KAZIMIERZ MOCZARKI: CONVERSACIONES CON UN VERDUGO

MOCZARSKISe dice habitualmente que la realidad supera con creces a la ficción. La historia de Kazimierz Moczarski parece así demostrarlo. Combatiente de la resistencia polaca durante la ocupación alemana, Moczarski fue encerrado en 1949 en la prisión de Mokotów (Varsovia) por las autoridades polacas de posguerra debido a su vinculación con movimientos democráticos contrarios al establecimiento de un régimen tutelado por la URSS. Cuál no sería su sorpresa al descubrir que debía compartir celda con un teniente de la policía nazi y con el teniente general de la SS-Waffen Jürgen Stroop, responsable entre otras acciones de la liquidación del gueto de Varsovia. La mayor paradoja residía en que Maczorski, dentro de las operaciones de inteligencia que había planeado durante la guerra, había elaborado un plan para atentar contra la vida de Stroop, plan que no pudo finalmente llevarse a cabo. Aprovechando las circunstancias, Moczaski ideó una estrategia para ganarse la confianza de Stroop y averiguar lo máximo posible sobre el camino que había conducido a Stroop al nazismo, su mentalidad y los hechos que había protagonizado. Esa extraña historia de tres presos unidos por el destino en las cárceles comunistas de Varsovia, sirvió a Moczarski para elaborar posteriormente estas Conversaciones con un verdugo, obra en la que hay un importante componente de elaboración posterior (como es inevitable pensar dado las circunstancias en las que se produjeron las conversaciones iniciales). Para su autor, indagar en la vida de Stroop se convierte en una obsesión. En el libro se muestra como le incita a hablar, unas veces atacándole, otras apelando a su orgullo, otras con la inestimable ayuda del tercer prisionero, el teniente de la policía Schielke, uno de tantos burócratas de apariencia nazi, pero que en la práctica se muestra como un superviviente nato, un hombre adaptado a la realidad de cada momento. Stroop va desgranando su vida, desde su infancia en un pequeño principado de la Alemania occidental, sus aspiraciones de grandeza, aunque su familia pertenecía a la baja burguesía, su desencanto tras la Gran Guerra, su aproximación al nazismo y su ascenso dentro del aparato del partido. Stroop, al igual que otros criminales de guerra, trata en todo momento de justificarse. Es en esas ocasiones, cuando se le incita con ironías o con alusiones veladas, cuando Stroop está dispuesto a insistir en su inocencia, contando con detalle las operaciones en las que participó, sus contactos con los máximos dignatarios del régimen, y su conocimiento sobre la Solución Final, tema que trata siempre con gran cautela, y ante el que aparece siempre reacio a colaborar. En definitiva, Moczarski se enfrenta, tal como señalaría Hannah Arendt en su Eichmann en Jerusalén, ante la construcción de una personalidad débil e influenciable, ambiciosa e incapaz de imponer ningún tipo de cortapisa moral a su deseo de medrar. CONVERSACIONES CON UN VERDUGOEsa incapacidad de dilucidar entre el bien y el mal, los límites de lo aceptable para el ser humano, es lo que Arendt llamó la banalidad del mal: asumir como normal o cotidiano el dolor ajeno, entendido como una obligación impuesta desde estancias superiores ante las que no se puede reaccionar. De este modo, aquellos que participan del exterminio, se convierten ante su mirada, en meros instrumentos sustituibles -otros habrían hecho lo mismo si ellos se hubieran negado-, o incluso en víctimas del sistema que los utilizó arrollando su capacidad de iniciativa personal. Por lo menos así pretenden hacerlo creer ante la historia.

La obra de Moczarski se lee con gran interés tanto por la buena redacción como por lo significativo del ejemplo de Stroop para comprender la historia del nazismo. En sus páginas podemos intuir la desolación de quien ha luchado, está entre los vencedores, pero no ha vencido. Prisionero de sus propios compatriotas Moczarski debe convivir todos los días con uno de los principales asesinos de su pueblo. Se le rebaja a él a lo más ínfimo moralmente, equiparándolo como prisionero a aquellos a los que ha combatido. ¿Puede haber algún tipo más sutil de tortura que ésta? Sobre todo cuando el enemigo de la patria es tratado con privilegios (mejores comidas, paseos, correspondencia, ausencia de torturas físicas…) A éstas últimas él no se podrá sustraer día tras día durante varios años. Moczarski hace de estas conversaciones su razón de ser en sus ocho meses de cárcel compartida con Stroop, y en cierta manera, deja patente lo absurdo y perverso de la lógica carcelaria que puede llevar a convertir en camaradas de celda al verdugo y a la víctima.

Kazimierz Moczarski, Conversaciones con un verdugo. En la celda del teniente general de la SS Jürgen Stroop, Alba Editorial, 2008, 467 pags.

Para ver todas las entradas de este libro: CONVERSACIONES CON UN VERDUGO

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