LAS ENTREVISTAS DE NÚREMBERG: BALDUR VON SCHIRACH

Posted on 23 julio, 2019

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10 de marzo de 1946

Este domingo por la tarde he pasado varias horas con Baldur von Schirach. Ha estado como de costumbre agudo, retraído, muy educado y simpático. Se toma muy en serio a sí mismo, algo que es muy evidente por su porte y sus palabras.

Hoy hemos empezado charlando del asunto de las acusaciones contra las organizaciones. Schirach está totalmente en contra del procesamiento de una o de todas las organizaciones, por la misma razón que han dado los otros acusados.

– Si pones fuera de la ley a millones de personas, los conviertes en mártires. (…)

Es verdad que había cierto antisemitismo, también se hizo mucha propaganda respecto a que había que considerar inferiores a las naciones eslavas y a todas las demás naciones. Todo empezó con que los judíos no debían tener ningún poder. Pero algunos alemanes fueron muy lejos, como Streicher. Incluso Streicher no había manifestado diez años antes lo que manifestó diez años después. Al final, Himmler y Hitler dijeron que teníamos que suprimir a los judíos, y con la tendencia alemana al perfeccionismo, la exageración se tomó al pie de la letra.

Podría haber pasado en cualquier país si las condiciones hubieran sido las de Alemania: es decir, haber perdido una guerra, padecer el férreo Tratado de Versalles, el paro, las malas condiciones respecto a la vivienda y la escasez de alimentos.

Le he preguntado sobre el tema, algo delicado, de la deportación de los judíos de Viena. Shirach ha permanecido tan sereno y racional como siempre.

– Durante el caso de Seyss-Inquart, se mostró en la sala la correspondencia entre él y Himmler, respecto a la deportación de los judíos. Eso ocurrió mucho antes de que yo llegara. En un momento dado hubo hasta ciento noventa mil judíos en Viena, pero cuando llegué había sólo unos sesenta mil. Ésos son los hechos sin más. Hitler me dijo que quería echar a los judíos. Admito que cometí lo que se puede llamar un crimen, porque bajo mi égida se deportó a sesenta mil judíos, pero hay que señalar que eso ocurrió después de que se hubiera sacado de Viena a otros ciento treinta mil judíos.

El problema era que lo que yo pensaba y razonaba no era lo suficientemente profundo. Desde 1938 empecé a pensar que lo mejor era que los judíos se quedaran en Europa, fuera del alcance de Göbbels y sus ataques repentinos. Pensaba que llevar a los judíos a Polonia, donde podían vivir como el resto de los seres humanos, era un buena idea, o por lo menos mejor que tenerlos en Alemania, donde nunca sabrías lo que podría pasar. Cuando Göbbels daba un nuevo discurso, la gente destrozaba las tiendas de los judíos y se los llevaban a toda prisa a los campos de concentración, donde los mataba y todo lo demás. La expulsión de los judíos de Viena hay que recordar que la llevó a cabo la oficina especial de Heydrich, que tenía representantes en Viena. Creo que uno de sus delegados, que se llamaba Alois Brunner, fue juzgado y condenado a muerte por un tribunal austriaco unas semanas después.

Y ahora viene mi verdadera culpa. En una ocasión pronuncié un discurso  estúpido en el que dije: “He enviado a esos judíos hacia el este”, lo que parece una confesión pública de que lo estaba haciendo. Es difícil de explicar. Sin embargo, era parte de una acción iniciada por Himmler, aunque eso no la hace mejor. Si digo que tuve que introducir esa frase en mi discurso para calmar  a mis oponentes, no ofrezco una buena imagen del Partido, pero ésa es la verdad. Kaltenbrunner dijo que los nazis del oeste eran menos radicales, pero mi opinión es que los nazis de Austria eran más radicales. En Austria siempre me encontré con críticas que venían de abajo, acusaciones de que no estaba siendo lo suficientemente activo en poner en marcha las ideas nacionalsocialistas.

Estoy contando la historia completa tal y como es. Si en los próximos años tiene usted la oportunidad de hablar con gente decente de Viena que trabajó en el Partido, se lo confirmarán. Estaba en una difícil situación. Llegué a Austria cuando había grandes dificultades entre los austriacos y los alemanes. Tuve que calmar a la gente a la vez que tuve que calmar al violento Grupo Central del Partido Nazi Austriaco. En 1934 asesinaron al canciller austriaco Engelbert Dollfuss. Eran radicales y anarquistas y lo que siempre subrayaban era mi poca firmeza respecto a la cuestión judía.

Por eso siempre pensé que la idea de Hitler de sacar a los judíos de Viena era razonable porque ese grupo violento siempre provocaría conflictos. Y en ese discurso al que me refería hace un momento introduje esa frase, que ahora se vuelve en mi contra, para bajarles los humos  a esa gente que se  dedicaba a gritarme que yo no hacía nada contra los judíos. Si lee todos mis libros y discursos verá que en ningún caso hay nada relacionado con esa cuestión. En los veinte años anteriores a ese discurso nunca hice una declaración de ese tipo. Lamentablemente, en mi contrainterrogatorio no pude insistir en ese punto. Lo único que pude hacer fue declarar que era cierto que algunas canciones  como el “Horst Wessel” las cantaban los hombres de la SA y no tanto las Juventudes Nazis.

von-schirach-e1563894824525.jpgIntenté ser lo más sincero posible al respecto, porque me preocupaba mucho. La idea de que como consecuencia de la deportación de Viena de cincuenta mil o sesenta mil judíos que llevé a cabo seguramente murió gente, es algo que me resulta horrible. Realmente no tengo sentimiento de culpa por haberlos mandado salir, pero el discurso me identifica con ese sucio y criminal episodio. Ahora diría que, en cualquier caso, y sea cual sea la razón, la deportación de gente es algo terrible y criminal. Pero tiene que recordar que mi reacción a los hechos del 9 y 10 de noviembre de 1938 fue buena. Insto a que se diga a mi favor que mantuve a las Juventudes alejadas de todo ese trabajo sucio. Creo que es algo positivo a mi favor. Les prohibí participar en esas acciones. Yo siempre pensé que lo más crítico fue la promulgación de las leyes contra los judíos, y que no había ninguna posibilidad para los judíos de vivir con seguridad en Alemania después de la promulgación de esas leyes.

(Leon Goldensohn, Las Entrevistas de Núremberg, Taurus, 2008, pags. 300 a 311)

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