SEWERYNA SZMAGLEWSKA: UNA MUJER EN BIRKENAU

SEWERYNA SZMAGLEWSKADesde su publicación en 1946, Una mujer en Birkenau, se convirtió en todo un referente para desentrañar la naturaleza del universo concentracionario, lo que le valió  ser admitida como prueba por los tribunales de Nurenberg en los juicios por crímenes de guerra. Quizás lo que nos extrañe de esta obra es su carácter sosegado y tranquilo, un cierto aire melancólico de evocación sobre los recuerdos penosos de su protagonista en los que está ausente cualquier atisbo de odio o de exaltación. Si comparamos su lectura con otras obras similares de personas que pasaron por una experiencia pareja, -sería el caso de Tadeusz Borowski y su Nuestro hogar es Auschwitz– se hace más clara la lejanía en cuanto a la forma de tratar la experiencia carcelaria. Tanto Borowski como Szmaglewska pertenecían a la joven intelectualidad polaca -no judía- de entreguerras, ambos colaboran con la resistencia y son enviados a Auschwitz, donde son testigos y experimentan, toda la barbarie del proceso de exterminio humano. Sin embargo, parece que en ambos el resultado sea distinto. Si en Borowski veíamos un desengaño atroz con respecto al mundo -ese mundo de piedra inconmovible- y la naturaleza humana, lo que obligaba al autor a intentar sobrevivir refugiándose en un humor ácido que acababa corroyendo al superviviente hasta provocar su suicidio, enSeweryna Szmaglewska, Una mujer en Birkenau, Alba Editores, 2006 Una mujer en Birkenau, asistimos a una sucesión de historias en las que parece mucho más importante aquello que nos salva como personas que lo que condena a la humanidad. Efectivamente, en los capítulos del libro desfilan toda una serie de personajes benévolos, prisioneras en su mayor parte, en los que sentimos reflejados la angustia y esperanzas de todo el universo concentracionario. Es en ellas y no en los actos de crueldad, en los que acaba recayendo el peso de la narración, de tal manera que al final parece que la vida cotidiana en el lager, el trabajo, los kapos, no sean más que decorado de la expresión de los sentimientos vividos en aquellos días. La evocación de un prado en primavera, o el deseo de atravesar la alambrada para unirse a la naturaleza libre, parecen arrebatar el protagonismo a la cámara de gas y el horno. Sin embargo, no es un relato que olvide la realidad del lager. Siempre por encima de ese paisaje de ansiada libertad parece deslizarse el inconfundible signo del humo del crematorio. Quizás fuera esta visión particular de lo vivido lo que salvó a Szmaglewska de perecer bajo el peso de la experiencia concentracionaria. Hasta su muerte en 1992 continuó escribiendo sobre todo para jóvenes tratando de hacer comprender lo que fue la experiencia en el campo de concentración. Para nosotros, Una mujer en Birkenau, es una forma de aproximarnos delicadamente al universo de los campos de concentración nazis. Quizás sea una narración aconsejable para aquellas personas que puedan sentirse heridas ante relatos más duros como los de Primo Levi o Elie Wiesel y quieran introducirse lentamente en la literatura del lager. Para los veteranos, no dejará de ser un relato emotivo y poético, una forma distinta de ver el universo concentracionario.

SEWERYNA SZAMAGLEWSKA: Una mujer en Birkenau, Alba Editores, 2006, 405 pags.

PARA VER TODAS LAS ENTRADAS DE ESTE LIBRO: UNA MUJER EN BIRKENAU

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