IAN KERSHAW: HITLER, LOS ALEMANES Y LA SOLUCIÓN FINAL

KERSHAW HTILER LOS ALEMANESPor primera vez dedicamos esta página a una obra historiográfica, y no de literatura testimonial. Ian Kershaw obtuvo una notable celebridad mundial a finales del siglo pasado gracias a la publicación de una novedosa (y voluminosa) biografía de Hitler en dos volúmenes. El éxito fue enorme, aunque el tema parecía ya saturado en el mercado bibliográfico. El hecho es en sí más sorprendente si tenemos en cuenta que Kershaw partía en su formación académica desde la historia económica de la Edad Media. ¿Cómo pudo un medievalista interesarse en la historia contemporánea de Alemania y convertirse en un experto en Hitler y el régimen de terror del Tercer Reich? La respuesta es la misma que ha motivado la creación de esta página, y lo que ha motivado el que seleccionara esta obra para su análisis:“…y lo que en realidad más me intrigaba, y de un modo cada vez más acuciante, era cómo Alemania había sucumbido por completo a una dictadura que había provocado una guerra mundial y la, para las mentalidades racionales, la incomprensible persecución y exterminio de los judíos” (Kershaw: “Hitler, los alemanes y la Solución final”, pag. 18). Esa irracionalidad del régimen nazi, desarrollado en el seno de la supuestamente racional y científica Europa del siglo XX, es lo que todavía nos resulta imposible de explicar, y es una de las principales razones de ser de esta página y del interés que muchos de vosotros mostráis por ella. Todavía hoy nos preguntamos ¿cómo pudo ocurrir?

En realidad el libro de Kershaw es una recopilación de sus artículos más importantes publicados durante más de treinta años dedicados a la investigación sobre la Alemania nazi. El libro dispone de una extensa introducción, único texto inédito del libro, en el que el autor nos explica su evolución personal hacia los diferentes temas de investigación del nazismo. Su interés inicial en los años 70 por la reacción de la población alemana, sobre todo en Baviera, hacia la política de persecución y el exterminio de los judíos, cambió en la década posterior hacia el funcionamiento del régimen nazi en sus estructuras, para finalmente concluir en el análisis personal de Hitler como dictador carismático. Esta evolución tiene su reflejo, en cierta manera, en la estructura del libro. La primera parte, “Hitler y la Solución Final”se dedica a analizar el papel de Hitler en el exterminio judío, incidiendo en el debate entre quienes afirman el carácter “improvisado” de la Solución Final y quienes destacan la organización previa y el carácter premeditado de este proceso. Destacan artículos como “Trabajar para el Führer” en los que Kershaw expresa su visión de cómo fue la interpretación de la voluntad de Hitler por sus secuaces, y de cómo este deseo de “agradar”, trabajando para el Führer, llevó a los dirigentes locales en Polonia y en el este a “improvisar” medidas contra la población judía, con el beneplácito posterior de las altas jerarquías del régimen. En la segunda parte del libro “La opinión popular y los judíos en la Alemania nazi”, se recopilan los artículos referidos a la investigación inicial del autor sobre la actitud y el día a día de los alemanes ante la política racial nazi y la formación progresiva del “Mito del Führer”. En la última parte, “La Solución Final en la historiografía”, se revisan las interpretaciones sobre el genocidio nazi, así como la singularidad del régimen de Hitler con respecto al resto de dictaduras autoritarias. Un último capítulo hace referencia a la guerra y la violencia política caracterizadora del siglo XX.

