VIKTOR E. FRANKL: EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO

Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido, Herder, 1991“Un psicólogo en un campo de concentración”. Con esta frase comienza el doctor Victor Frankl la breve obra en la que nos cuenta sus experiencias en el universo concentracionario durante la Segunda Guerra Mundial. Tal y como él mismo nos advierte al comienzo del libro “no se trata, por lo tanto, de un relato de hechos y sucesos, sino de experiencias personales”, (pag. 12) y las enfoca no desde la perspectiva de dar testimonio de los horrores cometidos en los campos, de eso ya dan debida cuenta otros autores, Frankl se preocupa desde una perspectiva profesional de las motivaciones que llevaron a los hombres a luchar por su supervivencia o a dejarse abandonar, a soportar el sufrimiento diario de la existencia en el campo con heroísmo o resignación, o a buscar la escapatoria a través del suicidio. La pregunta desde la que parte es “¿cómo incidía la vida diaria de un campo de concentración en la mente del prisionero medio?”. Pero también hay espacio para los criminales y su mentalidad, analizando los comportamientos sádicos de algunos carceleros, pero también el de aquellos otros que parecían superados por la realidad del campo y no supieron como plasmar su resistencia. Todo ello siguiendo más que un orden cronológico, un análisis clínico de las diferentes reacciones y estados de ánimo de los prisioneros del lager. La llegada al campo, la selección, la explotación del trabajo, los momentos de permanencia en el barracón, etc. todo ello sirve al psiquiatra para poder exponer la multitud de pequeñas anécdotas que le sirvieron para conformar una psicología del universo concentracionario. Podemos incluso establecer que esta fue la estrategia seguida por el propio Frankl para sobrevivir. Después de haber perdido a casi toda su familia, incluida su esposa, en los campos de concentración, sin ninguna seguridad sobre el futuro debido a su limitada capacidad física, el análisis humano desde su perspectiva profesional se convirtió en el único salvavidas para seguir luchando por sobrevivir. De toda esa experiencia acumulada de forma tan intensa durante su confinamiento, Frankl extraerá una enseñanza vital que conformará su principal teoría psiquiátrica en los siguientes años a su liberación: es la llamada “tercera escuela de Viena” o Logoterapia, como la define el propio Frankl. A diferencia del psicoanálisis de Freud, Frankl se centra no en el pasado y el subconsciente, sino en el futuro del paciente. Una de las cuestiones que plantea como logoterapeuta cuando el paciente le indica todos los problemas o catástrofes que le han llevado a la depresión, es la de por qué no se suicida. Ante esa pregunta el paciente empieza a reflexionar sobre lo que le ata al mundo, familia, esperanzas profesionales, sentido del humor, resignación religiosa, etc. A partir de este punto, la expectativa sobre el futuro, sobre la experiencia de vivir y la capacidad de asumir el sufrimiento, se convierten en los motores para reconstruir la personalidad de aquellos que se han visto rotos por el dolor o el fracaso. ¿Quién mejor que un superviviente del lager para mostrar como la desesperación puede ser superada incluso en las condiciones más extremas?.

VIKTOR FRANKLLa breve obra de Frankl se presenta en estas dos partes claramente diferenciadas, su experiencia en el lager, y los conceptos básicos de la logoterapia. Es una obra simple y directa que puede  ser útil para el conocedor del universo concentracionario, aunque quizás no sirve tanto para el neófito. Frankl es testigo y científico al mismo tiempo, trata de mostrar una actitud neutra aunque como él indica “únicamente el que ha estado dentro sabe lo que pasó, aunque sus juicios tal vez no sean del todo objetivos y sus estimaciones sean quizá desproporcionadas al faltarle ese distanciamiento”. (pag. 16) En la misma página confiesa que trató de escribir el libro de forma anónima, sólo con su número de prisionero, por su “aversión al exhibicionismo”. Finalmente renunció a ello por mor de la veracidad del relato: era necesario hacer comprender aunque “no nos gusta hablar de nuestras experiencias. Los que estuvieron dentro no necesitan de estas explicaciones y los demás no entenderían ni cómo nos sentimos entonces ni cómo nos sentimos ahora” (pag. 16).

Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido, Herder, 1991, 137 pags.

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