DAVID ROUSSET: L’UNIVERS CONCENTRATIONNAIRE (EL UNIVERSO CONCENTRACIONARIO)

DAVID ROUSSET L'UNIVERS CONCENTRATIONNAIREDedicaremos los próximos días a revisar este breve ensayo de David Rousset que he utilizado a modo de homenaje en la dirección de este blog. Fue su autor un hombre al que le definió su vocación política: resistente contra el nazismo, fue deportado a Buchenwald, de donde obtendrá su experiencia para relatarnos el universo concentracionario. En este sentido, fue uno de los primeros deportados que comprendió la importancia de relatar su vivencias en el campo de concentración para dejar constancia de esa otra realidad vivida en el Lager, un mundo aparte del que no teníamos hasta entonces noticias: “C’est un univers à part, totalement clos, étrange royaume d’une fatalité singulière. La profondeur des camps” (pag. 36). Esa precipitación en la necesidad de dejar constancia se percibe en su escritura, en su forma de contarnos anécdotas de la vida cotidiana del campo, las pequeñas miserias del día a día, como si temiera olvidar y que esas maldades, pequeñas o grandes, quedaran perdidas, sin castigo. Su estilo se vuelve entonces puntilloso, incidiendo en lo mezquino de la condición del hombre cautivo en la maquinaria del Lager que lo convierte más bien en víctima de una tragedia (“Walter est aujourd’hui un personnage shakespearien” pag. 43), describiendo las nacionalidades que encontramos en ese nuevo mundo y sus filosofías vitales. Junto a esos protagonistas anónimos, Kapos y prisioneros, resistentes y colaboradores, Rousset trata de sistematizar por primera vez la realidad del funcionamiento de la maquinaria de exterminio que fue la red de campos de concentración nazi (“Cette vie intense des camps a des lois et des raisons d’être” pag. 49), sus luchas internas entre políticos y criminales (“Les criminels sont indispensables à l’univers des camps; ils assurent la permanence des ruines psychologiques” pag. 70). Sus dependencias, su organigrama, el trabajo embrutecedor, los SS y su meticuloso orden para acabar con cualquier resistencia, con cualquier rasgo de humanidad. Más allá de la muerte del enemigo, el Lager está construido para la aniquilación psíquica de quien se ha atrevido a oponerse a los señores y deben por lo tanto expiar su culpa (“Les camps de concentration sont l’étonnante et complexe machine de l’expiation.” pag. 114).  El resultado para la mayor parte de prisioneros es la degeneración del sentido de humanidad, la conversión en bestias humanas basadas en el odio, la envidia, el robo y la delación. Sólo unos pocos son capaces de reforzar sus lazos, de mantenerse firmes, de luchar y resistir bajo el deseo de sabotaje a ese sistema.

El Universo concentracionario es una obra breve, pero concentrada, donde el lenguaje sobrepasa lo meramente histórico. Ese es uno de los grandes aciertos de Rousset que pertenece a esa categoría de escritores del Lager que han sabido trascender la mera descripción. Sus recursos son más bien poéticos, (metáforas, los epítetos imposibles…), llegando al humor y lo absurdo (“Les camps sont d’inspiration ubuesque” pag. 23) por cuanto sólo lo que va más allá del lenguaje cotidiano podría ser capaz de hacernos comprender lo que hay más allá de la realidad que conocemos, la verdad sobre el universo concentracionario.

Fragmentos del prefacio de Emile Copfermann:

“Nacido en 1912 en Roanne, en un medio familiar modesto de confesión protestante, filósofo de formación, David Rousset fue atraído muy pronto por la política a la que consagrará lo esencial de sus actividades. Socialista, después trotskista, participó del grupo de militantes que, desde el comienzo de los años 30, denuncian la amenaza nazi y el comunismo estalinista.

David Rousset actuando como guía para un soldado americano tras la liberación del campo de Woebbelin (Alemania), mayo de 1945. Fuente: USHMMDurante la guerra de 1939-1945, resistente, fue arrestado el 12 de octubre de 1943 por la Gestapo alemana, torturado y después deportado a Alemania, Porta, Westphalica, Neuengamme, a las minas de sal de Helmstedt y a Buchenwald. Este campo fue uno de los últimos en ser liberados, en abril de 1945, por las tropas americanas. En un estado casi cadavérico (perdió unos cincuenta kilos), fue repatriado a Paris afectado por el tifus y sufriendo una congestión pulmonar. Pero no es solo su estado físico inquietante. Al salir del tifus, mejorado en sus energías, David Rousset descubre que se encuentra amnésico. Ha olvidado todo. Ciertamente, se acuerda de haber sido internado en los campos nazis, pero los detalles se han borrado. Convaleciente en Saint-Jean-de-Monts, en La Vendée, su salud vuelve a fuerza de sobrealimentación. “Cogía casi un kilo por día, y poco a poco, mi memoria volvía”, contaba de una forma divertida. Cada día, una nueva franja de recuerdos reaparecía.

(…)

En Saint-Jean-de-Monts, instalado en el bosque, David Rousset acaba por rendirse ante los argumentos del comité de la revista que todavía le reclamaba su testimonio. Dicta en tres semanas a Sue, su mujer, un largo texto, El Universo Concentracionario, tan largo que La Revista internacional lo publica en tres entregas en diciembre de 1945, enero y febrero de 1946. El contenido rompe con lo que se había escrito hasta entonces.

En la inmediata posguerra, aquellos que no habían sido afectados directamente no podían imaginar la realidad de los campos de internamiento. Campos de prisioneros de guerra, campos de concentración y de trabajo obligatorio, campos de exterminio se confundían. Suscitaban, en general, un horror evidente propio de la repulsión que toda guerra provoca.

Es mérito de David Rousset sobrepasar esta aproximación, describir el primero, casi de manera clínica, en un estilo concentrado, directo, el sistema que regía el conjunto.

El Universo Concentracionario muestra, en efecto, que esta sociedad de excluidos, con los valores invertidos no es una consecuencia imprevista de la guerra, sino que surge de una concepción del orden social donde el asesinato, el robo, son moneda corriente, donde la organización del trabajo es un calco hasta el absurdo de la economía de cualquier empresa normal.

(…)

Rousset rompe con la mayor parte de las obras hasta entonces aparecidas en cuanto pone al desnudo la lógica concentracionaria. La máquina nazi aplica al dedillo las últimas consecuencias de su ideología inspiradora, aquella por la que los superhombres (los de la raza pura, los Arios), imponen su dominio a los subhombres (de las razas inferiores: Judíos, Gitanos, Eslavos, etc, o desviados de todo tipo: comunistas, socialistas, homosexuales…).

David Rousset muestra también como el espíritu de resistencia se convierte entonces en el combate de la Vida contra las fuerzas anti-Vida. Como los “políticos” tratan de resistir a los SS, a los de “derecho común”. Como, en una sociedad donde la lucha individual por la supervivencia es la moral oficial y justifica todas las cobardías, la solidaridad de grupo reintroduce lo humano: “Nunca hemos renunciado a luchar, nunca hemos blasfemado contra la vida”, escribe Rousset.

Prefacio de Emile Copfermann a L’Univers Concentrationnaire de David Rousset, Hachette, 2008, pags. 11 a 16.

Hemos utilizado para las entradas de este libro la edición francesa de Hachette. La traducción es propia.

David Rousset, L’univers concentrationnaire, Hachette, 2008.

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