Como ya hemos indicado, el primer Kershaw con su biografía sobre Hitlerpunto de interés del autor fue conocer cuál había sido la reacción cotidiana de la población alemana ante el exterminio, tratando de superar los datos difundidos por la propaganda oficial. En este sentido, el primer hecho que destacó Kershaw fue “lo poco que la persecución de los judíos parecía invadir la vida diaria de la mayoría de la población, y lo aparentemente limitado de su impacto sobre la opinión popular” (pag. 22). Únicamente en momentos puntuales como el boicot de 1933, la promulgación de las leyes de Nuremberg en 1935 y especialmente los pogromos de 1938, la persecución de los judíos pasó a ser tema fundamental de la opinión pública. ¿Cómo debía, por lo tanto, interpretarse el “grado de éxito” de las políticas nazis para infundir el odio hacia las razas inferiores, o por lo menos justificar las políticas raciales? Kershaw llegó a la conclusión de que “la consecuencia sobre la conformación de la opinión popular fue menos la creación de un odio dinámico que de una indiferencia letal” (pag. 23) Su opinión la llegó a expresar en una frase mas “popular” que tuvo gran relevancia dentro de la historiografía sobre el tema: “El odio fue lo que construyó el camino hacia Auschwitz, y la indiferencia lo que lo pavimentó” (pag. 23) Este concepto de indiferencia (“la mayoría de los alemanes tenía la cabeza ocupada en otros asuntos”, pag. 23) no fue del todo bien aceptada por gran parte de sus colegas historiadores.  Otros autores como Kulka hablaban más bien de “complicidad pasiva” de la población, mientras que Bankier se refería a la “insensibilidad moral”. Para Longerich la actitud más dominante no fue la del desinterés, sino la de la “ignorancia” como un modo de eludir cualquier responsabilidad (pags. 26 a 30). Kershaw se vio obligado a precisar, y en parte rectificar, su visión del “fracaso” al intentar infundir por las autoridades un “odio dinámico” en la población. Para él la población alemana se había diferenciado en “una minoría de proporciones considerables de antisemitas radicales, una minoría infinitamente más pequeña que desaprobaba la persecución y estaba dispuesta a ayudar a los judíos, y una gran proporción latentemente antisemita, pero pasivamente tolerante con la persecución más radical” (pag. 33, -subrayado nuestro-). Esta precisión se acercaba más a Kulka, quien seguía destacando el amplio consenso en Alemania sobre la política racial y la no necesidad de una posición activa por la mayoría de la población, pero con una aprobación tácita de lo que se estaba haciendo. Finalmente Kershaw llegaba a la conclusión de la imposibilidad de “determinar si la pasividad de la mayoría, reflejaba indiferencia moral, mala conciencia, anulación de un conocimiento incómodo, miedo a las consecuencias o una aprobación tácita de lo que se estaba haciendo” (pag. 35)

Otro de los asuntos en los que Kershaw se mostró más activo fue en el análisis sobre el sistema de funcionamiento del régimen nazi. Existen con respecto a este tema dos posturas encontradas y de difícil reconciliación. Por una parte, aquellos historiadores que inciden en el completo dominio de todos los mecanismos de poder por parte de Hitler, y que supondría por lo tanto, el completo control sobre la política de exterminio y su premeditada organización, y por otro lado, los que consideran al régimen nazi más bien como una estructura caótica construida desde la base y con un sistema de gobierno policrático, en el que Hitler, como cúspide, se mantendría alejado de las decisiones diarias, incluidas las primeras políticas de exterminio generalizado. A este debate se añadió en los años 80 la llamada “disputa de los historiadores” (Historikerstreit) que se centró sobre la singularidad del genocidio durante el régimen nazi. ¿Era posible tratar de forma desapasionada, racional y fría un tema como el del genocidio judío? ¿Hasta qué punto se podía hacer “historia” con el régimen nazi? Para una parte importante de la historiografía tradicional, destacando a los autores israelíes, el nazismo era una excepción en la historia, y el exterminio judío -el Holocausto-, no tenía equivalencia histórica. Para algunos jóvenes investigadores el nazismo podía tratarse como cualquier otro periodo histórico y por lo tanto el genocidio judío era un elemento más a tratar dentro de un aspecto científico, con “racionalidad fría, libre de toda emoción” (pag. 39) Las interpretaciones historiográficas se ampliaron tras la caída del muro de Berlín y la desaparición del régimen soviético, al abrirse los archivos de la URSS a los investigadores. Surgió entonces un proceso de comparación entre las dictaduras totalitarias -especialmente entre los regímenes capitaneados por Stalin y Hitler- para tratar de consensuar los elementos comunes y las diferencias.

En último lugar, destaca en el libro el análisis sobre la figura de Hitler y su interpretación como líder carismático, ideólogo y propagandista. El culto al Führer se basó en la “personificación de Hitler como empuje dinámico y revolucionario, inalcanzable sin guerra, y como apuesta colosal para obtener el poder mundial y exigir la salvación nacional a través de la purificación racial – un objetivo milenario que quedó institucionalizado en todas las facetas de la organización política del Tercer Reich” (pag. 55)

El libro concluye con una reflexión final sobre la expansión de la violencia política en el siglo XX: el potencial de planificación burocrática y los avances tecnológicos son un elemento fundamental en la proliferación de la violencia de estado, pero el factor decisivo fue “la naturaleza de un nuevo tipo de ideología, que, independientemente de sus diversas formas y expresiones, era absolutista en cuanto a su reivindicación de determinar quién debería tener el derecho a habitar la tierra en una hipotética utopía.” (pag. 56)

En definitiva nos encontramos con una obra fundamental para iniciar un análisis más profundo de lo que fue el genocidio nazi. En ella encontramos un resumen fundamental de las principales interpretaciones de la historiografía actual sobre temas como el carácter del régimen nazi, la personalidad de Hitler o la actitud de los alemanes ante el exterminio. Por otra parte Kershaw nos hace partícipe de su visión, muchas veces moderadora entre posiciones antagónicas, sin ocultarnos sus fallos y su evolución progresiva a lo largo de los treinta años de investigación.

IAN KERSHAW: Hitler, los alemanes y la Solución Final, La Esfera de los libros, 2009, 606 páginas.

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