alguno a trabajar a Alemania. Su respuesta ha sido una evasiva.

¿Qué haría usted si el bienestar de su país dependiera del trabajo? Cuando un barco está en medio de una tormenta, necesita un capitán.

Ésa y otras conclusiones y evasivas, que no seguían un razonamiento lógico, son sus recursos una y otra vez, y su método para eludir las cuestiones morales y éticas.

(…)

¿Cuál era su actitud respecto a los judíos? ¿Era antisemita su familia? No, no recuerda ningún antisemitismo por parte de su padre. Posteriormente, su padre se hizo miembro del Partido y entonces, naturalmente, compartió las ideas del Partido respecto a la cuestión judía. Pero en el pasado, cuando Sauckel era niño, no recordaba ningún tipo de antisemitismo. Sin embargo, en general pensaba que la cuestión judía “había que solucionarla”, que incluso entre los propios judíos había sionistas que estaban de acuerdo en que los judíos eran una raza y que tenían que tener su propio territorio. Respecto al exterminio de los judíos, no estaba a favor y no supo de ninguna persecución de judíos en Turingia mientras él estuvo allí. Lo que pasó después, cuando se fue a Berlín en 1942, no lo sabía. Por supuesto que sabía que el campo de concentración de Buchenwald había estado allí en los primeros años, pero eso era “territorio de Himmler” y no suyo. Aunque Buchenwald estuviese en Turingia, no estaba bajo su jurisdicción.

(…)

“No tuve nada que ver con los campos de concentración, un área que estaba a cargo de Himmler. Había un ministro de trabajo, llamado Ley, cuya función es equivalente a la de John Lewis en Estados Unidos. Mi tarea consistía en colocar en las fábricas, o en los lugares donde había trabajos que hacer, a los prisioneros de guerra y a los trabajadores extranjeros. Yo no tue nada que ver con los castigos, los criminales ni nada de eso”.

(Leon Goldensohn, Las Entrevistas de Núremberg, Taurus, 2008, pags. 263 a 271)