JORGE SEMPRUN: LE GRAND VOYAGE (EL LARGO VIAJE)

le grand voyageComo un largo viaje. Así resume su experiencia concentracionaria el joven Jorge Semprun hacia el interior de Alemania. No sólo por la distancia recorrida -ese recuento interminable de días y de noches en el tren-, sino también por el abismo humano que se abre al ser amontonado en un vagón de ganado rumbo a lo desconocido. Un largo viaje en todos los sentidos, recorriendo paisajes evocadores -el Mosela, el corazón de Europa-, sufriendo la realidad presente del hacinamiento, recordando las experiencias vividas en la Resistencia y evocando acontecimientos que no sucederan hasta su llegada al campo o incluso tras la liberación. El largo viaje, al igual que el resto de las obras de Semprun sobre su experiencia concentracionaria en Buchenwald, es una amalgama de reflexiones, recuerdos y evocaciones, en la que no hay que olvidar el componente novelesco que el autor ha incluido. La invención está presente, pero sólo sirve para reafirmar o dar coherencia a lo que de otro modo podría parecer inconexo. No existió el muchacho de Semur, pero en él Semprun refleja la necesidad de contar con un aliado, con alguien en el que apoyarse en los duros momentos del transporte. Representa este joven una realidad distinta a la de Semprun, intelectual formado en las elites burguesas de la España de principios del XX: entre sus parientes se cuentan los Maura, semprun en 1940representantes por excelencia de la clase política del país, su padre era un intelectual republicano que llegó a ser gobernador civil. El muchacho de Semur es la esencia del pueblo, en su simpleza y nobleza de espíritu. Ambos se compaginan a la perfección, y en esa unión Semprun encuentra la representación de una forma harmoniosa de comprensión de la realidad que le rodea. La llegada al campo, la pérdida de su amigo, es por lo tanto la representación de lo que se ha dejado atrás, al traspasar los límites del lager.

El largo viaje, fue el gran éxito literario de Semprun con el que marcó en los años 60 su definitivo abandono de la actividad clandestina con el Partido Comunista de España (PCE) contra el régimen franquista para dedicarse de lleno a las letras. El conflicto abierto dentro del partido por su oposición a la dirección encabezada por Carrillo, le valió la expulsión junto a Fernando Claudín. Sus experiencias de esa época las dejó por escrito en la Autobiografía de Federico Sánchez (su nombre en la clandestinidad). La vida política la retomó en 1988 al ser nombrado ministro de cultura en España por el socialista Felipe Gónzalez. Tampoco esta etapa estuvo exenta de enfrentamientos políticos. Criticado su nombramiento por haber estado ausente durante décadas de España, su ministerio se vio empañado por el enfrentamiento personal con el vicepresidente Alfonso Guerra. Estas experiencias políticas nos hablan de la dificultad de Semprun para adaptarse, y adecuarse, al convencionalismo político dominante. Su “rebeldía” es fruto de ese espíritu libre que muestra en sus obras. Aparte de algunas novelas como La Algarabía o La Montaña Blanca, la mayor parte de su obra tuvo como centro de atención la experiencia en el campo de Buchenwald: La escritura o la vida, Aquel domingo, Adios luz de veranos, Viviré con su nombre, morirá con el mío… Todos ellos escritos en francés. Ninguna de esas obras alcanzó la fuerza emotiva de Le grand voyage (El largo viaje), quizás porque en ellas predomina una visión más reflexiva a partir de la experiencia vivida en el interior del campo, mientras que lo poético y emotivo marcan la línea de desarrollo de su primera obra. En El largo viaje no vamos a encontrar, como hemos visto en otros autores (Kertesz, Wiesel, Levi…) una línea expositiva clara y definida de la experiencia concentracionaria. No hay una secuenciación expositiva y lineal más allá de lo que marca el transcurso del viaje en tren hasta su llegada al campo. Sin embargo la fuerza emotiva convierta en una obra más convincente esta novela biográfica (o biografía novelada) que otros relatos meramente autobiográficos del exterminio nazi que sin embargo carecen de fuerza literaria. Semprun es literatura en la que la ficción se pone al servicio de la realidad. Pero hay que tener en cuenta esta parte no histórica para tomar con precaución el relato sin que salga perjudicado su historicismo. Más allá de la experiencia vital, Semprun nos conduce hacia una visión moral y vital sobre el hecho concentracionario. En este sentido es significativa la reflexión que se hace en el tren cuando contempla a los campesinos a través del alambre de espinos: Ellos están fuera, él está dentro. Esa es toda la realidad. Él podría estar fuera, pero ha elegido estar dentro. En esa elección reside la fuerza de la lucha por sobrevivir.

No podemos dejar el análisis de esta obra sin mencionar una cierta polémica que desde pjorge_semprun_paris_1970osiciones revisionistas de la historia de los campos de concentración, -y en concreto de la resistencia republicana española, sobre todo en Mauthausen, pero también en otros campos- existió desde el comienzo contra Semprun y el relato de su experiencia concentracionaria. Se le criticó duramente por su participación y colaboracionismo durante sus años de militancia comunista en las supuestas purgas y denuncias contra disidentes, e incluso se llegó a insinuar en que habría gozado de una supuesta posición privilegiada en el campo gracias a la organización del partido. Eso le habría valido la supervivencia frente al destino mayoritario de otros miles de republicanos españoles. Sean ciertas o no, estas sospechas no afectan al valor de la obra que aquí nos ocupa (lo que es exclusivamente nuestro objetivo, no entrar en agrias discusiones políticas). Lo único que cabría añadir es que, sin disculpar las conocidas prácticas de las formaciones comunistas europeas entre los años 40 y 70, la mayor parte de los republicanos españoles afiliados al PCE hicieron muestra tanto durante la Guerra Civil, como en su participación en la resistencia francesa y/o estancia en los campos de concentración, de una entereza moral y solidaria ejemplar, muy superior a la del resto de nacionalidades en el caso de los campos nazis. También diremos que la procedencia de los ataques desde fuentes poco fiables, e interesadas en el desprestigio de los resistentes y supervivientes, hace sospechar de estas acusaciones, teniendo un carácter partidista y no histórico.

Fue Francia la patria de acogida de nuestro autor hasta su muerte en 2011, y aunque como hemos visto no olvidó su raiz española (fue enterrado con la bandera republicana), será el francés el idioma que lo consagró como escritor. Por eso la selección de fragmentos que analizamos este mes tratan de aproximarse directamente a la obra en su original (lo que en otros autores no hemos podido hacer por desconocimiento de sus lenguas o por dificultades al acceder al original). Junto a cada uno de los textos seleccionados aparece su traducción al castellano.

Jorge Semprun, Le grand voyage, Éditions Gallimard, 1963.

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