VIVIEN SPITZ: DOCTORES DEL INFIERNO

“Considero culpable de alta traición a quienes, todavía hoy, rechazan estos experimentos con humanos y que en cambio estarían dispuestos a permitir que recios soldados alemanes murieran como resultado de estos métodos”. Carta de Heinrich Himmler al doctor Sigmund Rascher el 24 de octubre de 1942 en referencia a los doctores y auxiliares que, alegando motivos morales, se negaban a participar en los experimentos médicos (SPITZ, Vivien: Doctores del Infierno, Tempus, 2009, pag. 136)

Entre octubre de 1946 y abril de 1949 se desarrollaron en Nuremberg, a instancias de las autoridades norteamericanas, doce juicios contra dirigentes del partido nazi, de la industria alemana, jueces y otros alemanes relacionados con los crímenes del nazismo. Entre ellos figuraban 23 personas, entre doctores y auxiliares clínicos, considerados responsables de los experimentos médicos desarrollados en los campos de concentración. Entre el personal enviado desde EEUU figuraba una joven, Vivien Spitz, que con apenas veinte años se convirtió en la taquígrafa más joven en participar en los procesos de Nuremberg. Como testigo de los documentos y testimonios recogidos en el juicio, quedó profundamente marcada por esta experiencia, de tal manera que años más tarde decidió comunicar a toda la sociedad su experiencia en ese juicio, poniendo por escrito lo más relevante del mismo. De esta manera surge en 2005 Doctors from Hell, una obra entre lo autobiográfico y lo testimonial.

No hay duda de que la experiencia de los juicios de Nuremberg debió dejar una profunda huella en una joven de veinte años que dejaba por primera vez los Estados Unidos para viajar a una Alemania destruida y participar en lo que ya a ella le debió de parecer un juicio histórico. Sin embargo, pasaron los años, Spitz regresó a EEUU y obtuvo una plaza como taquígrafa de la Cámara de Representantes. El genocidio y los experimentos quedaron relegados a sus pesadillas. No fue hasta los años 80 en los que volvió a aparecer el exterminio nazi en su vida. Frente a posiciones revisionistas y negacionistas, Spitz se mostró en todo punto muy crítica y decidió consagrar su tiempo a la difusión de su experiencia en los juicios.

El libro de Vivien Spitz comienza, tras la dedicatoria y un recuerdo del juramento hipocrático de los médicos, con un prefacio de Elie Wiesel, refundido utilizado por el autor en otras obras, y en el que podemos encontrar alguna reflexión interesante sobre la historia reciente (“¿Y cómo pueden justificarse las vergonzosas torturas que recientemente han sufrido prisioneros musulmanes a manos de soldados americanos? ¿Acaso las condiciones carcelarias en Irak no deberían haber sido condenadas a la par por juristas y médicos militares?, pag. 25). Le sigue un prólogo del doctor  Fredrick R. Abrams en el que también nos sorprende la vinculación que el autor realiza entre la política racial nazi y la legislación norteamericana en materia de eugenesia y experimentación médica anteriores a la abolición de la esclavitud (“…los nazis basaron gran parte de su ideología racial en ideas procedentes de América.” pag. 32).  En los tres primeros capítulos del libro, la autora nos refiere una serie de datos biográficos sobre cómo se vio involucrada en los Juicios de Nuremberg, su viaje a Alemania y sus dificultades para instalarse en la destruida capital sentimental del nazismo durante la posguerra.  A partir del capítulo cuarto nos pasa a relatar el llamado Caso Médico, el primero de los doce procesos posteriores al juicio contra los principales dirigentes y criminales nazis. Primero nos introduce en las circunstancias generales del juicio contra Karl Brandt y los otros médicos, los cargos a los que se enfrentaban, ahonda en detalles como los miembros del tribunal o la acusación dirigida por el general Taylor. Entre los capítulos 5 a 20 hace referencia a los testimonios sobre los experimentos médicos nazis en sus diferentes facetas: experimentos con altitudes elevadas, de congelación, con malaria, de transplantes, con gas mostaza, con sulfanilamida, con agua marina, con hepatitis, esterilización, tifus, veneno, bombas incendiarias, edemas y fenol, o eutanasia, junto a algunas referencias autobiográficas de su estancia en Alemania. Los últimos capítulos se dedican a reflexiones sobre la ética médica, las sentencias del juicio, la lucha contra el negacionismo y otros datos biográficos de la autora.

En definitiva, en Doctores del Infierno encontramos una obra repleta de testimonios ejemplificadores de lo que fue la actitud de desprecio de las autoridades nazis hacia la vida y su dignidad, así como una reflexión profunda sobre los límites éticos de la actuación médica y la obligación moral de luchar contra los abusos que en nombre de la ciencia pueden darse. El libro es en sí difícil de asimilar por la dureza y crueldad de los testimonios, y no es por lo tanto recomendable para almas sensibles y poco preparadas. A mí, personalmente, la obra me ha supuesto pasar largos momentos de reflexión, pero no sobre los experimentos en sí, de los que ya sabíamos por otras fuentes. He pasado tiempo mirando las fotografías de la veintena de médicos y auxiliares acusados en el proceso y que muy acertadamente el libro incluye entre sus páginas. Pocos rostros reflejan la dureza de carácter de un criminal, un sádico embriagado de odio. La mayor parte de ellos me evocan a jóvenes brillantes, o profesores que podrían haber pertenecido a cualquier universidad europea. Su aire intelectual, acentuado por las gafas, el pelo canoso de algunos, les confiere un presencia serena y aséptica que otorga a la experiencia dramática de los experimentos un carácter más tétrico. En definitiva, esos rostros evocan al monstruo en el que el mal queda de manifiesto en la ausencia de conciencia.

PARA CONSULTAR FRAGMENTOS DE ESTA OBRA: DOCTORES DEL INFIERNO

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One Response “VIVIEN SPITZ: DOCTORES DEL INFIERNO” →

  1. Erika García

    29 octubre, 2013

    estoy empezando a leer éste libro que lo compré hace casi un año, bueno aún no lo leía debido a que estaba leyendo otros, entre ellos el Joven Hitler que conocí de August Kubizek y ahora continúo con éste, me gusta la historia y creo que en Europa hay demasiada, espero mucho de éste libro para poder saber más por cultura general.

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